ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
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El espionaje industrial de Hollywood sigue funcionando a las mil maravillas. ¿Blancanieves a más de setenta años del clásico de Walt Disney y con alguna que otra versión fílmica a lo largo del camino?

¡Averigüen, que hay gato encerrado detrás del interés!, tronó la alarma en los estudios. E investigadores y sociólogos de otras casas productoras averiguaron que, efectivamente, había una audiencia presta a recibir a una nueva Blancanieves, siempre y cuando se asumiera la empresa con mayor complejidad dramática y de argumento, y bajo el manto de una tecnología capaz de concebir escenarios y efectos especiales inimaginables.

Ya se han visto dos películas, casi una detrás de la otra, y falta la tercera, según se dice, en blanco y negro y con pocos diálogos.

El reto consiste en no perder el rastro fabulador de la historia concebida por los hermanos Grimm y acuñada por Disney en 1937.

La cinta que ahora está en cines de estrenos vio la luz este mismo año y es el debut de un exitoso publicista, Rupert Sanders, quien a decir verdad sale bastante bien parado con esta versión de oscura fantasía medieval que tiene en el diseño visual su mayor encanto. Escenarios tenebrosos en los que se impone la presencia de una actriz sin una sola mancha en el expediente, Charlize Theron, como la reina malvada a quien el espejo mágico ––que no es un mero espejito–– revela un día que hay una joven más bella que ella.

Revelación falsa por cuanto la actriz que da vida a Blancanieves, Kristen Stewart (Crepúsculo) no solo se queda corta en encantos, sino que a ratos da la sensación de extraviar en el bosque el personaje que está asumiendo. Sin duda no es la mejor Blancanieves, pero en una producción tan costosa había que apoyarse en ganchos de taquilla, en especial para atraer al espectador joven, y la muchacha consolidó un fuerte arrastre tras la saga de vampiros.

En sentido general, las actuaciones no son lo mejor del filme, con excepción de la fabulosa Charlize Theron, ¡ella es la película!, no obstante mínimas críticas leídas que le han reprochado "un poquito" de sobreactuación, sin tener en cuenta que una reina malvada y prendida a sus afanes de juventud recuperable solo mediante la hechicería, tenía que ser rotunda y altisonante, tal como la Theron borda el personaje.

El director Sanders hace cambios en el argumento y en la concepción del príncipe y el cazador, con los cuales logra sorprender, y por ser sorpresa, nada se puede revelar aquí. Película más de aventura que de terror ––a no ser que se salte del Blancanieves aséptico de Disney a este sin acumular experiencias en otros filmes medianamente siniestros–– la historia de Sanders permite apreciar imprecisiones en el guion y hasta algún que otro ritmo vacilante, pero en sentido general se ve con agrado, tanto por los niños como por los adultos.

Niños mayores de 12 años que, como unos cuantos de los asistentes este último domingo a la primera función del cine Yara, necesitarían saber que al cine no se va a mortificar, y si se mortifica, pues una o dos llamadas de atención por parte de los responsables de la sala y después a refrescar un rato afuera, como en mis tiempos del Majestic.

 

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