En un rapto, la risa

MADELEINE SAUTIÉ RODRÍGUEZ

La tertulia Miércoles de Sonrisas, que dirige la narradora y crítica Laidi Fernández de Juan, y tiene lugar en el Centro Dulce María Loynaz, escogió para celebrar su primer aniversario al escritor Abel Prieto Jiménez, quien habló de esas situaciones hilarantes que abundan en su obra y ponen al lector a pensar en serio, incluso cuando con ellas se muera de la risa.

Foto: Ismael BatistaAbel y Laidi en la tertulia sobre el humor literario.

El escritor llegó a la sala atiborrada de un público que, más que sonreír, rió hasta más no poder, no solo con las ocurrencias registradas en el catálogo de sus títulos, sino con las que espontáneamente afloraron de las situaciones en que lo puso la anfitriona, cuyas palabras de presentación, donde lo definió como "ejemplo de hombre seriamente humorístico", tuvieron también ese carácter jocoso propio de la velada.

Este ser "dotado de un desbordante sentido del humor", lo cual le ha valido para recrear el tema —o la herramienta— en cuestión en su literatura, dotada de un peculiar y cubanísimo uso de la lengua, vertebró su intervención allí, fundamentalmente, a partir de "un ensayito que hice en el 95, estando en la UNEAC", en un contexto de situaciones económicas muy difíciles donde, sin embargo, experimentó una especie de "salvación" al cavilar sobre la fortaleza ideológica y espiritual del cubano, capaz de crear en esas circunstancias chistes sobre aquellos momentos críticos del periodo especial, como consecuencia de la destrucción del campo socialista.

Concebido "como en un rapto" en dos meses, el opúsculo titulado El humor de Misha, la crisis del socialismo real en el chiste político, pretendió explicar el derrumbe de aquel sistema a partir de los chistes que se hacían en esos países, "que a veces comparaba con los cuentos nuestros (sobre la libreta de abastecimiento o la escasez de los productos... ), pero donde no existía la oscura carga de resentimiento ni la bilis que había en esos otros a los que me estaba refiriendo en el escrito".

"No eran cuentos de Pepito, eran cuentos tremendos. En los cubanos no hay un solo chiste que aluda a la Revolución, ni a delaciones ni a presos de conciencia, ni a personajes escindidos, más bien apuntan a las carencias o a la emigración de forma benevolente, perdonadora, sin rencor ni hiel."

En un segundo momento tuvo el público la oportunidad de indagar sobre sus próximas facturas, tras haber visto la luz recientemente su novela Viajes de Miguel Luna, de más de 500 páginas, con cuya "astronómica" cifra —asegura el autor— sufrió mucho:

"Será una noveleta —aclara— sobre el primer detective cuentapropista cubano, un Sherlock Holmes ñato y con cachimba que me contrata a mí, con mi propio nombre, para que yo sea su Watson: ‘Me hace falta tu experiencia burocrática y literaria para que después cuentes nuestras hazañas’, me pide el tipo jubilado que me contrata en la Cuba actual".

"Dicen que contar las cosas antes de tiempo da mala suerte —comentó riendo a mares—, pero bueno, ya está hecho, así que recen por mí."

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir