Embrujada por el tango

Ricardo Alonso Venereo

Foto: Juvenal Balán"El tango es vida y estoy embrujada por él", le dijo al público, entre emocionada y nerviosa, la cantautora Liuba María Hevia, quien el pasado sábado estrenó, en un concierto en el capitalino Teatro Mella, los temas de su más reciente producción discográfica titulada Naranjo en flor, que acaba de ser publicada por el sello La Ceiba, de la Oficina del Historiador de La Habana.

Así, sobre el escenario, con el respaldo de jóvenes actores de la Escuela Nacional de Arte, del grupo de Teatro El Público e integrantes de Danza Teatro y de Danza Contemporánea de Cuba, en una pantalla, con coreografía de su hermano Pepe Hevia, en una puesta teatral que precisamente le dedicó a ese género, Liuba desgranó viejos y nuevos tangos, en una noche que aseguró fue de las más felices de su vida.

La artista, quien siempre hizo tangos desde su juventud y solo hasta hoy pudo materializar su sueño, compartió su felicidad con músicos de su grupo y con varios invitados, algunos muy especiales para ella.

Siempre conversando con el público, en esa forma tan coloquial que la identifica y que el propio auditorio agradece, presentó en el arpa a la joven Anaisa Núñez; en el piano a Miguel Ángel de Armas Junior, ganador del Premio Jojazz, al violinista Ariel Sarduy, y al chelista, Alejandro Rodríguez, ambos de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba; a la guitarrista Rosa Matos; a su maestro, el pianista Juanito Espinosa, y a dos grandes actores de la escena cubana: Broselianda Hernández y Osvaldo Doimeadiós.

Junto a Espinosa, Liuba hizo Qué tango hay que cantar, de Rubén Juárez y Cacho Castaño, y recordó su paso por la Casa del Tango y primeros años de estudio. Con Doimeadiós llegó el éxtasis en Balada para un loco, de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer, mientras que con Broselianda selló una actuación más que memorable, todo un torbellino de sensibilidades y emociones al compartir el tema Los mareados, de Enrique Domingo Cadicamo y Juan Carlos Cobián.

Fue un recorrido que la artista emprendió para dejar una huella imborrable en los ojos y la memoria de quienes asistimos a su acto espiritual de dejarse embrujar por el tango, por las canciones de Carlos Gardel y Alfredo Lepera, de quienes no faltaron Volver, Sus ojos se cerraron y El día que me quieras; de Catulo Castillo y Héctor Stamponi, El último café; de María Elena Walsh y Eladia Blázquez, de quienes interpretó El 45 y A un semejante, respectivamente; de Enrique Santos Discépolo, en Cambalache, y de los hermanos Homero y Virgilio Hugo Expósito, Naranjo en flor, entre otros.

 

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