La sequía ciega el río Mississippi

El Mississippi está casi sin agua y con la brusca caída del nivel comienzan las restricciones al tráfico de embarcaciones en el mayor río de EE.UU., una de sus arterias comerciales. Es el efecto más visible de la grave sequía que azota este verano al país y que tiene secas como piedras el 78 % de las tierras de cultivo de cereal, con el consiguiente efecto para el precio de los alimentos.

Foto: AP Una draga retira tierra del lecho fluvial cerca de Memphis.

El bloqueo del tráfico fluvial se hizo el lunes para que el servicio de guardacostas pudiera medir la profundidad y poner nuevos marcadores que permitan a los navíos circular sin riesgo de encallar. Un centenar de embarcaciones se han visto afectadas, esperando a que se abriera el paso a la altura de Greenville, donde el agua está a un nivel que no se veía desde 1998.

El Cuerpo de Ingenieros de la armada, entre tanto, ya retira tierra del fondo con el fin de habilitar la profundidad necesaria para que pueda seguir siendo navegable. Por ese canal transitan las barcazas que transportan materias primas como carbón y productos agrícolas desde el centro del país hacia el golfo de México. Si se pierde el río, el efecto es como el de cerrar una autopista interestatal.

Los cultivos de soja y trigo necesitan con urgencia la lluvia; los de maíz ya sufren daños irreversibles.

Se trata de la mayor sequía que sufre EE.UU. desde 1956. Empezó en el medio oeste y la mancha roja de los mapas que distribuye el Departamento de Agricultura se hace cada vez más intensa y cubre ya más de la mitad de los condados. El primer efecto se notó en las plantaciones de maíz. La falta de agua afectó al proceso de polinización del cereal, lo que provocó daños irreversibles.

Ahora lo que está en peligro son la soja y el trigo, que necesitan con urgencia de las lluvias. Eso explica los precios récord en los mercados mundiales de derivados y la preocupación creciente tanto de las Naciones Unidas como del Banco Mundial por su impacto en la cadena de suministro de alimentos con origen en EE.UU. hacia países importadores de cereal más vulnerables.

El pasado julio ha sido el más caluroso desde que se iniciaron los registros de temperaturas. Los precios para las entregas de maíz ya estaban ese mes al doble de lo que se pagaba hace cuatro años, cuando la última crisis alimentaria inició su espiral e hizo temblar a los países asiáticos y africanos. Rusia ya se está planteando limitar sus exportaciones para cubrir la demanda interna.

EE.UU. es el mayor productor mundial tanto de maíz como de soja. La sequía va a provocar que la producción del cereal se sitúe este año en su nivel más bajo desde el 2006. En el caso del trigo, es el tercer mayor exportador del mundo, pero el valor nutricional de este es mucho mayor que el del maíz, lo que crea mayores problemas para los países que dependen de esta materia prima.

Si las lluvias no llegan pronto, el impacto económico de la sequía puede también trastocar la campaña a las presidenciales de noviembre. La Casa Blanca asegura a los agricultores y ganaderos afectados que se movilizarán recursos para ayudarlos. Pero las arcas públicas en EE.UU. también están secas por la abultada deuda que arrastra la nación, que supera su Producto Interior Bruto.

Para complicar aún más las cosas, la sequía se cuela también en el debate sobre la dependencia energética de EE.UU. Los productores de carne, como también hizo días atrás la ONU, piden a Washington que reduzca la cuota del cereal destinado a la producción de etanol para así reducir la presión en el precio de los alimentos. La industria cree que esta medida no tendrá un gran efecto. (Tomado de www.iberoamerica.net)

 

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