Día Mundial de la Población

Desafíos y oportunidades de ser más de 7 mil millones

SHEYLA DELGADO GUERRA

Cuando el 31 de octubre del pasado año se dio a conocer la noticia de que éramos 7 mil millones de personas en la Tierra, cifra que se ha incrementado en lo que va del 2012, el hito de ese crecimiento demográfico colocó sobre la mesa de debate una importante reflexión: ¿Qué representa vivir en un planeta con más de 7 mil millones de habitantes?

El crecimiento de la población mundial, a la vez que ofrece nuevas oportunidades, nos obliga a repensar el hoy.

Precisamente cuando celebramos hoy el Día Mundial de la Población —fecha instituida desde 1989 por el Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)—, esa interrogante adquiere mayor connotación, en un contexto internacional marcado por crisis, golpes y huelgas.

Como señala el Informe del Estado de la Población Mundial 2011, analizado desde la óptica de personas de nueve países (China, Egipto, Etiopía, Finlandia, India, México, Mozambique, Nigeria y Macedonia), "el hito de los 7 mil millones va acompañado de éxitos, reveses y paradojas". Y así es, sobre todo de estas últimas.

Aunque, como promedio, la tendencia actual evidencia una disminución de los partos, en comparación con los reportados en los años sesenta, la cifra de habitantes continúa in crescendo. Nunca antes se tuvo fe de tantos jóvenes y ancianos como ahora: se registra un 50 % del total mundial con menos de 24 años, mientras otro 13 % sobrepasa los 60.

La existencia de altas tasas de fecundidad en algunos de los países más pobres, en contraste con lo que sucede en los más ricos, donde se produce un déficit de personas que ingresan en el llamado mercado laboral, pone en jaque "las perspectivas de crecimiento económico sostenido y la viabilidad de los sistemas de seguridad social".

La migración, por su parte, constituye —a opinión de numerosos expertos— una de las cuestiones definitorias del actual siglo, debido al flujo constante de nativos que salen de sus países en búsqueda de prosperidad, ya sea profesional o económica.

Otro tema medular lo constituye el hecho de que el incremento demográfico es directamente proporcional con la necesidad de producir más alimentos. Empero, cada vez son más las personas que migran del campo hacia la ciudad; al tiempo que se generaliza una tendencia ascendente a la importación de productos agropecuarios, mientras las agroexportaciones se concentran progresivamente en unos pocos países y en las mismas transnacionales de siempre.

Datos oficiales de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) revelan que una de cada siete personas en el mundo padece desnutrición por carecer de medios para producir u obtener los productos alimenticios que necesita, cuando 1 300 millones de toneladas de estos —un tercio de la producción mundial destinada al consumo humano— se pierden o desperdician.

Los pasos dados con vistas a reducir la pobreza extrema distan mucho todavía de las posibilidades reales de eliminar la pronunciada brecha entre ricos y pobres, situación a la que se incorpora otro agravante: el fenómeno de "extralimitación ecológica".

Para tener una idea de su dimensión, analicemos una realidad latente y a la vista de todos: la Tierra necesita alrededor de 17 meses para regenerar lo que consumimos en un año. Sin embargo, los ritmos actuales de consumo superan los periodos de recuperación que requiere la naturaleza, en un mundo donde los cinco países más ricos consumen 66 veces más recursos que las cinco naciones de mayor pobreza.

Ante tales circunstancias, cabe preguntarse si la humanidad está en condiciones de asumir el presente crecimiento demográfico con semejantes disparidades. Lógicamente, no.

Es preciso que varios de los 179 países firmantes del Programa de Acción de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo —celebrada en 1994 en El Cairo, Egipto— desengaveten los acuerdos suscritos sobre la igualdad de género y oportunidades de acceso a la salud, entre otros temas de prioridad que siguen amenazando la supervivencia de nuestra especie y que han quedado en "letra muerta" para no pocas naciones. Falta también que quienes no firmaron ese consenso general cambien el rumbo de políticas destructivas que, "viento en popa", parecen llevar a nuestra especie rumbo al iceberg de la autodestrucción, ese que mencionaba Fidel en la Cumbre Sur, celebrada en La Habana en abril del 2000.

Ante convenciones y tratados que se quedan en el discurso de muchos gobernantes, pero que poco han avanzado en la praxis, y frente a las coyunturas actuales, donde crece la barbarie al mismo ritmo que la población mundial, una interrogante se impone: ¿será que regresa el hombre primitivo o que se desinhibe, a velocidad preocupante, lo más primitivo del hombre?

...Y LA HUMANIDAD SEGUIRÁ CRECIENDO

A escala global se espera que en el 2025 la India complete la cifra de 1 460 millones de pobladores, convirtiéndose en el país más populoso de la Tierra, por encima de China. Se prevé también que, en el 2050, la población mundial alcance los 9 300 millones de personas, con Asia aún a la cabeza de los continentes más poblados.

Disímiles son los desafíos. Pero no es cuestión de esperar cada 11 de julio para debatir sobre los problemas de la población mundial. Se impone repensar el hoy para solucionar las principales problemáticas que nos afectan y, consecuentemente, diseñar un mañana más justo y con oportunidades para todos.

Integración, colaboración e igualdad necesitan convertirse en la fórmula infalible para la salvación de nuestra especie. Ahí está, sin duda, el reto mayor.

 

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