Lo que el fuego nos dejó

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Foto: Yander ZamoraCon la Quema del Diablo en uno de los extremos de la Alameda del Puerto santiaguero, se despidió cerca de la medianoche del lunes la 32 edición de la Fiesta del Fuego. Tras una semana de intenso jolgorio cualquiera diría que la tónica predominante fue meramente festiva. Buena parte de la programación, en efecto, lo es, pero de lo que se trata es de ir dejando un sedimento cultural en esas propias representaciones festivas.

Pocos eventos, por no decir el único en el área, registran tan alta participación de los grupos portadores de las culturas y los saberes populares.

La Fiesta del Fuego, fiel al legado de su fundador Joel James Figarola, dignifica el trabajo de las decenas de agrupaciones cubanas marcadas por música, bailes y ritos haitianos. Nunca se ha tratado con tanta jerarquía a los houganes del vudú encabezados por el maestro Pablo Milanés, de Pilón del Cauto. A los colectivos de Barrancas y Renacer Haitiano (de Morón) no hubo que pedir entregas extras pues con tremenda energía se les podía ver en los más disímiles escenarios y en las calles.

Cada uno de nuestros portadores interactúa con sus vecinos de las islas, practicantes de tradiciones que no han contaminado sus ejercicios con la sofisticación de los intereses mercantiles.

El notable pensador cubano Fernando Martínez Heredia apuntó ante la clausura de la Fiesta, que los debates del coloquio El Caribe que nos une proponen una dimensión inédita de los intercambios académicos, en tanto esa noción es ampliamente superada por las voces cruzadas que allí se escuchan.

La Fiesta del Fuego 2012, a no dudarlo, hizo historia.

 

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