La independencia del pueblo argelino nuestro pueblo la siente como propia

GIRALDO MAZOLA*

Hace 50 años, el 5 de julio de 1962, conquistó Argelia su independencia después de una sangrienta lucha de liberación nacional que costó más de un millón y medio de vidas a su pueblo.

El presidente Ben Bella recibe al Che en Argel.

Fue una guerra atroz. Los argelinos que lucharon bravamente dentro de las tropas francesas en la segunda guerra mundial vieron que al final de aquella hecatombe los ideales de paz, democracia y libertad enarbolados en la lucha contra el nazismo, les estaban vedados. El colonialismo francés reprimió con saña sus sueños. La victoria vietnamita en Diem Bien Phu les demostró que era posible, mediante la lucha armada, conquistar su independencia derrotando al colonialismo francés y dos años después iniciaron su guerra de liberación.

Aquella no fue una victoria completa pues Francia continuó, hasta 1968, ejerciendo el control y la propiedad de sus enormes riquezas de gas y petróleo.

En el Congreso del Frente de Liberación Nacional (FLN) celebrado en Túnez poco después de la reunión con las autoridades francesas en Evián el 19 de marzo de 1962, donde se acordó la celebración de un referendo que confirmara la voluntad del pueblo a ser independiente, el entonces jefe del Ejército de Liberación Nacional, coronel Hoari Boumediene, anticipó que no habría tal independencia sin independencia económica, cuestión que definitivamente lograron al nacionalizar los hidrocarburos, casi una década después.

El resultado del referendo del 1ro. de julio de aquel año fue categórico. Solo 16 534 personas de los seis millones de argelinos votaron en contra de que Argelia se convirtiera en un Estado independiente. Ahmed Ben Bella, gran amigo de Cuba recientemente fallecido, fue su primer presidente.

En Cuba, a miles de kilómetros, en medio de los combates por la definitiva independencia, antes de nuestra victoria en enero de 1959, los revolucionarios de la sierra y del llano seguíamos con admiración y simpatía solidaria las informaciones de una lucha en montañas y ciudades tan parecida a la nuestra.

Fue necesario que aprendiéramos a leer entre líneas los despachos de prensa de las agencias francesas y occidentales, que al igual que aquí, deformaban la verdad del desarrollo de aquella epopeya, otorgando siempre resultados victoriosos a su ejército colonial.

Recibimos en 1960 una delegación del Gobierno Provisional de la República Argelina (GPRA) y dos meses después de la victoria de Playa Girón, el 27 de junio de 1961, fuimos el único país del hemisferio occidental que lo reconoció, cuestión que concitó represalias del Gobierno francés, que se aunaba a la hostilidad creciente del imperialismo norteamericano.

Pero la solidaridad de los cubanos con ese pueblo llegó mucho más lejos y fue, además, el inicio de la desinteresada ayuda prestada a muchos países del Tercer Mundo, tanto en lo civil, con el envío de médicos, constructores y maestros, como en lo militar en el Congo, Angola, Guinea Bissau, Siria y Etiopía.

Jorge Ricardo Masetti, argentino que fundara luego la agencia Prensa Latina y que cayera más tarde al iniciar un movimiento guerrillero en el norte de Argentina, fue enviado por Cuba, en octubre de 1961, a contactar al Frente de Liberación Nacional (FLN) y ofrecerles nuestra disposición de ayudarlos. En ese encuentro se convino enviarles armas. Ese mismo año zarpó el barco cubano Bahía de Nipe con un abundante alijo de armas y municiones y arribó en enero de 1962 a Casablanca, en Marruecos, con destino al campamento del FLN, próximo a Oujda, cerca de la frontera argelina. De regreso a La Habana, el buque trajo 78 guerrilleros heridos de gravedad para ser atendidos en Cuba y 20 niños de campamentos de refugiados, huérfanos en su mayoría, para brindarles atención y educación, tarea que se le encargó al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

Conquistada la independencia, Ben Bella, después de asistir a la incorporación de Argelia a las Naciones Unidas en 1962, visitó Cuba en vísperas de la Crisis de Octubre y manifestó desde entonces su solidaridad con la Revolución cubana.

No es posible hacer un recuento de los lazos entre nuestros pueblos sin mencionar la activa presencia del Che en Argelia y su contribución al fortalecimiento de esos vínculos indisolubles forjados en la lucha común contra el imperialismo, el colonialismo y neo-colonialismo. Lo testimonia el propio Ben Bella, quien a fines de los años noventa escribió como semblanza del comandante Guevara: "Sí, solo la Revolución puede a veces hacer del hombre un ser luminoso".

No mucho tiempo después de esta visita, el 24 de mayo de 1963 llegó a Argelia la primera misión médica internacionalista cubana integrada por 45 hombres y diez mujeres, pues los escasos médicos que había en su territorio la mayoría eran franceses y muchos se fueron recién lograda la independencia.

No fue muy grande nuestro aporte entonces porque en aquel momento Cuba tampoco contaba con muchos médicos, pues de los 6 000 que habían antes del triunfo revolucionario, 3 000 abandonaron la Isla, pero, como otras veces, no dábamos lo que nos sobraba sino compartíamos lo poco que teníamos con nuestros hermanos del Tercer Mundo.

Ocurrió que durante el verano de 1963, Marruecos, aprovechando que las columnas guerrilleras argelinas aún no se habían convertido en un ejército regular moderno, pretendió modificar la frontera con Argelia para apoderarse de las ricas minas de hierro de Gara Yebilet, algo que durante la ocupación francesa de ese territorio nunca reivindicó. Comenzó así la denominada Guerra del Desierto. Militarmente, Marruecos era superior a Argelia pues su ejército estaba mejor equipado y entrenado. El Gobierno argelino de Ben Bella solicitó ayuda a Cuba, y de inmediato, en octubre de 1963, en medio de la devastación del ciclón Flora, 686 combatientes encabezados por el comandante Efigenio Ameijeiras, con su armamento y equipos, partieron a través de un mar bravío a ofrecer su ayuda solidaria.

La presencia de los internacionalistas avalada por la gesta victoriosa de Girón y la firmeza de nuestros combatientes en la Crisis de Octubre, contribuyó a persuadir a las autoridades marroquíes a firmar el alto al fuego y reconocer las fronteras existentes.

Tampoco es posible hablar de esos vínculos sin mencionar las numerosas visitas del Comandante en Jefe a Argelia, que fortalecían cada vez más nuestras relaciones; la primera en 1972 con su extenso recorrido por el país, testimoniando esa amistad imperecedera y luego en 1973, para participar en la IV Cumbre de los Países No Alineados, donde nos sumamos al reclamo de la Cumbre y rompimos relaciones con el estado sionista de Israel. Después en otras cinco ocasiones visitó aquel país.

Igualmente la visita de Boumediene a Cuba en 1974 y las varias también del hoy presidente Raúl Castro Ruz, continuaron cimentando esos vínculos.

No nos sorprende por tanto, a partir de una amistad forjada en una solidaridad recíproca, que Fidel en una de sus Reflexiones dijera algo conmovedor del actual presidente argelino Abdelaziz Bouteflika: "Corría el año 2006. Yo estaba en realidad muy grave pero a la vez muy consciente de lo que ocurría. La XIV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, donde se eligió a Cuba como Presidente, finalizaba por esos días a mediados de septiembre. A duras penas podía incorporarme y sentarme en torno a una mesa. Recibí así a importantes Jefes de Estado o de Gobierno.

Abdelaziz Bouteflika, Presidente de Argelia, una de las personalidades con las que me reuní, mirándome fijamente a los ojos me dijo: ‘Fidel si necesitas mi sangre, la tendrás’.

Yo lo apreciaba mucho. Fue ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de nuestro amigo Houari Boumediene.

Sus palabras constituyeron un noble y desinteresado apoyo a nuestra causa, que no se esperaba, por nuestro espíritu internacionalista que nunca se ejerció a cambio de algo".

Ni tampoco nos sorprende que el propio Bouteflika declarara años antes: "Hemos tenido el inmenso privilegio de tener como amigo al compañero Fidel, que nunca nos ha fallado. Fidel viaja al futuro, regresa y lo explica".

Es, por tanto, genuinamente comprensible afirmar que los cubanos sentimos como propio el aniversario 50 de la definitiva independencia del pueblo argelino y al felicitarlo nos felicitemos también.

*Embajador de Cuba en Argelia (1974-1978).

 

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