Maíz para que brille la “joya”

GERMÁN VELOZ PLACENCIA

Sobre el molino de maíz Comandante René Ramos Latour —ubicado en Antilla, el municipio más pequeño de la provincia de Holguín—, siempre hay miradas que sobrepasan la curiosidad justificada por ser el único del país dedicado a esos menesteres, y sondean insistentemente su peso en la producción de alimentos.

El molino dispone de tres silos, cada uno con capacidad para almacenar 2 000 toneladas.

De la instalación, identificada como una "joya" de la Industria Alimentaria —lo cual se atribuye a la calidad del producto terminado, la pulcritud e higiene del proceso industrial y la organización del trabajo— salen la harina común que consumimos los cubanos, así como una variante fina, apta para mezclar con los cernidos de trigo usados en las fábricas de fideos, coditos y espaguetis.

También preparan sémola especial, un producto de mayor granulometría para la venta a la empresa productora de los gustados Pellys y al Lácteo de Bayamo. Esta última entidad es responsable de elaborar el Fortachón, suplemento nutricional distribuido en la región oriental a niños con deficiencias de hierro.

TENSIÓN FRECUENTE

El centro es capaz de molinar 105 toneladas en 24 horas de trabajo continuo; sin embargo, la falta de materia prima lo puso en aprietos en el periodo enero-mayo, cuando los abastecedores dejaron de entregarle 2 400 toneladas, comentó el director, William Olmos Reyes.

El restablecimiento del transporte ferroviario hasta Antilla ha proporcionado cierta calma al colectivo del molino, que por esa vía recibió en junio más de 1 000 toneladas del grano, las cuales comenzaron a ser procesadas en el acto para cumplir los compromisos con los clientes.

"No ha terminado la preocupación, porque podría repetirse el incumplimiento del 2011, cuando fue imposible producir las 18 mil toneladas de harina previstas en nuestro plan".

Fotos: Juan Pablo Carreras Severas normas higiénicas rigen el proceso de elaboración.

Por las afectaciones sufridas en los primeros cinco meses del presente año, demandaron ante la Sala de lo Económico del Tribunal de Santiago de Cuba a la Unidad Empresarial de Base (UEB) de Silos y a la Empresa de Transporte de Alimentos a Granel (ETAG), radicadas en aquella provincia.

Este reportero contactó vía telefónica con Alberto Gómez, director de la UEB Silos Santiago, quien explicó que en una ocasión no enviaron el grano porque la ETAG no situó el transporte solicitado. En otra, añadió, fue imposible extraer el maíz del barco porque las autoridades sanitarias certificaron la existencia de plagas y eso afectaba el consumo humano.

El funcionario aseveró que posee los documentos que dan fe de esas situaciones.

Las averiguaciones sobre la ETAG arrojaron que el parque propio de vehículos está aquejado de exceso de explotación y falta de recursos, entre ellos, gomas y baterías. A este panorama, según dijeron en su Puesto de Mando, se deben los frecuentes percances que enfrentan en las labores.

Los percances harán reflexionar sobre las debilidades de los compromisos contractuales, los cuales deben concertarse sobre la base de los intereses y posibilidades reales de los colectivos sin olvidar que son eslabones de esa larga cadena que se llama economía nacional.

SIN LLAMADOS DE AFUERA

En este colectivo se trabaja en el orden interno, en función del control de los recursos y la eficiencia productiva.

Las guardias sorpresivas son una práctica sistemática de los directivos y han resultado eficaces para frenar actos delictivos, señaló Alexis Ávila Rodríguez, jefe de Planta. "Recientemente detectamos a dos trabajadores que, con fines de lucro, intentaron extraer productos del centro. Por supuesto que ya no están con nosotros, porque los separamos de sus puestos laborales".

Los consejillos diarios constituyen una provechosa herramienta de dirección, confirmó Olmos. Con la voluntad de desaparecer cualquier formalismo, a las siete de la mañana y a las tres de la tarde, los principales jefes del centro analizan las dificultades del turno saliente y las medidas a tomar por el entrante para no repetir los problemas, las acciones a fin de elevar los rendimientos y reducir el gasto de energía eléctrica: "Para nosotros lo óptimo es lograr 14 toneladas por megawatt y estamos por encima de 15 toneladas".

Son frecuentes las discusiones sobre el mejor aprovechamiento de otros recursos, entre ellos los sacos sintéticos, comprados a 39 centavos de dólar, lo cual no es poco cuando se analiza que durante un mes de producción normal utilizan como promedio unas 36 mil unidades.

EQUIPOS DE SEGUNDA MANO QUE PARECEN NUEVOS

También en esta industria hay convicción obrera de que en el ahorro podemos sacar los recursos que necesitamos y aprovechar al máximo los que tenemos.

Alberto Rodríguez Breffe, jefe de brigada, subrayó que las máquinas instaladas poseen un alto coeficiente de disposición técnica. "Aplicamos una estricta política de mantenimiento para hacer funcionar los equipos, a pesar de que más del 50 % nos llegó de segunda mano. El Banco de Molinado, compuesto por cinco unidades, estaba en uso en un establecimiento cienfueguero y lleva aquí ocho años de trabajo".

La competencia profesional de la brigada que dirige fue vital para restablecer el cernidor, gigantesca caja móvil que recibe y expulsa constantemente maíz troceado hasta tanto no se convierte en harina, de ahí que se le conozca como el corazón del molino.

"Encasquillamos con acero los portadores de los grandes rodamientos que aseguran el movimiento constante del equipo. Nunca antes lo habíamos hecho, pero nos esmeramos y evitamos la paralización prolongada del molino".

Destacó la ayuda recibida en aquel momento por los compañeros del Taller Ferroviario del municipio, aunque no era de extrañar esa actitud porque antes colaboraron con entusiasmo en el restablecimiento de la zaranda que limpia el grano, un equipo "rescatado" también en Cienfuegos, cuando estaba a punto de ser fragmentado en varios pedazos en un depósito de la Empresa de Recuperación de Materias Primas.

A los trabajadores del molino nadie osa contradecirlos cuando afirman que de disponer de las 25 mil toneladas de maíz que demandan allí al año, jamás incumplirían los compromisos de elaboración de harina.

Pero la realidad revela una vez más las debilidades y retos del sector agrícola del país, que podría producir y acopiar más el solicitado grano y, con ello, reducir las importaciones de las que ahora depende la instalación industrial.

"El pasado año teníamos previsto recibir 15 mil toneladas de producción nacional, pero nos llegaron unas 3 000", señaló Olmos, quien, al igual que la mayoría de los compañeros de trabajo, admite su abierta preferencia por el grano "criollo", más duro que el comprado en el exterior, pero de mayor rendimiento.

 

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