Una villa a la usanza colonial

JUAN ANTONIO BORREGO

TRINIDAD, Sancti Spíritus.—Cuando tuvieron sobre su mesa de trabajo la misión de pensar un nuevo hotel para la península de Ancón, los proyectistas no encontraron solución más salomónica para el encargo que trasplantar una réplica de Trinidad hasta las orillas de la playa.

De tal suerte, arcos de medio punto, balaustradas, ventanales, patios interiores, plazas y hasta una torre campanario, remedo de los miradores de la época, se imbrican en la instalación turística espirituana, que cuenta con 241 habitaciones repartidas en siete bloques de hasta tres niveles de altura, además de sistemas de piscinas, restaurantes, bares, cafeterías y otros espacios concebidos exclusivamente para el recreo.

Tras una década de explotación —fue fundado en el 2001— el hotel Brisas Trinidad del Mar, perteneciente a la cadena Cubanacán, conserva, sin embargo, algo más que el encanto sui géneris que le conceden su fisonomía colonial y su posicionamiento estratégico junto a una de las mejores playas de la costa sur cubana.

"Mantenerlo así cuesta trabajo, dinero y también no pocos dolores de cabeza", reconoce el joven Alderlayse Llanes, subdirector general del inmueble, uno de los tres que se integran bajo administración única, al sur de la ciudad de Trinidad (los dos restantes son el Ancón y el Costa Sur).

SOBRE UNA PENÍNSULA DE CRISTAL

El joven cantinero Luis Manuel Simón no podía creer lo que estaban mirando sus ojos cuando, una mañana de junio del 2005, encontró su centro de trabajo convertido en un amasijo de escombros, con la cristalería reducida a añicos, la vajilla mezclada con los muebles y una teja criolla clavada en la barriga de una palma de jardín, la señal más evidente de la furia del huracán Dennis.

El ciclón arrasó buena parte del sur espirituano, interrumpió el abasto de agua y cortó el suministro eléctrico durante 15 días a la región, pero para los trabajadores del Trinidad del Mar también dejó la moraleja de que, cuando existe capacidad de respuesta, ningún golpe resulta mortal por duro que parezca.

La política de conservación, refrendada en los Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del Partido, se traduce aquí como el arte de pasarle la mano a algún rincón todos los días, una fórmula que, según sus directivos, constituye la única manera de mantener el hotel como nuevo.

Tras haber padecido las sequías crónicas que asolaron a la región y también afectaciones a su servicio eléctrico en otros tiempos, el hotel ha aprendido a ahorrar agua sin lacerar su funcionamiento, y mantiene el consumo energético por debajo del plan, sobre todo a partir de una explotación racional del equipamiento y de la compactación de áreas y ofertas en temporada baja.

Para levantar el Trinidad del Mar fue preciso primero "pedirle prestado" el territorio a la naturaleza, construir el llamado pedraplén de la bahía de Casilda y luego, entre este y el saliente natural de Ancón, extraer miles de toneladas de cieno y crear una extensa plataforma artificial sobre la cual se asienta hoy la pintoresca instalación.

"Tenemos montado un sistema de gestión ambiental —dice el subdirector general— que incluye la capacitación sistemática del personal y los requisitos adicionales que también son fiscalizados por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente".

SIN MIEDO A LA COMPETENCIA

La atracción de Trinidad y su Valle de los Ingenios, reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad, la cercanía al sistema montañoso Guamuhaya con senderos admirables y las bondades de las playas del sur, conforman un triángulo de privilegios que en época turística alta mantienen al hotel hasta con un 95 % de ocupación.

Alderlayse Llanes confiesa que no le teme a la competencia de los más de 600 hostales asentados en la ciudad de Trinidad, porque al fin y al cabo "cada visitante sabe muy bien lo que busca, aquel turismo de casas de familia es una cosa y este es otro, ambos más bien se complementan".

En Trinidad del Mar presumen de la estabilidad de su colectivo de poco más de 180 trabajadores, que llegada el alza se estira hasta los 250, quienes, según ellos, han aprendido a lidiar lo mismo con el turismo de circuito que con el de estancia.

Entre sus deudas más perentorias, la directiva del Trinidad del Mar reconoce la necesidad de continuar elevando la calidad del servicio y el desempeño integral del colectivo, la mejor manera de salir airosos en una competencia donde no solo cuentan el sol, la arena y una arquitectura a la usanza de la colonia.

 

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir