Producción de arroz

Para un programa de millones, exigencia millonaria

SHEYLA DELGADO GUERRA y CAMILA ACOSTA RODRÍGUEZ

Foto: Cortesía del GAIG Con más de 150 años de práctica en su cultivo en nuestra nación, el arroz constituye el producto agrícola de mayor consumo en la dieta de los cubanos.

Por su importancia estratégica, el Gobierno revolucionario emprendió en 1967 el Programa Arrocero, el cual fue atendido directamente por Fidel y recibió hasta 1980 un monto inversionista de más de mil millones de dólares, destinado principalmente a la infraestructura y a la mecanización. En ese contexto se creó además el Instituto de Investigaciones del Arroz —hoy Instituto de Investigaciones de Granos— para llevar a cabo el programa de mejoramiento de semillas.

Como consecuencia de las limitaciones financieras generadas por el periodo especial —junto a intensas sequías, huracanes, afectaciones de la maquinaria disponible y de la infraestructura de campo e industria— el área cultivable reservada al grano experimentó una notable disminución en los años 90, hasta llegar solo a 40 mil hectáreas y con un rendimiento agrícola de apenas tres toneladas por hectárea. Un declive considerable si se tiene en cuenta que, de 1984 a 1986, el fondo de tierra cultivado ascendía a 143 mil hectáreas y los niveles productivos cubrían el 60 % de la demanda nacional, con 259 mil 300 toneladas de arroz consumo.

A partir del propio 1990 y hasta el 2008 —comentó a Granma Lázaro Díaz Rodríguez, director nacional del Grupo Agroindustrial de Granos (GAIG)— Cuba tuvo que importar (desde Vietnam) más de 400 mil toneladas anuales de ese genérico.

Con el propósito de imprimirle nuevos bríos a la producción arrocera en el país, el Buró Político aprobó —el 13 de mayo del 2008— un programa que concebía la obtención de 485 mil 900 toneladas de arroz consumo en un plazo de cinco años (2009-2013); meta que quedó demasiado alta, pues debido a la falta de integralidad en los aspectos que determinaron su implementación en la fase inicial, se debió reprogramar.

¿CUÁL FUE LA REALIDAD DEL 2011?

El pasado año se cultivaron más de 178 mil 800 hectáreas, cuyo rendimiento fue de 3,2 toneladas por hectárea. Aun cuando no se afectaron las cifras contratadas, se esperaban mejores "números" en el rendimiento agrícola.

Como trascendió en el balance anual del Grupo, correspondiente al 2011, los aspectos de mayor incidencia negativa ese año fueron: la deficiente contratación, unida a la incorrecta organización de la siembra y la cosecha, a partir del potencial existente en cosechadoras y secaderos; así como el déficit de agua en seis provincias, sobre todo en Pinar del Río, que tuvo afectaciones en 6 301 hectáreas.

La mala calidad de la semilla en algunos territorios y, por otro lado, la falta de exigencia de técnicos y directivos, junto a la insuficiente capacitación a productores, provocaron significativas pérdidas del cereal en el 2011.

Deficiencias técnicas en la atención al cultivo, daños por inundaciones en el periodo de cosecha, problemas de índole organizativa, esencialmente en el sector cooperativo y campesino, e incorrecta planificación de algunas empresas en la contratación de los servicios a prestar a la base productiva, atentaron también contra el buen desempeño en ese calendario.

EL 2012: DE LA EXPECTATIVA A LA REALIDAD

El plan de siembra de la campaña de frío (de noviembre del 2011 a febrero del 2012), se cumplió al 102 %, con la siembra de 69 mil 59 hectáreas. El plan correspondiente a la campaña de primavera (1ro. de marzo-10 de agosto del año en curso) es de 84 mil 967 hectáreas, y de las previstas para el cierre de abril pasado, se plantó el 95 %.

Cinco provincias habían iniciado la cosecha al finalizar el primer cuatrimestre del año: Granma, Camagüey, Sancti Spíritus, Cienfuegos y Pinar del Río, alcanzando el rendimiento planificado de 4,1 toneladas por hectárea.

Existe en este 2012 el reto de entregar 315 388 toneladas para el consumo.

"El Grupo, con todo su sistema empresarial —enfatizó Díaz—, analiza la estrategia a seguir para enfrentar el pico de cosecha a finales del actual mes e inicios de julio, teniendo en cuenta que el volumen de arroz a cosechar es superior al potencial disponible de cosechadoras. Situación que debe atenuarse con el arribo al país de 24 máquinas en la segunda quincena del mes próximo. Pero esa no puede ser nuestra única opción, de ahí que la adecuada organización de la cosecha y el uso de medios alternativos sean ineludibles".

Sobre las proyecciones a largo plazo, Díaz abundó que el estudio de factibilidad del programa de desarrollo integral del arroz —aprobado en el 2011 por el Comité de Evaluación de Inversiones del Ministerio de Economía y Planificación— integra las propuestas para el incremento productivo en el periodo 2012-2016 y comprende todas las fases de la cadena: siembra, cosecha, beneficio y comercialización.

Actualmente el programa cuenta con una base productiva conformada por 123 unidades empresariales de base, 17 Unidades Básicas de Producción Cooperativa, así como cuatro Cooperativas de Producción Agropecuaria y 41 de Crédito y Servicios. Posee, además, un fondo de tierra de 250 mil hectáreas, de ellas 89 mil han sido entregadas mediante el Decreto-Ley 259. Del área disponible, alrededor del 75 % está en manos del sector cooperativo y campesino.

Es por ello que el aumento de la productividad y el cumplimiento contractual resultan decisivos con vistas a reducir las importaciones; máxime cuando el Estado adquiere en el exterior, como promedio anual, el 60 % del arroz que se consume en la nación, y a un precio considerable, que oscila entre 500 y 600 dólares la tonelada.

Refiriéndose al programa inversionista que se lleva a cabo, el viceministro de Cultivos Varios Julio García Pérez, al cierre del mencionado balance del Grupo, sentenció: "A un programa millonario, le corresponde una exigencia millonaria".

A los arroceros se les demanda una respuesta efectiva y realista, a la altura de los esfuerzos que dedica el país, pues el arroz constituye cada año el rubro con mayor atención a su proceso inversionista dentro de la agricultura cubana.

 

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