¿De qué solidaridad están hablando?

DALIA GONZÁLEZ DELGADO

El conflicto histórico que ha caracterizado las relaciones entre Estados Unidos y Cuba tiene su génesis en la pretensión de los diferentes gobiernos norteamericanos de controlar nuestro destino. Los métodos pueden variar según la administración que esté en el poder, pero el objetivo sigue incólume.

En el 2008 Condoleezza Rice dio indicaciones a las embajadas estadounidenses en todo el mundo para “celebrar” el “día de la solidaridad con el pueblo cubano”.

La presidencia de George W. Bush (2001-2009) fue una de las más hostiles que Cuba ha tenido que enfrentar. Bajo su mandato, se renovaron los esfuerzos para intensificar la labor subversiva y propagandística contra nuestro país.

Un cable sacado a la luz por Wikileaks demuestra que el Departamento de Estado norteamericano instó a sus embajadas en todo el mundo a promover acciones contra la Isla.

"Por telegramas de referencia, se ha solicitado a las embajadas iniciar actividades e instar a los gobiernos receptores y a las organizaciones no gubernamentales (ONG) a realizar actividades por el día de la solidaridad con el pueblo cubano el 21 de mayo". El mensaje data del quinto mes del año 2008 y está firmado por la entonces secretaria de Estado, Condoleezza Rice.

La manera en la que iban a mostrar su "solidaridad" era la siguiente: "Como mínimo, todas las embajadas deben buscar la manera de publicar un artículo editorial bajo la firma del embajador o del encargado de negocios en un periódico local importante".

La señora Rice solo estaba siendo consecuente con el primer informe del ridículo Plan Bush, donde se acordaba el aumento de los fondos para la subversión y la coordinación de acciones contra Cuba con otros gobiernos y ONG de terceros países.

En total, durante sus dos mandatos, Bush destinó 116,3 millones de dólares para los programas subversivos contra la nación caribeña, frente a 8,2 millones en el segundo mandato de Clinton.

Pero aunque el republicano consiguió más dinero para sus propósitos, las acciones subversivas no eran novedad. El presidente Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, habían aprobado en 1960 el Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro, que buscaba "aparentar una creciente y cada vez más efectiva resistencia interna".

Usted leyó bien. Lo dice claramente: "aparentar". Para el gobierno de EE.UU. no es necesaria la existencia de una oposición interna significativa; basta solo simularla. La propaganda se encarga luego de sobredimensionar los hechos.

La prioridad fue, desde entonces, financiar la creación de una oposición artificial con visos de legitimidad. Para ello, Washington creó una sofisticada red de financiamiento federal a entidades supuestamente privadas y a organizaciones no gubernamentales, que aparecen como fachada del apoyo logístico a los grupúsculos contrarrevolucionarios.

La señora Condoleezza ordenaba: "Las embajadas deberán instar a las ONG a enumerar sus eventos en la página web www.solidaridadCUBA.org". No obstante, aclaraba que "aquellos eventos y actividades patrocinados por el gobierno de Estados Unidos no deben publicarse en el sitio web".

El llamado día de la solidaridad con el pueblo cubano tenía como propósito "promover un cambio pacífico y democrático en Cuba".

Resultaría risible, si no fuera indignante, que Estados Unidos designe un "día de la solidaridad con Cuba". Si realmente quisieran ser "solidarios" con el pueblo cubano, ¿por qué no levantan el bloqueo? ¿Por qué no liberan a los Cinco? ¿Por qué no cierran la ilegalmente ocupada base naval de Guantánamo? ¿De qué solidaridad están hablando? ¿Acaso pretenden "ayudarnos" de la misma manera que "ayudaron" a Libia?

¿Sabrá el gobierno de Washington lo que significa la verdadera solidaridad? Ciertamente, Cuba podría darle lecciones sobre esa materia.

 

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