Andrés Suárez con buena fe

MICHEL HERNÁNDEZ

foto: Anabel Díaz MenaEl cantautor español Andrés Suárez entró con el pie derecho al corazón de la escena cultural cubana. Primero logró grabar junto a Pablo Milanés el tema Perdón por los bailes, una de esas canciones que viene apuntando con fuerza a convertirse en uno de los hits de su repertorio. Más tarde hizo las maletas y se dejó caer por La Habana para participar en la nueva edición de La Huella de España, una breve gira que tuvo uno de sus momentos culminantes con el concierto que ofreció junto al grupo Buena Fe el pasado sábado en el teatro Astral.

Esta presentación, auspiciada por la casa disquera EGREM, no fue fruto del azar. Los músicos, que se conocieron en tierras ibéricas, guardan cierta semejanza en la envoltura poética de sus textos, y en la forma de interpretar el universo musical. Una relación que fluyó con naturalidad a lo largo de la noche en que juntaron sus repertorios y vistieron a la musa de la canción de autor con elegancia, sinceridad e inteligentes y necesarios textos que responden por igual a los conflictos del amor que a los latidos del mundo contemporáneo.

Por alguna extraña casualidad eligieron para abrir la noche La vi bailar flamenco, un título que parece hecho a la medida de la banda sonora de estos días en que reinan las tardes nubladas y se lucen los paraguas detrás de las tupidas cortinas de lluvia. Luego Buena Fe acudió a varios de sus clásicos que desde una mirada muy personal han dibujado un retrato de la sociedad insular que caló muy hondo en diversos grupos de la juventud cubana. Entre ellos, No juegues con mi soledad, Catalejo, Cada país, Libre, Miedos, y Pi 3,14, estos últimos pertenecientes a su más reciente producción discográfica, que reveló en casi toda su dimensión las búsquedas creativas de la banda y ha arrojado mucho más lejos su conciencia musical.

Andrés Suárez es un cantautor que nació con el don de llevar los hechos más ordinarios de la cotidianidad a la categoría de acontecimiento. Purga sus emociones en textos cargados de melancolía cuya causa se puede encontrar en los amores rotos, las despedidas y en cierta actitud vital del trovador que puede ir por el mundo dando de comer a su talento con las increíbles historias que nacen en ese interminable peregrinaje personal.

El intérprete y compositor gallego no es uno de esos artistas que enseñe sus cartas en el juego de la industria del entretenimiento. Sin embargo, ha sabido despegar con luz propia hasta coronarse en los altares de la canción de autor española como una de las promesas de la nueva hornada de cantautores ibéricos, gracias a una obra con personalidad que ha encontrado maravillosamente el equilibrio entre la trova y el pop. Hasta el momento su nombre era prácticamente desconocido para el público cubano. Pero, a decir verdad, se aplicó a fondo para conquistar a los espectadores reunidos en el Astral. Y lo hizo.

De ahí que haya sorprendido por su rápida interacción con el auditorio cuando echó mano a un puñado de temas propios como Lo malo está en el aire, Imagínanos y Más de un 36, que defendió con una proyección escénica de alta intensidad y gran capacidad comunicativa. En los finales de su presentación quiso rendir culto a sus influencias cubanas. Ocurrió entonces que se dio el gusto de interpretar junto a Israel Rojas, vocalista de Buena Fe, una original versión de Yolanda, de Pablo Milanés, con la que cautivó definitivamente al público en un concierto que confirmó que la fiebre del sábado por la noche también puede tener una buena dosis de poesía.

 

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