Temporada ciclónica

Más vale prevenir

ORFILIO PELÁEZ
pelaez@granma.cip.cu

Bajo la perspectiva de tener una cantidad de organismos tropicales con nombre próxima a la media anual de diez, de los cuales dos ya surgieron en el mes de mayo, la temporada ciclónica comienza hoy de manera oficial en nuestra área geográfica conformada por el Atlántico norte, el Golfo de México, y el Mar Caribe.

Definidos como un sistema de bajas presiones, donde los vientos giran alrededor del centro en sentido contrario a las manecillas del reloj en el hemisferio norte, acompañados de una extensa área de nublados con fuerte actividad de lluvias y tormentas, los ciclones tropicales se clasifican de acuerdo a la velocidad de sus vientos máximos sostenidos, promediados en un minuto.

Reciben la denominación de depresión tropical cuando estos son inferiores a 63 kilómetros por hora; tormenta tropical si oscilan entre 63 y 117 km/h, y pasan a ser huracán en el momento de igualar o superar los 118 km/h.

En el caso específico de los huracanes, existe la llamada escala Saffir-Simpson que los divide en cinco categorías. Así son de categoría 1 aquellos cuyos vientos máximos sostenidos abarcan de 118 a 153 km/h; categoría 2 de 154 a 177; categoría 3 entre 178 y 209; categoría 4 de 210 a 250, y categoría 5, si superan los 250 km/h.

Pueden tener un diámetro de hasta 800 kilómetros o más, de ahí que su área de influencia no se puede ceñir al punto marcado por el centro en el mapa.

En términos de efectos, los rangos mencionados no son absolutos, pues a veces huracanes categoría 1 y 2, incluso tormentas tropicales y hasta depresiones, pueden causar daños significativos en dependencia de las características del lugar por donde pasen, velocidad de traslación y los totales de lluvia que produzcan.

Más allá del comportamiento previsto para la actual temporada (dentro del rango de lo normal o quizás ligeramente por debajo), lo esencial descansa en estar realmente preparados con antelación para enfrentar cualquier contingencia.

Solo así puede protegerse de manera más efectiva la vida humana y disminuir al máximo posible los daños a la economía.

Los análisis de las experiencias derivadas del azote de los huracanes Gustav, Ike y Paloma en el 2008, sacaron a la luz un grupo de insuficiencias que contribuyeron a incrementar la magnitud de los perjuicios, como fue el incumplimiento de las normas técnicas en la colocación de las estructuras y aseguramiento de los techos, y la falta de sistematicidad en la limpieza de drenajes, alcantarillas, zanjas y canales, entre otras acciones preventivas.

Tales lecciones del pasado ratifican una vez más la conveniencia de ser previsores. 

Nombres de los ciclones tropicales del 2012:

Alberto, Beryl, Chris, Debby, Ernesto, Florence, Gordon, Helene, Isacc, Joyce, Kirk, Leslie, Michael, Nadine, Oscar, Patty, Rafael, Sandy, Tony, Valerie y William.
 

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