Bárbara contra Bárbara en el corte de caña

EDUARDO PALOMARES CALDERÓN

 Foto: Francisco HechavarríaDOS CAMINOS, Santiago de Cuba.— Haberse erigido durante 14 años consecutivos como la mejor machetera del sector cooperativo-campesino en el país, y la posibilidad de alcanzar el reconocimiento por decimoquinta ocasión, justificó hace unos días un alto en el corte de caña, para que Bárbara Durades Miclín comentara a Granma cómo tal emulación consigo misma se convirtió en incentivo para su vida.

Nacida en los campos cañeros de Songo-La Maya, de sus 46 años de edad ha dedicado alrededor de 30 a labores agrícolas de diferentes tipos, destacándose la participación en las últimas 17 zafras, como integrante de la brigada de corte manual Sabino Pupo, de la CPA de igual nombre, en el municipio santiaguero de San Luis.

"Todo comenzó después de incorporarme a esta Cooperativa como controladora del corte, alza y tiro, donde veía que a los macheteros se les pagaba muy bien, he ahí que solo con un par de guantes y la mocha me sometí a prueba, señala.

"Los compañeros me ayudaron mucho, pero entre ellos debo agradecerle a Arístides Maturell, que me enseñó cómo entrarle al plantón, la adopción de la mejor posición para cansarme menos y no cortarme con la mocha, así como a dar el golpe preciso para no lastimar la cepa, ni dejar cogollo en la caña.

"Cuando aquello había más mujeres picando caña, pero en mi primer año fui Vanguardia Provincial, en el segundo repetí con el primer lugar en la provincia, y a partir del tercero pasé a ser la mejor del país en la emulación de la ANAP, posición a la cual aspiro ahora por decimoquinta ocasión".

Si bien de todo este tiempo rememora con agrado la declaración año tras año de la brigada como millonaria y el recibimiento de la medalla Romárico Cordero en el pasado Congreso de la ANAP, fue la zafra de 1998 la que dejó en Bárbara los más emotivos recuerdos de su vida.

"En esa contienda estaba muy feliz por haber nacido mi hija, después de haber tenido cuatro varones, y como me sentía tan bien a los dos meses de parida me fui a cortar con la brigada, no por dinero, sino porque la caña también era parte de mi vida.

"Mi esposo Alfonso Labrada Ramírez, con quien llevo 23 años de casada y es tractorista de la Cooperativa, iba a la casa a distintas horas del día, recogía a la muchacha que me cuidaba a la niña y las llevaba al cañaveral, para que en un alto del corte amamantara a mi bebé".

Pasados cien días de corte en la actual zafra, Bárbara no refleja cansancio alguno. Diariamente madruga, comienza el corte a las 6 de la mañana, regresa al hogar a las 5 de la tarde, y se acuesta en la medianoche después de ejercer otras labores, de ahí que su esposo suela decirle que "tiene dos corazones".

"Cuando alcance las 20 zafras, si queda por ahí alguna mujer con 21 o 22, espero poder ir por una más, y así continuar hasta donde me acompañe la salud", enfatiza Bárbara, convencida de que es ella misma su principal rival en estas sana lid del corte de caña.

 

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