La Huella dibuja a Andalucía

TONI PIÑERA

Trenzando las tradiciones entre dos países, la vigésimo cuarta edición de La Huella de España, festival que va tras algunas de nuestras raíces culturales (música, danza, cantos, conciertos folclóricos, literatura, cine, poesía...), llenará los días hasta el 3 de junio, en diversas instituciones, dedicado en esta ocasión a Andalucía.

Foto: Nancy ReyesIvette Cepeda aportó su huella a La Huella.

La sala García Lorca del Gran Teatro de la Habana (GTH), dio la bienvenida al encuentro con un programa que volvió a comenzar de forma original, cuando la centenaria institución acogió, por unos minutos, la ceremonia del cañonazo, con pregonero y soldados incluidos, para dejar inaugurado un Festival que desde 1989 irrumpió en el horizonte cubano inspirado por Alicia Alonso, quien fue agasajada y ovacionada en la primera noche.

Después de la Balada de los dos abuelos, de Nicolás Guillén (ya tradicional al inicio de cada Huella, y recitada en vivo por el maestro Luis Carbonell), se descorrieron las cortinas de una gala que tuvo altas y bajas, y no alcanzó el brillo acostumbrado, dado, fundamentalmente, por deficiencias técnicas inoportunas en este teatro tan importante y prestigioso de nuestro país, muy visibles durante las actuaciones del pianista Nelson Camacho, y el cantante Bernardo Lichilín, quienes, sin embargo, con el profesionalismo que los caracteriza, supieron sobrepasar esos instantes y dar al público lo mejor de sí para recibir una cálida ovación.

Artífices principales de esta noche fueron, entre otros, el Ballet Lizt Alfonso, que con la Suite Lecuona, una singular coreografía de la Alfonso, dejó entrever el dinamismo, la disciplina —base de todo triunfo—, y la originalidad de una compañía que ha construido un estilo muy propio, y exhibe siempre una extrema pasión por el baile, subrayando el nombre de Cuba en cualquier lugar donde se presenta.

Instante alto de la noche lo constituyó la presencia de una carismática cantante: Ivette Cepeda, a quien solo bastaron dos piezas, Contigo, de Joaquín Sabina y Tu nombre me sabe a hierba, de Serrat, para atrapar a un auditorio que la aplaudió hasta el delirio, para agradecer ese arte, del bueno, que entrega a cada paso en su excelente carrera artística.

Las bodas de Luis Alonso, coreografiada por Eduardo Veitía, fue la selección del Ballet Español de Cuba. En unos pocos minutos, la alegría y el quehacer danzario de los jóvenes intérpretes, liderados por Leslie Ung y Hansel Correa, dejaron en claro las ganas de hacer y el ímpetu de una compañía que arribó este año a su aniversario 25 de vida. Pasaron por la escena también, en la primera jornada de La Huella de España, el grupo Toques de Río y los alumnos del Centro Andaluz de La Habana, quienes interpretaron Sevillana. Al final, fue el ágil desfile de la Federación de Sociedades Españolas de Cuba, que aportó un toque de colorido.

En la velada de apertura, Ramón Molina, consejero de la embajada de España, dedicó sus palabras a rendir homenaje al poeta y promotor cubano Alberto Acosta Pérez, fallecido recientemente, y quien apoyó siempre estos encuentros desde su puesto en el GTH, mientras que Alfredo Ruiz, director de Relaciones Internacionales del Ministerio de Cultura, resaltó la importancia del festival que pone de relieve las tradiciones y las profundas raíces que unen a nuestros pueblos como símbolo de identidad.

 

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