El combate del Uvero

Allí la insurrección se cubrió de gloria

Por el Comandante RaúL CASTRO (*)

En mi opinión y en ello coincido con todos los camaradas que tomaron parte en esa acción, el combate del Uvero fue el primero importante que tuvimos y tal vez decisivo en aquella contienda en que solamente habíamos podido hacer ataques en pequeña escala, por sorpresa y sin enfrascarnos en un verdadero intercambio de tiros con el enemigo.

Atacamos una guarnición grande, y para mí, en realidad, el combate duró casi cinco horas desde las cinco de la mañana hasta las diez, contando inclusive las precauciones que se tomaron para la retirada, después de recoger los muertos y preparar los heridos para su traslado.

Almeida fue el alma del combate y el Che Guevara comenzó a destacarse allí como un guerrero impetuoso.

Vi el combate bastante difícil al final e incluso le dije a Fidel que íbamos a tener que retirarnos. Tiroteamos continuamente la planta eléctrica del cuartel para evitar que pudieran comunicarle a la aviación o pedir refuerzos.

Capturamos en esa ocasión armas que nos permitieron dotar a casi dos columnas, aunque no estaban muy bien armadas. Hicimos una retirada a través de la Sierra Maestra que fue famosa, casi legendaria, bordeando las faldas.

Sufrimos un hambre terrible, pues no hallábamos qué comer en ningún caserío o bohío solitario, ya que la dictadura había iniciado el desalojo de la Sierra con el propósito de bombardearla.

Recuerdo que me comí una panza de res que olía mal, y me supo a gloria.

El encuentro del Uvero nos dio categoría de tropa experimentada. Tuvo cierta resonancia, pues se comprobó el calibre de aquellos combatientes que estaban decididos a todo.

Teníamos gente dentro del campamento del Ejército en el Uvero que nos suministraba información, pero algunos detalles no se ajustaron a lo exacto y esos fueron los fallos que sufrimos en el ataque. Además, el enemigo estaba verdaderamente fortificado. Recuerdo que las barricadas las habían formado con polines de línea que eran muy difícil de perforar por la escasa potencia de fuego con que contábamos. Sin embargo, la valentía de Almeida permitió convertir aquel ataque problemático en una resonante victoria, a pesar de que llevábamos algún tiempo sin pelear.

Para medir la importancia de la acción del Uvero, bástenos decir que Fidel utilizó allí a todos los miembros de sus fuerzas. Todo el mundo peleó. Celia Sánchez se convirtió en soldado de línea y disparó su arma incansablemente.

Allí la insurrección se cubrió de gloria.

(*) Publicado en el periódico Hoy el 28 de mayo de 1965.

 

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