La imaginación como bandera

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Era lógico, casi como una jugada cantada, que el afamado grupo Compay Segundo subiera a los escenarios capitalinos en la nueva edición del Festival Cubadisco, dedicada al célebre trovador cubano. Pero lo que nadie esperaba, o casi nadie, para no ser absolutos, era que lo hiciera junto a la agrupación Ars Longa para protagonizar un acontecimiento único en la escena musical cubana.

 FOTO: Yander ZamoraLo sucedido en la Sala Covarrubias, del Teatro Nacional, donde se entregó el Premio de Honor Cubadisco al grupo que lleva el nombre del autor del Chan Chan y a la Radio Cubana, sorprendió a más de uno y manifestó, de paso, que hay muchas zonas por explorar todavía en la música insular.

Para ello, sin ningún género de duda, solo hace falta tener buen ojo para observar lo que realmente brilla en el horizonte, suficiente tino para escuchar con inteligencia las diversas pulsaciones de esta época, y hacer gala de una gran imaginación. Y mucha imaginación, muchísima fue la que pusieron en juego Teresa Paz y Salvador Repilado, los directores de ambas alineaciones, cuando arrojaron todas sus cartas a la mesa para correr el delicioso riesgo de fusionar repertorios que tienen sus raíces en mundos tan lejanos y distintos entre sí.

El planteamiento escénico de los músicos no pudo haber sido más original: tomaron las máximas de la obra de Compay, las llevaron al estilo de Ars Longa y después, al final del camino, la devolvieron con una rica instrumentación y gran elegancia en los arreglos, que corrieron por la cuenta del maestro Tony Taño.

Volvieron a nacer así varias canciones del legendario trovador, en un experimento de culto que, por interesante, novedoso y creíble, debería repetirse en un futuro no muy lejano. También, cómo no, las dos agrupaciones incorporaron a su formato temas del periodo barroco conjugados con una perfecta simbiosis, sincronía y complicidad. El resultado dio cuenta de un inquieto universo de posibilidades rítmicas donde sonaron vivamente los instrumentos antiguos de Ars Longa, pero también brillaron el son y la música tradicional cubana, en un espléndido arabesco sonoro que enriqueció con la misma intensidad el entramado de ambos grupos y puso en evidencia la curiosidad por lo nuevo, o al menos, lo diferente que seguramente existió desde el inicio en la proa de esta embarcación artística.

La alianza creó vistas de lujo a la obra y a la leyenda de Compay, y al fascinante mundo cultural levantado por la agrupación liderada por Teresa Paz, un colectivo que, sin estridencias, ha ido esculpiendo el título que ya le acredita como una formación de referencia en la escena cubana, por el indiscutible rigor en la interpretación y la defensa de una obra que trajeron al presente tras mirar hacia parajes muy lejanos en el tiempo.

Hasta el momento era poco probable adivinar que alguna vez se escucharían, en un mismo programa, clásicos de Compay como El camisón de Pepa, El carretero y el Chan Chan junto a temas como Convidando está la noche, pieza del siglo XVII, y Unos pastores, uno de los villancicos de Esteban Salas del siglo XVIII. Pero después de esta jornada, que tuvo la imaginación como bandera y como brújula la creatividad, los músicos de ambos ensembles pueden irse a dormir tranquilos. Porque, retomando el argot beisbolero, acaban de botar la bola del parque.

 

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