Lázaro cambió la “tarima” por el surco

JUAN VARELA PÉREZ

En su natal Madruga, en Mayabeque, hay un "tarimero" que dejó mercados y puntos de venta para irse a labrar de nuevo la tierra.

Foto: Jorge Luis GonzálezLa finca de frutales de Lázaro Fundora aplica el policultivo con prometedores resultados.

Lázaro Fundora solicitó áreas para fomentar una finca de frutales y responder a la necesidad que tiene el país de transformar la imagen en esas producciones.

Tras completar los requisitos que establece el Decreto-Ley 259 solicitó y recibió, para este empeño, casi 13,78 hectáreas.

De mucho le valió la tradición familiar y sugerencias de experimentados en el tema para aprovechar al máximo la tierra. Como otros, utiliza mediante el policultivo, la siembra intercalada de frutales de diferentes ciclos, que convierte en tres cada hectárea.

El mango, la guayaba, la fruta bomba, el limón, la mandarina, la chirimoya y otros frutales, algunos convertidos en exóticos, pueblan hoy la Cooperativa de Crédito y Servicios Nelson Fernández, el escenario principal donde este guajiro desarrolla su combate.

Habla con optimismo de la maradol roja, una fruta bomba que se distingue por sus virtudes y alto rendimiento: contiene pocas semillas y una masa muy dulce.

Esta fruta bomba es creación del Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales.

El doctor Sergio Rodríguez, director de la institución, radicada en Santo Domingo, Villa Clara, sigue paso a paso la ejecución del programa y ofrece asesoria técnica en las más de 30 aplicaciones contenidas en el llamado "paquete tecnológico".

Lázaro reconoce, a su vez, la puntualidad en la entrega de estos suministros operación esencial para que cada asistencia se haga en fecha.

En varios municipios de Mayabeque crece el programa de frutales que ya rebasa las 250 hectáreas, y no pocas favorecidas con el económico riego por goteo.

La moderna técnica, que incluye las áreas atendidas por Fundora, es una inversión que mantiene un sistemático grado de humedad y ahorro sustancial de agua.

Este campesino, que hoy observa la salud de sus frutales, se muestra feliz y convencido de que el cambio le favoreció.

Tal optimismo irá en aumento cuando, en el segundo semestre de este año, empiece la cosecha en parte de lo sembrado.

Desde ya, no obstante, señala con firmeza: "nunca "tomé mejor decisión que abandonar la tarima y volver al surco".

 

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