Martí sigue en Montecristi

AMELIA DUARTE DE LA ROSA, Enviada especial

MONTECRISTI, República Dominicana.— Hace 117 años cayó nuestro Apóstol en Dos Ríos. Su muerte en combate fue más que un acto de sacrificio y virtud para con la patria. El más universal de los cubanos enfrentó sin reservas el peligro de morir en correspondencia plena con su deber en la gesta independentista.

Foto de la autoraUn facsímil del Manifiesto de Montecristi en las paredes del lugar donde se firmó.

La estela del genio permanece, aun más allá de nuestras fronteras. En Montecristi, justo en el lugar donde —junto al Generalísimo Máximo Gómez— firmó el Manifiesto en el que sienta las bases programáticas de la Revolución y explica al mundo los propósitos de la guerra necesaria, se alza una casa museo, espacio de veneración y orgullo para dominicanos y cubanos.

Situada en la costa norte de República Dominicana, la pequeña construcción, de estilo victoriano, atesora en sus recintos parte importante de nuestra historia. Una colección de fotos de la familia Gómez, a la cual perteneció la propiedad, bustos en bronce de los héroes, y el lugar exacto donde ambos gestaron la expedición hacia Cuba y firmaron el programa de lucha, exhiben los montecriseños como Monumento Nacional. En uno de sus techos, también permanece una original estrella de madera, vestigio que Martí plasmó en cada uno de los lugares que visitó en sus tres viajes a la provincia dominicana.

Sin embargo, no solo en el museo persiste la huella del Apóstol. Se respiran, en todo Montecristi, aires martianos. Durante su estancia preparatoria, Martí se movió constantemente. Mantuvo contactos con clubes revolucionarios, entabló amistad con numerosas familias cubanas y dominicanas, organizó la barbería La Cubana (ya desaparecida), visitó el Liceo de Montecristi, punto de mayor interés para hablar de Cuba, y pronunció el discurso principal a la llegada del Reloj, cuya base asemeja a la Torre de París y es símbolo de la localidad. Fue en esa alocución cuando señaló que el reloj marcaría la hora de la libertad de Cuba.

La fascinación de los montecriseños por Martí perdura. Cada lugar que pisó el Maestro mantiene su valor histórico. Incluso los más ancianos especulan tener anécdotas y vivencias. Y es que además fue en Montecristi donde a Martí le confeccionaron sus últimos trajes, y donde el sastre, Ramón Almonte, midió su estatura real. Cerca de las salinas, igualmente, un enorme busto tributa a su imagen.

Según manifiesta la historiadora y escritora local Olga Lobetty Gómez, "Martí es también un héroe nuestro. Aquí vivieron muchos cubanos que lucharon por la independencia en esa última etapa. Celebramos cada fecha histórica y tenemos la casa museo como un santuario donde estamos mezclados cubanos y dominicanos con un mismo sentido histórico y de humanidad. Nos sentimos orgullos, al mismo tiempo, de que el Generalísimo ocupe un lugar de gloria en la historia de Cuba".

A saber por las notas que Martí describió en su diario de Montecristi a Cabo Haitiano, del mismo modo la gente, los paisajes y la idiosincrasia de la isla La Española se impregnaron en su recorrido. Una manera también de agradecer el apoyo incondicional hacia nuestra lucha.

Cuando dos meses después de haber salido de la isla, el Héroe ya se encontraba en suelo cubano y caía en Dos Ríos el 19 de mayo, adquiría especial trascendencia lo que había plasmado en el Manifiesto de Montecristi: "Honra y conmueve pensar que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo".

 

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