La excarcelación de Fidel: victoria del pueblo

MARTA ROJAS

La amnistía a Fidel y sus compañeros asaltantes de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, confinados en la cárcel Modelo de Isla de Pinos tras ser condenados en el juicio del Moncada (Causa 37 de 1953), fue una victoria extraordinaria del pueblo cubano que se hizo patente el 15 de mayo de 1955, con la excarcelación de los revolucionarios.

Como él mismo lo ha ratificado, nunca el Jefe de la Revolución, ni en los peores momentos de su cautiverio, solicitó el perdón.

Un fuerte movimiento de lucha cívica se desató, pro amnistía para los moncadistas, en el cual desempeñó un papel importante el Frente de Mujeres Martianas, como se reconoce por la historia. Pero la fuerza de las ideas se impuso, y esta fuerza la transmitió el propio Fidel desde prisión, en su palabra escrita:

Primero fue la redacción y publicación clandestina de un pequeño manifiesto al pueblo de Cuba, con la efigie de José Martí, intitulado Para Cuba que sufre, y después, en un corto lapso de tiempo la reconstrucción, de su puño y letra —en sigilo— y la publicación y distribución clandestina de La historia me absolverá, el alegato de la defensa del asalto al Moncada pronunciado por él en la pequeña sala de estudios de las enfermeras del Hospital Saturnino Lora de Santiago de Cuba, el 16 de octubre de 1953. En el primer caso —el del Manifiesto—, el líder de la Revolución exponía el horror de los crímenes; en el segundo, estaba expresado, tal como lo dijo ante sus jueces, todo el programa del Moncada en lo político, económico y social, además de las denuncias pormenorizadas; la sustentación jurídica de la defensa, la sustracción de él como acusado y abogado del juicio en la Audiencia, y el proceso organizativo del 26 de julio del 53, en el año del Centenario de Martí.

Ningún documento fue más movilizador y precursor que este, en un momento crucial, donde primaba la demagogia y la mentira de los politiqueros.

Después Fidel escribiría, también desde Isla de Pinos, un mensaje contundente contra las maniobras electoralistas que se producían en el país articuladas por Batista —que quería tratar de "limpiarse" de los crímenes cometidos en el Moncada—, y las que recibían el beneplácito de partidos políticos tradicionales y de no pocos connotados dirigentes de la oposición. La censura de prensa establecida desde el 26 de julio de 1953 y la conjura del silencio sobre los hechos que le sucedieron, alentaban a tales partidos a un "posible arreglo de la situación".

"No queremos amnistía al precio de la deshonra", dijo Fidel a riesgo de su propia vida, desde la prisión en Isla de Pinos. Su propósito y el de sus compañeros era proseguir. Entonces con más razón, cuando tantos compañeros habían sido asesinados. Según él expresara, le interesaba demostrar la falsedad de los planteamientos politiqueros, la insinceridad manifiesta de estos. Y los personeros de tal política sabían que sin él como líder y sus seguidores, nueva fuerza tan potente, con el derecho indiscutible ganado por una vanguardia heroica y decidida, nada podría lograrse a favor de sus planes.

El movimiento pro amnistía resultaba incontenible y la intransigencia revolucionaria de Fidel, inclaudicable. El pueblo estaba con los moncadistas.

Ese fue, a grandes rasgos, el preludio del 15 de mayo de 1955 cuando, firmada la Ley de Amnistía, Fidel fue excarcelado junto a sus demás compañeros. Vibró de alegría toda Cuba, comenzando por Isla de Pinos, escenario singular por ese hecho y por todo lo que guarda de patrimonio histórico desde el siglo XIX, con ocurrencias relevantes como la presencia del adolescente Martí en su refugio generoso de la finca El Abra, la pujanza patriótica de la joven rebelde Evangelina Cossío, la lucha posterior en defensa de la cubanía de aquel territorio del archipiélago cubano que pretendía ser conculcada por los Estados Unidos, entre otras vinculadas a revolucionarios en el Presidio Modelo.

El vapor Pinero y el ferrocarril de Batabanó traerían a los héroes a la Estación de Ferrocarril de La Habana, donde una multitud los aguardaba. Fidel fue sacado en brazos del pueblo por una ventanilla del tren. Consumada la victoria popular se iniciaba otra etapa de la Revolución cubana.

 

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