Magisterio de Ernán López Nussa

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Combinando sabiamente los terrenos de la música clásica y el jazz, Ernán López Nussa ofreció el pasado fin de semana un concierto en la Basílica de San Francisco de Asís con obras de su reciente disco titulado Sacrilegios. Pero realmente de lo último hubo muy poco en su regreso a los escenarios, pues el pianista, acompañado del baterista Enrique Plá y el contrabajista Gastón Joya, se despachó a gusto con un programa en el que brindó una relectura muy particular de sus afluentes sonoros y rubricó los componentes más originales de su obra.

Foto: Otmaro RodríguezNo sorprendió que entregara la mejor lectura de sí mismo al correr el riesgo de escribir su propia idea de cómo debe ser el mundo (musical), en este caso un sitio donde el repertorio clásico, el jazz y el acento cubano de los ritmos populares se den la mano con la mayor naturalidad. Así, dejó caer piezas como Madre Scarlatti, Reviere, y Vals, inspiradas, respectivamente, en obras de Domenico Scarlatti, Robert Schumann y Federico Chopin.

La estética detallista y la lectura personal que esbozó en el despliegue de estas obras merecen mención especial. Moviéndose con total libertad entre diversos territorios sonoros, el músico supo enfatizar cada instante de su interpretación y explorar hasta el más mínimo recurso expresivo de cada pieza. Encima, lo hizo con una fina transparencia estilística y una depurada técnica que puso en pie la esencia de su virtuosismo y transmitió, en cada momento, una energía muy positiva al público (algo que siempre se agradece... y mucho).

En su discurso musical sobresalió igualmente la estrecha comunicación que establece con los integrantes de su grupo. Los instrumentistas, sin demasiada dificultad, como si se tratara solo de un ejercicio académico, mantuvieron una inconfundible complicidad entre ellos y pusieron en juego continuos diálogos sonoros para enfatizar las múltiples posibilidades que gravitan en un proyecto de esta naturaleza. Algo que también pusieron de relieve en títulos como Los cuatrocientos golpes, basada en Los tres golpes, de Ignacio Cervantes y A la antigua, que toma como rampa de lanzamiento la danza homónima de Ernesto Lecuona.

Para la mitad del concierto dejó traslucir otro de los rasgos de su personalidad creativa, cuando compartió en vivo algunas claves de sus recursos estilísticos con el pianista Harold Merino Bonet. Poco antes el joven instrumentista había confirmado sus credenciales con una sentida interpretación que agradeció el público y confirmó, como si hiciera falta, el magisterio del creador de Bruma de otoño y El blues de Wendy.

 

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