La mujer más dulce de Encrucijada

Freddy Pérez Cabrera

Si usted pregunta en el villaclareño central azucarero Abel Santamaría, de Encrucijada, por María del Carmen Torres, tal vez algunos no sepan decirle; sin embargo, al indagar por la mujer más dulce del ingenio, todos lo remitirán a esta bella dama, una de las pocas féminas dedicadas al difícil oficio de puntista en el país.

Aunque en sus inicios era operadora, siempre soñó con desempeñar ese otro rol. "Recuerdo que yo pasaba por el lado de los tachos y me ponía a observar a los más experimentados, mientras estos tomaban el punto al azúcar. Allí pasaba horas contemplando al viejo Emilio Rodríguez, puntista A del ingenio", expresa la joven.

En cierta ocasión se le acercó con tremenda pena para decirle: Emilio, ¿tú crees que un día yo pudiera llegar a ser como tú? Entonces, el recio trabajador la miró unos instantes y comentó: "Chica, que yo sepa, nunca una mujer ha sido puntista en Cuba", a lo que ella respondió, con firmeza, que quería ser la primera.

Ante el interés mostrado por ella, el veterano fue soltando los secretos de la profesión, hasta que un buen día, hace ya cinco años, le dijo: "Carmita, ya tú sabes más que yo de este oficio, estás lista para trabajar sola".

Desde entonces, con una agilidad asombrosa sube cada día las empinadas escaleras que conducen a los tachos.

"Llego bien temprano en la mañana a la fábrica, y lo primero que hago es organizar mi puesto de labor y poner una flor al lado de mi asiento. Así comienzo la faena del día, la cual se extiende durante doce horas diarias", explica María del Carmen.

Añade la fémina que este resulta un trabajo de mucha dedicación, donde debe ser muy precisa porque allí se decide la calidad del crudo salido del ingenio.

Para corroborarlo interviene Rolando Veitía, el jefe de industria del Abel Santamaría, quien asegura que la entrada de María del Carmen al área de los tachos ha sido una bendición, tanto por el buen ambiente que le ha impregnado a su área, como por la calidad de su labor.

"Fíjese si es así, que cuando acaba la zafra nosotros tratamos de protegerla, a fin de que permanezca en las reparaciones, y así poder contar con su frescura y sabiduría en ese otro periodo", explica el directivo.

 

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