Iraq: un antes y un después

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ

Las respuestas a algunas preguntas nos hacen entender con mayor claridad —y no como intenta explicarlo el poder mediático occidental— el por- qué identificar como verdaderas acciones terroristas a las guerras encabezadas por Estados Unidos y la OTAN contra algunos países del Oriente Medio.

La compañía multimillonaria de construcción e ingeniería Bechtel recibió 2 300 millones de dólares de los fondos para la reconstrucción de Iraq, pero se fue del país sin completar la mayor parte de las tareas que tenía asignadas.

¿Qué era Iraq antes de la invasión del año 2002?

Un país entre los tres mayores productores de petróleo del mundo. Con niveles de salud y educación muy altos y generalmente gratuitos. Una mortalidad infantil promedio similar a la de algunos países europeos.

En Iraq había institucionalidad, Gobierno, representación diplomática foránea y existía inversión extranjera regida por las leyes soberanas del país.

De los grandes recursos económicos aportados por el petróleo, el Gobierno iraquí invertía un alto por ciento en mejorar las condiciones de vida, salud y educación de su población.

En el caso de los conflictos religiosos —aunque muchas veces violentos— parecían regidos por una especie de pacto que en ningún momento aceptaron —ni sunitas ni chiitas— la injerencia extranjera en las decisiones soberanas de la nación.

Luego de los lamentables errores del Gobierno en su guerra contra Irán y su incursión en Kuwait, el país parecía comprometido con unas relaciones internacionales civilizadas, respetuosas y soberanas y participaba con voz y voto en organizaciones internacionales.

La población iraquí tenía agua y electricidad estables y los monumentos nacionales, los museos, las grandes y milenarias muestras de la cultura, muchas de ellas declaradas Patrimonio de la Humanidad, eran venerados por nacionales y extranjeros que destacaban su conservación.

En esa nación nunca existieron armas de destrucción masiva ni se pudo comprobar algún vínculo del Gobierno con la organización terrorista Al Qaeda.

Estos dos últimos aspectos —recordemos bien— fueron "la justificación" del entonces presidente norteamericano George W. Bush para invadir Iraq, ocuparlo, masacrar a su población, matar a su presidente y a casi todo su equipo de Gobierno; además de destruir y robar sus más preciados tesoros culturales.

Evoco también las palabras textuales de Bush prometiendo "una vida mejor a los iraquíes y suspender las sanciones asfixiantes impuestas por Washington durante 14 años".

Además, el mandatario estadounidense aseguró una pronta reconstrucción del país destruido, incluyendo la normalización del suministro de agua y electricidad y garantía de empleo para los cientos de miles que perdieron sus trabajos tras la agresión.

¿Cuál es el Iraq de hoy?

El actual gobierno de Barack Obama no ha cumplido su promesa del retiro completo de las tropas del territorio iraquí y mantiene más de 20 mil llamados contratistas (mercenarios y agentes de la seguridad norteamericana) al cuidado de la sede diplomática de ese país —que es la mayor del mundo— y de las empresas transnacionales que se apropiaron de las instalaciones petroleras.

En Bagdad, una urbe con siete millones de habitantes, el agua escasea por la falta de al menos un millón de litros cúbicos por día.

En un informe de la ONU del 2011, elaborado por la Unidad de Análisis e Información Inter-Agencias, se asegura que uno de cada cinco hogares utiliza una fuente insegura de agua.

Un reporte oficial señala que el 80 % de la red de tuberías de la capital ha quedado averiada o destruida.

Un ejemplo sencillo: Bechtel, una compañía global multimillonaria de construcción e ingeniería que tiene su sede en EE.UU. —y cuya junta de gobierno tiene estrechos lazos con la anterior administración Bush—, recibió 2 300 millones de dólares de los fondos destinados a la reconstrucción de Iraq, pero se fue del país sin completar la mayor parte de las tareas que tenía asignadas, dice un despacho noticioso fechado en la capital iraquí.

Con el suministro eléctrico pasa otro tanto. La media de los hogares recibe electricidad solo por cuatro horas diarias y en algunos barrios no llega a una hora por día.

Otros datos oficiales del Iraq de hoy refieren que, según el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas, el país tiene una tasa de pobreza del 23 %, lo que significa que alrededor de seis millones de iraquíes sufren pobreza y hambre.

El estado árabe exhibe un nivel de desempleo superior al 46 % de acuerdo con el Banco Central de esa nación, aunque otros organismos locales informan cifras superiores al 60 %.

Otro de los "aportes" de la ocupación norteamericana es que hoy Iraq esté considerado entre los primeros ocho países más corruptos del mundo, comparable con Afganistán, otro estado invadido y ocupado por tropas norteamericanas y de la OTAN.

Entre los últimos ejemplos al respecto, un ministro iraquí se vio obligado a dimitir recientemente porque había firmado un contrato por valor de mil millones de dólares con una compañía alemana en bancarrota y con una empresa fantasma canadiense que ni funcionaba ni tenía activos, tan solo una dirección.

En ese ambiente enrarecido e inestable ha quedado Iraq luego de la invasión y ocupación norteamericanas. Hoy es mucho más inseguro porque la violencia ha sido exacerbada por la guerra impuesta. El dinero del petróleo se evapora, cada vez más, hacia bancos, empresas y el Complejo Militar norteamericano que, entre otras ventas, acaba de suministrar a Bagdad 18 aviones de combate F-16 por un valor de 3 000 millones de dólares.

 

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