Aprender de las mejores prácticas

El sector cooperativo-campesino en Camagüey gana experiencia en la atención a alumnos de los politécnicos agropecuarios

MIGUEL FEBLES HERNÁNDEZ

Yuneisy, David, Yaisel, Edel y los tocayos Yasmani no lo pensaron mucho a la hora de proponer dónde pasar las prácticas docentes: "Queremos ir para la Finca La Rosa, en la Cooperativa Pedro Martínez Brito", coincidieron todos sin el menor titubeo.

Foto del autorRicardo enseña a los estudiantes de Agronomía las técnicas de injerto.

"Es que aquí sí se aprende de verdad: cómo se preparan los suelos, el manejo de las plagas y enfermedades, las distintas maneras de injertar, el trabajo con las hortalizas¼ ", explica el joven Yasmani Álvarez Díaz al argumentar el porqué de tal decisión.

Estudiantes del Instituto Politécnico Agropecuario Cruce de la Trocha, en Vertientes, Camagüey, sienten que cada encuentro con el productor Ricardo Fernández Vasallo les deja nuevas experiencias y habilidades imposibles de adquirir entre las cuatro paredes de un aula.

"Ahora tengo estos seis alumnos de tercer año de la carrera de Agronomía, pero por aquí pasan también grupos completos a recibir clases de campo. Solo les exijo disciplina y dedicación. No se aprende perdiendo el tiempo", subraya enfático Ricardo, a quien el papel de instructor le encaja como anillo al dedo.

Con apenas dos hectáreas de extensión, la Finca La Rosa es un verdadero polígono para el aprendizaje dentro del programa de la agricultura urbana, no solo por el exquisito aprovechamiento de cada pulgada de suelo, sino gracias a la aplicación de métodos y técnicas agroecológicas sobre bases sustentables.

Cerdos, aves de corral y conejos se integran de manera armónica al paisaje campestre, donde abundan los viveros de plantas maderables, frutales, medicinales y ornamentales, hortalizas y condimentos, flores y viandas, cada uno cultivado en proporciones bien delimitadas.

"A todo ello se suma la acuicultura", añade Ricardo, y muestra cinco estanques que se extienden por todo el perímetro, donde se reproducen tres variedades de tilapia. "Ya no tengo que salir de la finca a pescar, que es mi pasatiempo preferido", dice sonriente.

Cuesta creer que lo que es hoy un sitio pintoresco, lleno de atractivos para el visitante, hace poco más de tres años era un vertedero insalubre, lleno de zanjas, desagües y lagunazos, impropio para cultivar.

"Toda esa parte baja, que se me entregó en usufructo por el Decreto-Ley 259, se rellenó con la tierra que se extrajo al construir los estanques para tilapias y después se tiraron varios viajes de cachaza para mezclarla con el suelo y mejorar su calidad."

Atravesada ahora por trillos enlajados y con el toque de belleza que ofrecen las flores y los árboles en desarrollo, la Finca La Rosa destaca por la cultura del detalle: "Embellecer el lugar donde uno trabaja es muy importante, uno se siente mejor anímicamente y se crea un ambiente fresco y agradable".

Comenta Ricardo que el manejo agroecológico, más que la aplicación de un producto, es un sistema que se implanta y empieza desde la cerca perimetral, con postes vivos, la creación de microbosques, la siembra de plantas repelentes, el empleo de biofertilizantes y el control integral de plagas y enfermedades.

"De todo esto les hablo a los muchachos que pasan por aquí. Cómo en un pequeño espacio de tierra, sin agredir ni dañar el entorno, se puede garantizar el sustento familiar y vender los excedentes a la comunidad circundante. Claro, el primer mensaje que les trasmito es que solo se logra con mucho trabajo".

 

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