Transporte público en la capital

Manual de indisciplinas evitables

MAYLIN GUERRERO OCAÑA
maylin.guerrero@granma.cip.cu

Viajar en los ómnibus urbanos de la capital se vuelve con frecuencia una aventura difícil e incómoda, no solo para los pasajeros, sino también para los choferes, y aunque parezca contradictorio, a causa de ambos. La indisciplina social, proveniente de las dos partes, sustituye en no pocas ocasiones al buen comportamiento y a la cortesía, provocando malestar y disgusto en quienes manejan o viajan.

Foto: Otmaro RodríguezEsta escena se observó en un ómnibus perteneciente a la Empresa Provincial de Metrobús de La Habana.

Algunos podrían decir que las indisciplinas ocurren por la situación deficitaria en que se encuentra hoy el transporte público. Cierto es que, debido a la falta de piezas de repuesto para los equipos, existe un significativo nivel de rotura en ellos que provoca demoras entre el paso de un vehículo y otro, aglomeración de personas en las paradas, o que no se detenga el ómnibus donde debe por estar a plena capacidad.

Pero el problema, más que justificarse a partir de las carencias, parte de un deterioro del respeto a normas cívicas elementales. Son los problemas subjetivos los que deterioran aún más este servicio. Por ejemplo, los géneros y volúmenes de la música que se difunden en no pocos Metrobús y Ómnibus Metropolitanos, constituye uno de los temas más abordados por los ciudadanos que escriben al periódico Granma.

Debido al masivo acceso a soportes tecnológicos como los celulares, no pocos pasajeros hacen pública su selección de canciones al no utilizar audífonos. ¿Resultado? Si el chofer pone bien alto su música, y otros lo abordan escuchando las suyas, es preferible bajarse rápidamente del vehículo antes que causar baja por sordera en esa guerra de ruidos.

Por otra parte, los usuarios del transporte público capitalino demandan —con razón— la limpieza de los ómnibus, el cumplimiento de las frecuencias cuando no sufren roturas, que se detengan en la parada aunque "no quepa uno más", el buen trato por parte de inspectores y choferes, que estos últimos no conduzcan con acompañantes ni a exceso de velocidad.

También molesta la irresponsabilidad y desconsideración de los viajeros que incurren en actitudes negativas. Con frecuencia vemos a un buen número de personas que aborda el ómnibus con un cigarro en la mano, molestando con el humo a los demás, o ingiriendo bebidas alcohólicas. Otros botan cualquier tipo de desecho en el piso, suben al vehículo por las puertas traseras sin abonar el dinero del pasaje o "cargados con cuanto tareco uno se imagina" (se quejaba una lectora), escriben en las paredes de los equipos y, peor aún, son protagonistas de agresiones contra los vehículos.

Las autoridades del transporte de La Habana han tomado medidas organizativas, aún insuficientes, para evitar que se produzcan estas situaciones. Pero la ley debe hacer mayor acto de presencia en los casos donde no imperan, al interior de un ómnibus o en la misma parada, el respeto a las normas, la armonía y el buen trato al otro.

 

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