Jardín Botánico Nacional

Insólito daño al patrimonio ecológico

Orfilio Peláez
pelaez@granma.cip.cu

Inaugurado junto con EXPOCUBA por el Comandante en Jefe Fidel Castro el 4 de enero de 1989, el Jardín Botánico Nacional (JBN), devino verdadera joya para promover el conocimiento científico, la conservación de especies, la recreación sana, y el fomento de una cultura ambiental en amplios sectores poblacionales.

fotos: José Manuel Correa fotos: José Manuel Correa

Evidencia de la tala
ilegal.

Doctora en Ciencias Ángela Leiva, directora del JBN.

Situado al sur de la capital, ocupa un área aproximada de 600 hectáreas y desde sus inicios como proyecto tuvo la asesoría del eminente científico alemán profesor Johannes Bisse, quien luego de llegar a nuestro país en octubre de 1966, se convirtió en un profundo conocedor de la flora nacional.

La primera gran siembra de posturas de árboles tuvo lugar tres años después al plantarse unos 22 000 ejemplares de especies forestales cubanas. Bajo el permanente aliento de la máxima dirección del país, el sueño se hizo realidad en las dos décadas siguientes.

Así surgieron los tres pabellones de exhibiciones, las diferentes zonas geográficas, pobladas con plantas y árboles característicos de cada una de esas regiones del mundo (América, Asia, África, Australia), el herbario que reúne cerca de 100 000 números de plantas y hongos de Cuba, la biblioteca especializada, hasta llegar a la construcción del hermoso Jardín Japonés, obsequio del gobierno de esa nación asiática por el 30 aniversario del triunfo de la Revolución.

Hasta 1990 fueron construidas diferentes edificaciones, incluidas cafeterías, restaurantes, locales administrativos, pero la llegada del Periodo Especial detuvo el ritmo y obras como el aula de educación ambiental, el centro científico-docente, y el nuevo herbario, nunca se terminaron.

A partir de entonces y con la agudización de la crisis económica, las instalaciones sufrieron un gradual deterioro debido, en lo fundamental, a la carencia de recursos para darles mantenimiento especializado a los pabellones y al lago del Jardín Japonés.

De manera simultánea, el aumento de la indisciplina social y la no existencia de una vigilancia adecuada del lugar al faltar los hombres y medios necesarios para ello, trajo consigo la sustracción escalonada de la casi totalidad de los 11,5 kilómetros de cerca perimetral, que delimita el espacio total del centro.

EL COSTO DE LA DESIDIA

En la segunda mitad del 2008 comenzaron a detectarse de manera esporádica casos aislados de tala ilícita de árboles, presumiblemente para lucrar con la madera.

Durante los dos años siguientes tan insólitos actos contra el patrimonio forestal ocurrieron con mayor frecuencia, lo cual hizo que en reiteradas ocasiones directivos del Botánico recurrieran a las autoridades competentes para denunciar los hechos.

Lamentablemente primó la incomprensión hacia aquellos reclamos y no se tomó ninguna medida o acción preventiva que evitara la repetición de tales sucesos.

Oídos mucho más receptivos y sensibilizados por tan delicado problema dieron un vuelco al asunto.Después de una exhaustiva investigación, en el transcurso del 2011 fueron detenidos varios ciudadanos que reconocieron su participación en el corte y sustracción de varios ejemplares de caoba africana.

Según precisa la Doctora en Ciencias Ángela Leiva, directora del JBN, más allá del valor comercial que pueda tener la madera, lo más grave es el daño ecológico ocasionado, pues las caobas africanas taladas reducen la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, aportan oxígeno, contribuyen a infiltrar el agua hacia el manto freático, enriquecen el suelo con sus hojas caídas y propician la vida a numerosos insectos, arácnidos, aves y otras especies.

Asimismo, no podemos olvidar que fueron sembradas hace más de tres o cuatro décadas y ya habían alcanzado el tamaño adecuado para cumplir las funciones mencionadas y representar el paisaje correspondiente a la zona de África Tropical existente en el Jardín, la cual perdió así buena parte de sus atractivos naturales.

Como comenta la también profesora titular de la Universidad de La Habana, resulta imposible revertir, ni a corto ni a mediano plazo, el perjuicio infligido. Habrá que empezar de cero y plantar nuevos ejemplares o manejar los retoños aparecidos que demorarán similar tiempo en crecer, indicó.

RENACER DE LA JOYA

Por fortuna, las cosas comienzan a cambiar de manera apreciable. Ya se levanta la nueva cerca, que tendrá alrededor de cinco kilómetros de piedra, igual cantidad conformada de piezas prefabricadas, y entre 500 y 600 metros de reja, en la parte correspondiente a la entrada principal y la de servicios.

Los tres pabellones de exhibiciones se reinauguraron recientemente completamente remozados, se asignaron diferentes vehículos y avanzados medios de comunicación para apoyar la protección física y el patrullaje nocturno, hay un trabajo profiláctico de prevención en los alrededores de la instalación, y fue aprobado el proyecto dirigido a levantar cinco torres de observación.

Además, acaba de completarse la plantilla de agentes de Seguridad y Protección Física, algo que en los últimos tres lustros no se había logrado.

Las perspectivas inmediatas contemplan el fortalecimiento de los programas de educación ambiental con la comunidad, niños, personas de la tercera edad, y otros grupos sociales; aumentar la calidad de la maestría en Botánica y demás programas de enseñanza de posgrado; así como potenciar la actividad investigativa a fin de llevarla a planos superiores.

Vale apuntar que los especialistas del JBN han obtenido importantes reconocimientos a su labor, entre ellos tres premios nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba, e igual cantidad de lauros otorgados por la Universidad de La Habana.

Sin duda, soplan vientos favorables para el renacer de esta verdadera joya "ecológica" de la capital. Cabría cuestionarse entonces ¿por qué hubo que llegar a tal grado de deterioro, y cuánto daño a su riqueza forestal pudo evitarse si se hubieran tomado las acciones correspondientes cuando fueron hechas las primeras denuncias sobre la tala de árboles?

¿Por qué no tomamos conciencia del valor que tiene para todos los habitantes del territorio el cuidado de una instalación que tantos beneficios reporta?

Sentencia del Tribunal

 

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