La tarde habanera de Alfredo Diez Nieto

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

"Fue un homenaje muy brillante y la ejecución ha sido estupenda desde la primera hasta la última pieza. Realmente estoy muy contento y conmovido con tanta demostración de talento", dijo el maestro Alfredo Diez Nieto a este redactor tras agradecer al violinista Evelio Tieles y al pianista Leonardo Gell, por la ofrenda musical que le dedicaron este fin de semana en la Basílica de San Francisco de Asís.

Foto: Yander Zamora Gell y Tieles escoltan al maestro Diez Nieto.

Nieto, de 93 años, es considerado el creador más longevo en activo de la música cubana. De su extenso repertorio, los instrumentistas estrenaron especialmente una versión de sus tres primeras estampas, Recuerdos, Lamento esclavo y Canción de Cuna. "Estas piezas las elaboré en 1938 para piano y me inspiré en la situación del negro esclavo. Le hice una ejecución para orquesta y Evelio me pidió que le desarrollara una versión para violín, y hoy quedé gratamente sorprendido por el modo en que las interpretaron", confesó Nieto.

En las notas introductorias al programa Leonardo Gell califica, con razón, de increíble y prácticamente insólito que este nonagenario autor continúe aún su actividad creativa. Nieto lo explica: "Yo tengo fuerzas suficientes para seguir componiendo" afirma. "Ahora escribo un concierto para violín que Evelio me pidió y terminé una sinfonía que espero estrenarla en el teatro Amadeo Roldán cuando se presenten las condiciones requeridas".

El concierto, ya se sabe, tuvo sus orígenes en la profunda admiración profesada por ambos hacia la fecunda obra del maestro, profesor y guía de numerosas generaciones de músicos cubanos. Eso, como no, se percibió sobre el escenario. Y mucho.

En esta tarde no solo le rindieron su homenaje personal a Nieto mediante el despliegue de notables versiones de sus obras. También lo hicieron a través del repaso de algunas de sus influencias. Frist Kreisler (1875-1962), Beethoven (1770-1827) y Manuel de Falla (1876-1946). Del primero, eligieron Variaciones sobre un tema de Corelli, y Preludio y Allegro. Del segundo, Sonata 0p. 24 en Fa Mayor Primavera, compuesta por cinco movimientos: Allegro, Adagio molto expresivo, Scherzo Allegro molto, y Rondo Allegro ma non troppo.

No sobró ni faltó nada. Todo ocupó su justo lugar como las piezas de un rompecabezas. En las primeras obras, por momentos, concibieron una ejecución llena de descubrimientos, que tuvo como piedra angular la contención interpretativa, como si se tratara de recrear —música mediante— la filosofía de un poema haiku. Por otros, desplegaron una mayor intensidad orientada a extraer, con precisión de cirujano, el máximo de recursos de sus instrumentos. En ambos casos transmitieron esa energía positiva y misteriosa que se percibe cuando los lenguajes del violín y el piano se unen con coherencia para establecer un intercambio sonoro de posibilidades infinitas. Sobre todo, cuando son bien atendidos por las manos de intérpretes del nivel de Tieles y Leonardo que, con su trabajo juntos desde hace años, ya han logrado conseguir una estrecha sincronía.

Eso saltó a la vista (y al oído) durante el recital en el que dieron la sensación de escuchar una misma idea o concepto rítmico sin fisuras. Salvo cuando Tieles debió abandonar repentinamente el escenario interrumpido por ruidos provenientes de la calle, que le impidieron mantener con atención su discurso musical. Algo que, junto al inoportuno sonido de los celulares, constituye un lamentable escollo cuando se trata especialmente de presentaciones de tal naturaleza.

Para arrojar luz sobre los pasos de Manuel de Falla eligieron su representativa Suite popular española, conformada por seis canciones populares: El paño moruno, Asturiana, Jota, Canción, Nana, Polo y Asturiana. No hubo alarde de virtuosismos o desbordamiento interpretativo en la travesía por los paisajes de esta obra. Prevaleció, eso sí, la calidad e imaginación de los instrumentistas sumergidos en un enriquecedor diálogo que los arrojó a un espacio muy personal donde todo lo demás parecía desaparecer y quedaba solo su forma natural de vida: la música.

En el cierre se adentraron más allá en el cosmos de Diez Nieto, al presentar el tercer movimiento Animato, de la Sonata para violín solo, dedicada por él a Tieles como testimonio, seguramente, de amistad y concordancia intelectual. Fue una exposición musical llena de matices que multiplicó los efectos de un concierto que, volviendo sobre las palabras de Leonardo, constituyó un acto de justicia con este gran maestro que sigue dialogando permanentemente con el genio de la creación. Con todo y sus 93 años.

 

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