Nieto, de 93 años, es considerado el creador más longevo en
activo de la música cubana. De su extenso repertorio, los
instrumentistas estrenaron especialmente una versión de sus tres
primeras estampas, Recuerdos, Lamento esclavo y
Canción de Cuna. "Estas piezas las elaboré en 1938 para piano y
me inspiré en la situación del negro esclavo. Le hice una ejecución
para orquesta y Evelio me pidió que le desarrollara una versión para
violín, y hoy quedé gratamente sorprendido por el modo en que las
interpretaron", confesó Nieto.
En las notas introductorias al programa Leonardo Gell califica,
con razón, de increíble y prácticamente insólito que este
nonagenario autor continúe aún su actividad creativa. Nieto lo
explica: "Yo tengo fuerzas suficientes para seguir componiendo"
afirma. "Ahora escribo un concierto para violín que Evelio me pidió
y terminé una sinfonía que espero estrenarla en el teatro Amadeo
Roldán cuando se presenten las condiciones requeridas".
El concierto, ya se sabe, tuvo sus orígenes en la profunda
admiración profesada por ambos hacia la fecunda obra del maestro,
profesor y guía de numerosas generaciones de músicos cubanos. Eso,
como no, se percibió sobre el escenario. Y mucho.
En esta tarde no solo le rindieron su homenaje personal a Nieto
mediante el despliegue de notables versiones de sus obras. También
lo hicieron a través del repaso de algunas de sus influencias. Frist
Kreisler (1875-1962), Beethoven (1770-1827) y Manuel de Falla
(1876-1946). Del primero, eligieron Variaciones sobre un tema de
Corelli, y Preludio y Allegro. Del segundo, Sonata 0p.
24 en Fa Mayor Primavera, compuesta por cinco movimientos:
Allegro, Adagio molto expresivo, Scherzo Allegro molto,
y Rondo Allegro ma non troppo.
No sobró ni faltó nada. Todo ocupó su justo lugar como las piezas
de un rompecabezas. En las primeras obras, por momentos, concibieron
una ejecución llena de descubrimientos, que tuvo como piedra angular
la contención interpretativa, como si se tratara de recrear —música
mediante— la filosofía de un poema haiku. Por otros,
desplegaron una mayor intensidad orientada a extraer, con precisión
de cirujano, el máximo de recursos de sus instrumentos. En ambos
casos transmitieron esa energía positiva y misteriosa que se percibe
cuando los lenguajes del violín y el piano se unen con coherencia
para establecer un intercambio sonoro de posibilidades infinitas.
Sobre todo, cuando son bien atendidos por las manos de intérpretes
del nivel de Tieles y Leonardo que, con su trabajo juntos desde hace
años, ya han logrado conseguir una estrecha sincronía.
Eso saltó a la vista (y al oído) durante el recital en el que
dieron la sensación de escuchar una misma idea o concepto rítmico
sin fisuras. Salvo cuando Tieles debió abandonar repentinamente el
escenario interrumpido por ruidos provenientes de la calle, que le
impidieron mantener con atención su discurso musical. Algo que,
junto al inoportuno sonido de los celulares, constituye un
lamentable escollo cuando se trata especialmente de presentaciones
de tal naturaleza.
Para arrojar luz sobre los pasos de Manuel de Falla eligieron su
representativa Suite popular española, conformada por seis
canciones populares: El paño moruno, Asturiana,
Jota, Canción, Nana, Polo y
Asturiana. No hubo alarde de virtuosismos o desbordamiento
interpretativo en la travesía por los paisajes de esta obra.
Prevaleció, eso sí, la calidad e imaginación de los instrumentistas
sumergidos en un enriquecedor diálogo que los arrojó a un espacio
muy personal donde todo lo demás parecía desaparecer y quedaba solo
su forma natural de vida: la música.
En el cierre se adentraron más allá en el cosmos de Diez Nieto,
al presentar el tercer movimiento Animato, de la Sonata
para violín solo, dedicada por él a Tieles como testimonio,
seguramente, de amistad y concordancia intelectual. Fue una
exposición musical llena de matices que multiplicó los efectos de un
concierto que, volviendo sobre las palabras de Leonardo, constituyó
un acto de justicia con este gran maestro que sigue dialogando
permanentemente con el genio de la creación. Con todo y sus 93 años.