Conflicto palestino-israelí

Des-arabizar Palestina

DALIA GONZÁLEZ DELGADO

El gobierno israelí no quiere la paz con Palestina. Sus planes son otros: des-arabizar la región. Y para eso ha encontrado varias fórmulas. Desde que Jerusalén Este fue ocupada por Israel en 1967 e incorporada a ese territorio en 1980 —ocupación que, por cierto, viola el derecho internacional—, Israel se ha propuesto lograr la mayoría demográfica en la ciudad, mediante una minuciosa y meditada construcción de enclaves en sitios puntuales.

Foto: Luz Welles, AIC.Asentamientos israelíes en un barrio musulmán en Jerusalén.

Las casas de los palestinos son destruidas, mientras se edifican industrias, carreteras, centros comerciales, escuelas y comunidades cerradas con piscinas, solo para los israelíes.

Durante el 2011 se levantaron en Cisjordania unas 2 500 nuevas casas para colonos israelíes, y se ampliaron los asentamientos en Jerusalén Este, para acelerar ese proceso.

Según datos del Centro de Información Alternativa (AIC) Palestina/Israel, si bien la ocupación física de la tierra se ha cumplido, ya que casi la mitad de Jerusalén Este se encuentra en manos de colonias, aún no hay mayoría judía, pues los colonos no forman más que el 35 % de la población total de Jerusalén Oriental. Si seguimos los estudios del profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Sergio Della Pergola "los judíos tienen una media de 2,7 hijos, los palestinos cuatro.

¿Cómo contrarresta Israel la mayoría demográfica palestina? Pues aislando físicamente a Jerusalén Oriental del resto de Cisjordania.

Según la especialista Luz Welles, también del Centro de Información Alternativa, Israel tiene planes arquitectónicos diseñados para separar Jerusalén Este de Cisjordania, algo que frustraría la posibilidad de una solución política que incluya la división de la ciudad y permita que Jerusalén Este sea capital del Estado palestino. Para los palestinos, no habrá acuerdo de paz hasta que Israel ceda el control de una parte de la ciudad.

La expropiación masiva de tierras constituye una política clara de Israel. En general, el discurso público israelí no trata dichas construcciones como asentamientos sino como barrios, considerándolos totalmente legítimos. Pero, de acuerdo con el derecho y la comunidad internacional, se trata de asentamientos ilegales, ya que se construyeron más allá de la Línea Verde, en territorio ocupado.

Desde 1967, han perdido su derecho a residir en Jerusalén Este, 70 000 palestinos, de acuerdo con cifras del Comité Israelí contra las Demoliciones (ICAHD, por sus siglas en inglés), una organización no gubernamental que defiende los derechos de los palestinos que viven en Jerusalén y Cisjordania.

Otro asunto importante que el Gobierno sionista sabe manejar muy bien para llevar a cabo la limpieza étnica es la educación. Miko Peled nació en Jerusalén, y aunque proviene de una renombrada familia sionista, se convirtió en activista por la paz. Con conocimiento de causa, explica cómo a través del sistema educativo el gobierno de Israel se dedica a adoctrinar y producir soldados.

"El racismo requiere una mentalidad formada por la educación. A fin de racionalizar y justificar la limpieza étnica, el sistema educativo israelí presenta a los palestinos como culturalmente inferiores, violentos e inclinados a la aniquilación de los judíos; y al mismo tiempo, carentes de una verdadera identidad nacional. La identidad nacional palestina no es más que el producto de alguna imaginación antisemita", afirma.

Los niños israelíes son educados para ver a los palestinos como un problema que debe ser resuelto y como una amenaza que debe ser eliminada. Los palestinos son presentados como una amenaza existencial mediante comparaciones absurdas, como la de Yasser Arafat con Hitler y la de los palestinos con los nazis. Como los niños israelíes nunca se encuentran con palestinos, lo único que saben de ellos es lo que aprenden en la escuela.

Des-arabizar la historia de Palestina es un elemento crucial de la limpieza étnica. Se banalizan 1 500 años de cultura y dominio árabe y musulmán en Palestina; se destruye la evidencia de su existencia.

Cualquier judío tiene el derecho, por la ley israelí "del retorno", a inmigrar a Israel. Se lo llama "derecho de nacimiento", aunque no hayan nacido allí. Sin embargo, todo palestino que nació allí, pero que fue expulsado, no tiene derecho a retornar. Muchos de ellos no tienen ni siquiera el derecho a visitar el país.

Estos privilegios no son la razón original del conflicto, pero demuestran que Israel no está interesado en ponerle fin. Los especialistas coinciden en que resolver el problema palestino es la clave para conseguir paz en Oriente Medio. Para eso, Israel primero debe respetar el derecho del pueblo palestino a existir y a tener un Estado.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir