USA e Israel

¿Un matrimonio mal llevado?

FÉLIX LÓPEZ

El gobierno de Estados Unidos vuelve a demostrar que le es incómodo su "aliado" Israel, aunque lo utiliza a su antojo como punta de lanza de sus planes imperiales. Recordemos que primero fue Barack Obama —micrófono abierto incluido— el que confesó al mandatario francés lo difícil que le resulta lidiar con el "mentiroso" Netanyahu. Ahora, Hillary Clinton, jefa de la diplomacia gringa, es la que sube a la cresta de la noticia.

Netanyahu prefiere cerrar los ojos…

Desde el pasado domingo, varios ministros y funcionarios israelíes han reaccionado con dureza a unas declaraciones que los medios hebreos atribuyen a la secretaria de Estado norteamericana. Hillary Clinton, también creyó que la privacidad existe en el entorno de los poderosos y dijo lo que pensaba de Israel en una reunión a "puerta cerrada", organizada el pasado sábado por la Brookings Institution, un centro de reflexión de Washington.

¿Qué dijo la Clinton off the record? Pues nada más y nada menos que alertó "contra las amenazas que pesan sobre la democracia y los derechos de la mujer en Israel". Y expresó su preocupación por la "legislación antidemocrática" aplicada por el ala más dura del gobierno dirigido por Benjamin Netanyahu, quienes acosados por las presiones de grupos ultraconservadores, han virado la espalda ante la segregación que se experimenta entre hombres y mujeres en algunos autobuses de Jerusalén.

Según reseña AFP, el primero en responderle fue Yuval Steinitz, ministro de Finanzas israelí, quien consideró que las declaraciones de Clinton son "totalmente exageradas". El titular de Medio Ambiente, Gilad Erdan, fue más allá en su opinión sobre el tema: "Los políticos extranjeros harían mejor en preocuparse de sus propios asuntos". Y como colofón, aparece la sentencia del ministro del interior, Eli Yishai, perteneciente al partido ultraconservador SAS: "Digan lo que digan, Israel sigue siendo la única democracia de la región".

El descontento no demoró en llegar a las sinagogas. Sholmo Amar, el rabino jefe de la comunidad sefardí en Israel, también respondió a la Clinton: "Usted no tiene conocimiento real de la modestia de una mujer judía". "El pueblo judío respeta a las mujeres y las tratan como reinas y princesas". "Usted debería aprender de las personas adecuadas, los académicos, para ver lo que es el pueblo judío respecto a sus mujeres".

La prensa, entretenida intencionalmente con este episodio, pasa por alto la reciente denuncia de la presidenta de la Corte Suprema israelí, Dorit Beinish, quien ha alertado sobre una campaña liberticida en su país, emprendida por la extrema derecha para atacar la independencia de la justicia. Esta amenaza se tradujo en los últimos meses contra una serie de leyes, ya aprobadas o en curso de aprobación, como un polémico proyecto de ley sobre la prensa, u otro cuyo objetivo sería la financiación de las ONG israelíes hostiles a la ocupación y colonización de los territorios palestinos.

Mientras estos "roces diplomáticos" trascienden a los medios, y el ministro de Defensa, Ehud Barak, declara desde Estados Unidos que la paciencia de Israel se estaba acabando, y es "la hora de actuar contra Irán", uno se pregunta cómo dos que aparentemente se llevan tan mal pueden ir juntos a la guerra. ¿Será que pretenden entretener y confundir con la escena típica del matrimonio mal llevado?

 

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