Detrás de la noticia

¡Corran que llegó Rasmussen!

La salud debería ser un derecho para todos. Ya sabemos que en la mayoría de los países no ocurre así, que para que un médico te vea y te diagnostique tienes que pagar; pero ni pagando la danesa Susanne Larsen de 44 años pudo obtener un servicio de calidad y salvarse de la humillación.

Resulta que Larsen se recuperaba de un tratamiento para un cáncer incurable de médula ósea cuando sintió el corre corre de los médicos que la trasladaban para una pequeña oficina sin ventanas. En su lugar toda una "personalidad" de nuestros días ocuparía la habitación: Anders Forgh Rasmussen, el secretario general de la OTAN, para recuperarse nada más y nada menos que de la operación en un brazo.

¿La razón de tan singular permuta? La primera habitación de Rasmussen no tenía ningún botón de emergencia. ¿Cómo dejar al distinguido secretario incomunicado tras una operación de esa índole?

Pero lo peor de la historia no quedó ahí; mientras Rasmussen se reponía confortablemente de su fractura por una caída en un paseo en bicicleta, Larsen contó al periódico Daily Mail que en su "flamante" habitación sufrió un ataque y quedó navegando en su propio vómito porque los empleados la dejaron sola durante más de cuatro horas. Claro, todos estaban velando el sueño postoperatorio del secretario de la OTAN.

Si necesita algo golpee la cuchara contra la taza, le aconsejaron las enfermeras, pero a pesar de sus señales y sus gritos, nadie vino a auxiliarla¼ (Mayté Madruga Hernández)

 

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