Señora
Presidenta:
Me complace dar la bienvenida al Gobierno de Sudán del Sur como
Estado miembro de la Organización de las Naciones Unidas.
Me sumo al llamado de los líderes africanos a dar una respuesta
internacional urgente y efectiva a la hambruna en el Cuerno de
África.
Señora Presidenta:
Mientras aquí deliberamos, transcurre en Libia otra "guerra
preventiva", con el pretexto de "la protección de civiles". Los
Estados Unidos y la OTAN, supuestamente para evitar una masacre,
atacaron militarmente a un Estado soberano, sin que mediara amenaza
alguna a la paz y la seguridad internacionales y desataron una
operación de "cambio de régimen".
La OTAN impuso al Consejo de Seguridad una cuestionable
resolución que autorizó "a los Estados Miembros …a que, actuando a
título nacional o por conducto de organizaciones o acuerdos
regionales.., adopten todas las medidas necesarias, para proteger a
los civiles y a las zonas pobladas por civiles que estén bajo
amenaza de ataque".
Después, se produjo la violación de esta misma resolución, por
parte de la OTAN, para suministrar armamento, financiar a una parte
y desplegar personal operativo y diplomático en el terreno.
Ahora todos comprenden mejor qué es y para qué puede usarse la
"responsabilidad de proteger".
En esta guerra, además del empleo de las tecnologías militares
más avanzadas y letales, los medios de comunicación han sido
utilizados como armas en combate por los emporios
financiero-mediáticos que lucran con la guerra y la reconstrucción
como instrumentos anti-crisis.
Tan temprano como el 21 de febrero, el Comandante en Jefe Fidel
Castro Ruz, había advertido que la OTAN preparaba, de manera
inevitable, una guerra contra Libia. Desde entonces, fue infatigable
la defensa por Cuba, no de un gobierno, sino de un principio: es
inaceptable el asesinato de miles de personas inocentes con el
dudoso objetivo de proteger a otros civiles. La historia demuestra
también con elocuencia que la paz no puede imponerse ni por la
guerra ni por la fuerza.
Sólo corresponde al pueblo libio determinar sus destinos, sin
intervención extranjera, en ejercicio del derecho a la
autodeterminación, a la independencia, a la soberanía sobre sus
recursos naturales y a la integridad de su territorio.
La intervención militar en Libia y la creciente amenaza a Siria
han sido las respuestas oportunistas y defensivas de Estados Unidos
y de Europa al colapso de su sistema de dominación y saqueo en
África Norte y Medio Oriente, al surgimiento de movimientos
genuinamente populares en Túnez, Egipto y otros países; para
asegurarse grandes reservas de petróleo, agua y confiscar activos
financieros en tiempos de crisis económica y social global.
Corresponde a esta Asamblea General ejercer todas sus facultades
para impedir que se desate una agresión militar contra Siria. La
opinión pública debe recibir información objetiva y expresarse
contra la guerra.
Señora Presidenta:
El presidente Barack Obama, en sus amenazadores, engañosos y
retóricos discursos del 20 y 21 de septiembre pasados, proclamó lo
ocurrido en Libia como un nuevo modelo. Dijo que, y cito, "esta es
la manera en que la comunidad internacional debe trabajar en el
siglo XXI –más naciones están asumiendo la responsabilidad y los
costos del enfrentamiento a los desafíos globales. De hecho, este es
el verdadero propósito de las Naciones Unidas. Por tanto, cada una
de las naciones representadas aquí hoy puede sentirse orgullosa de
las vidas inocentes que nosotros salvamos y de haber ayudado a los
libios a recuperar su país. Lo que se hizo, fue lo correcto".
Por su parte, un alto funcionario de la Casa Blanca, escribe en
la revista Foreign Affairs, que "la nueva estrategia de Estados
Unidos es más eficaz y menos costosa.., la del gobierno de Bush
considera la ocupación.., la de Obama es una liberación nacional… La
estrategia de la intervención militar en Libia podría aplicarse
también en otros casos".
Con todo cinismo, se alude a una agresión militar sin bajas, ni
tropas terrestres, cuyos costos recaen fundamentalmente en Europa. A
la desestabilización de un país mediante la subversión, las
operaciones encubiertas y las sanciones económicas se le llama, en
esta doctrina, "desarrollo de un movimiento nacional".
Este nuevo modelo de operaciones de "cambio de régimen" demuestra
que las actuales doctrinas militares de los Estados Unidos y de la
OTAN son aun más agresivas que las precedentes y que la llamada
"periferia euroatlántica" abarca al resto del planeta.
Nadie podría tener dudas de que América Latina y el Caribe están
incluidos en esta concepción. El redespliegue de la IV Flota, el
desarrollo de bases, fuerzas y medios militares para intervenir en
cualquier punto de la región; el golpe de estado contra Venezuela
del 2002 y luego el golpe petrolero; la sedición en Santa Cruz en
Bolivia, el golpe militar en Honduras y el intento de golpe en
Ecuador encajan perfectamente en la "nueva estrategia".
¿Pueden hoy dar garantías Estados Unidos y la OTAN de que el uso
de la fuerza y este concepto de "cambio de régimen", no es aplicable
en el caso de los países de la América Latina y el Caribe que no se
sometan a sus intereses? ¿Puede decir algo al respecto la Unión
Europea? ¿Qué harían las Naciones Unidas en esa eventual situación?
Señora Presidenta:
La debilidad de la economía global, en particular la de Estados
Unidos y Europa, sigue mostrando que la crisis económica iniciada en
el año 2008 no ha sido superada.
En los países desarrollados, el peso terrible de sus
consecuencias se descarga sobre los trabajadores, los desempleados,
los inmigrantes y los pobres, a quienes se reprime brutalmente
cuando defienden pacíficamente sus derechos.
Los países del Sur, siempre expoliados, padecemos las
distorsiones de un orden económico mundial que excluye nuestros
intereses legítimos. Sufrimos el impacto terrible del proteccionismo
y del sostenido incremento de los precios de los alimentos y los
hidrocarburos. Las poblaciones de muchos países en desarrollo son
víctimas del agotamiento del modelo económico neoliberal y de sus
secuelas de saqueo y exclusión. Las consecuencias sociales y
políticas se sienten en todos los continentes.
Señora Presidenta:
En las circunstancias de una crisis económica global y del
agotamiento de los recursos naturales del planeta, ¿cuál será la
respuesta de las fuerzas extremistas de derecha que están o lleguen
al poder como resultado del castigo y la desesperanza de los
electores?
Frente al creciente y universal peligro de la guerra, de un nuevo
reparto del mundo y del cambio climático, ¿podremos actuar unidos
los países del Sur como condición indispensable para salvarnos?
Ante tantos y serios peligros, América Latina y el Caribe, la de
Bolívar y Martí, se integra, resuelta a hacer lo que ellos dejaron
sin terminar. No se podrá dividirnos ni enfrentarnos. El ALBA es un
pequeño pero moralmente poderoso haz de pueblos y la nueva Comunidad
de Estados Latinoamericanos y Caribeños es un hecho. Toda la fuerza
de los Andes se expresará pronto en una Cumbre que será un parto
histórico en Caracas, el epicentro de la independencia americana,
donde un pueblo bolivariano ha conquistado el poder y un líder
continental, el Presidente Hugo Chávez Frías, se agiganta.
Más que nunca, hay que defender a las Naciones Unidas, pero el
mayor desafío es convertirlas en una organización que sirva a los
intereses legítimos de todos los Estados, en vez de a las
arbitrariedades y abusos de unos pocos países ricos y poderosos. Hay
que hacer prevalecer el Derecho Internacional y los Propósitos y
Principios de la Carta ante la fuerza bruta que intenta barrerlos.
Es necesario restablecer el papel rector de esta Asamblea y
refundar el Consejo de Seguridad.
Señora Presidenta:
La Asamblea General tiene la ineludible obligación moral,
política y jurídica de garantizar el reconocimiento de un Estado
palestino independiente, en las fronteras anteriores a 1967 y con
capital en Jerusalén Oriental, como Miembro pleno de la Organización
de las Naciones Unidas.
Debe hacerlo con o sin el Consejo de Seguridad, con veto
norteamericano o sin él, con o sin nuevas negociaciones de paz.
Si se reconoce el derecho inalienable del pueblo palestino a la
independencia, la soberanía y la autodeterminación; si se reconoce
que hay que restablecer el ejercicio de los derechos humanos de los
palestinos; si se acepta que el bloqueo a Gaza, la coerción
económica, y la segregación que simboliza el infame muro, son
crímenes; si el sometimiento de una nación a condiciones que
amenazan su existencia tipifica como genocidio, si es que los
Estados Miembros deben adoptar todas las medidas lícitas a su
alcance para garantizar la protección de los civiles palestinos, la
Asamblea General debe actuar ahora.
Cuba, de la que es parte una pequeña comunidad hebrea, condena
asimismo la injusticia histórica del antisemitismo, el crimen contra
la Humanidad que fue el Holocausto y reconoce también el derecho del
Estado de Israel a su existencia. Nuestro pueblo sólo alberga
sentimientos de fraternidad hacia el pueblo israelita también
víctima de este conflicto.
Igual proclama que Estados Unidos tiene la obligación moral,
política y jurídica de cesar el veto continuo a las resoluciones del
Consejo de Seguridad destinadas a proteger a los civiles palestinos.
La Unión Europea debiera oponerse a ese veto y abstenerse de
apoyar al imperio en la presión brutal que ejerce sobre los Miembros
de esta Asamblea y del propio Consejo. Debiera Europa denunciar
también, porque es cierto y justo, que esos crímenes no estarían
ocurriendo sin el suministro militar, el sostén financiero y la
impunidad que Estados Unidos garantiza al gobierno de Israel.
Señora Presidenta:
El 11 de septiembre del 2001, los cubanos compartimos el dolor
del pueblo norteamericano ante aquellos atroces actos terroristas y
le ofrecimos solidaridad, aliento y cooperación desinteresada. Como
siempre, Cuba se expresó entonces, con meridiana claridad, contra el
terrorismo y contra la guerra.
Diez años después, el mundo es aun más inseguro porque, en vez de
convertir el consenso mundial contra el terrorismo en un sistema de
cooperación internacional para hacerle frente, los Estados Unidos
han invadido y ocupado a Iraq y Afganistán, provocado la muerte de
cientos de miles de personas y el sufrimiento de decenas de
millones.
No pudo ocultarse el uso del engaño, la tortura, los asesinatos o
ejecuciones extrajudiciales, la desaparición de personas, las
detenciones arbitrarias, los vuelos y las cárceles secretas de la
CIA en Europa y otras regiones.
El gobierno de Estados Unidos ofende la memoria de las víctimas
del 11 de septiembre, cuando mantiene en prolongado e inhumano
encarcelamiento a los cinco luchadores antiterroristas cubanos,
condenados injustamente a penas de máxima severidad, en procesos
judiciales espurios, por buscar información sobre la actividad
terrorista de grupos que han operado con absoluta impunidad, desde
territorio norteamericano, contra Cuba y provocado la muerte o
discapacidad de 5577 de nuestros ciudadanos.
Insto respetuosamente, una vez más, al Presidente Obama a que use
sus facultades para ponerlos en libertad como acto de justicia o
gesto humanitario que sería apreciado profundamente por sus hijos,
esposas, madres, padres y por todo nuestro pueblo.
Señora Presidenta:
El gobierno cubano reitera su disposición e interés en avanzar
hacia la normalización de relaciones con los Estados Unidos. Reitero
hoy la propuesta de iniciar un diálogo dirigido a la solución de los
problemas bilaterales, incluidos los asuntos humanitarios, igual que
la oferta de negociar acuerdos de cooperación contra el
narcotráfico, el terrorismo, el tráfico de personas, los desastres
naturales y la protección del medio ambiente, incluso frente a
derrames de petróleo como el ocurrido en la plataforma de la British
Petroleum, en el Golfo de México.
Sabemos, sin embargo, que la carrera electoral ya ha comenzado en
este país, mientras la economía se agrava.
El bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba se
intensifica y alcanza ya daños acumulados por 975 miles de millones
de dólares, al valor actual del oro. El intento de subvertir el
orden constitucional elegido libremente por los cubanos se acentúa.
Aumenta la presión de la ultraderecha y de la mafia de origen
cubano para revertir las mínimas acciones adoptadas por el gobierno
norteamericano que favorecen, en alguna medida, los vínculos de la
emigración cubana con su Nación y los intercambios entre ambos
pueblos.
En Cuba, el presidente Raúl Castro Ruz ha reiterado que
continuaremos cambiando, de manera soberana, todo lo que deba ser
cambiado, para hacer más eficiente nuestra economía y mejor nuestro
socialismo. Para "conquistar toda la justicia" y preservar plena
toda nuestra independencia.
Como quería Martí, "antes que cejar en el empeño de hacer libre y
próspera a la Patria, se unirá el mar del Sur al mar del Norte y
nacerá una serpiente de un huevo de águila".
Muchas gracias.