Baracoa y su medio milenio

El municipio guantanamero de Baracoa, conserva el privilegio de ser la primera villa fundada en Cuba por los conquistadores españoles. Justo el próximo 15 de agosto la Ciudad Primada festejará el aniversario 500 de su creación

YAIMA PUIG MENESES

De un primer vistazo parece como si la ciudad de Baracoa jugara a esconderse entre tanta vegetación y montañas descollantes. Ni idea tenía de lo que esperaba a mis ojos después de sortear el trayecto de esa portentosa obra de ingeniería que es La Farola.

¿El primer impacto? La cordialidad y sencillez de su gente.

Mas, el nombre de esta antiquísima localidad invoca también la exquisita fragancia del chocolate; el más caudaloso río de la Isla: el Toa; la meseta del Yunque, uno de sus tantos emblemas naturales; macizos montañosos dotados de una vigorosa vegetación de bosques vírgenes, pletóricos de flora y fauna endémicas; las prominentes lluvias... y, además, el privilegio de ser la ciudad más antigua de Cuba.

Innumerables son los detalles que durante estos cinco siglos han ido conformando el presente de esta prístina urbe, fundada el 15 de agosto de 1511 como Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, primera villa del proceso de conquista y colonización de la Isla. Y es tal la historia que encierran sus calles, sus casas o su gente, que aún 500 años después sigue siendo extraordinaria, comenta a Granma Alejandro Hartamann Matos, historiador de esta localidad guantanamera.

Fotos: de la Autora y Ricardo López Hevia.

Fotos: de la Autora y Ricardo López Hevia.

Fotos: de la Autora y Ricardo López Hevia.
La exhuberancia de la Villa, con su Yunque, sus hermosos paisajes y el carisma de su gente.

Cuentan que fue Cristóbal Colón, en el año 1492, quien "descubrió" Baracoa al mundo; no obstante, a su llegada a este pedazo de tierra ya existían allí asentamientos aborígenes con sus bohíos, sus caneyes, sus sembrados, sus embarcaciones... que con el paso de los años fueron mezclándose con otras culturas sin perder el encanto de sus raíces primitivas, de las cuales también forman parte imprescindible los caciques Hatuey y Guamá.

Dicen los lugareños que por estos rumbos todas las tardes son iguales: llueve a cántaros. Quizás por eso uno de sus más conocidos seudónimos es el de Ciudad de las Aguas, el cual reafirman los acumulados de precipitaciones que anualmente se registran con un promedio de más de 2 200 milímetros, el más alto de todo el país.

Según directivos del territorio, el favorable clima, unido al predominio del relieve montañoso, imprimen en la agricultura de la región características peculiares convirtiéndola en la principal zona con potencial cacaotero del país. Especialistas aseguran que aquí se cosecha el mejor fruto, con el cual se respaldan las producciones de la Fábrica de Chocolate del territorio, y se abastecen otras industrias del país.

Mas, no solo la divinidad de ser una zona cacaotera distingue a Baracoa. Múltiples han sido los sucesos que en estos cinco siglos han marcado su historia. Podríamos hablar del poema La Florida —entonces posesión española—, primera obra literaria realizada en Cuba, escrita por Fray Alonso de Escobedo y dedicada a esta tierra; de la conservación de la Cruz de la Parra, única existente de las 29 colocadas por Cristóbal Colón durante sus viajes por América; de sus primeras plantaciones cafetaleras introducidas por los emigrantes franceses provenientes de Haití; de sus estratégicas fortificaciones militares, convertidas hoy en museos o centros recreativos en los cuales aún late la historia...

Una historia enriquecida después del triunfo de enero de 1959, momento a partir del cual la Primada de Cuba comenzó a mostrar al Atlántico un rostro diferente. Hasta aquí llegaron también los médicos, las escuelas, el deporte... y la majestuosa carretera de La Farola, que como singular obra de ingeniería, premia su propia naturaleza y desde la cual, tanto en ascenso como en descenso, se aprecia un exuberante paisaje.

Día a día sus sinuosas calles se llenan de la algarabía de su gente que intentan a toda costa mantener sus tradiciones a pesar del deterioro arquitectónico visible en muchos lugares. Sobreviven así primigenios bailes como el nengón y el kiribá; sus famosas y ancestrales recetas culinarias como el bacán —un plato hecho con plátano verde y carne de cerdo—, los cucuruchos de coco —dulce confeccionado con miel y frutas que se envuelven en yaguas—, o el famoso tetí —un pez pequeño que solo se captura en esta zona de la Isla y se come frito y entomatado.

Baracoa es eso y más. No alcanzarían los espacios para contar su historia, porque a pesar de los siglos, esta mágica y alejada ciudad permanece llena de vida, de gente, de leyendas, de colores, de música, de alegría... Y continúa allí, con sus pintorescas casas de techumbre rojiza rodeadas de su peculiar paisaje, sumando poquitos de muchas partes para seguir siendo única a través del tiempo.

 

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