Chávez con su Pueblo:

“En el epicentro de mi amor más grande”

FÉLIX LÓPEZ

Venezuela asiste a una singular celebración de su Bicentenario. A pocas horas del 5 de julio, fecha de la independencia, el Comandante Chávez, rodeado de la pasión y el amor de su seguidores, apareció en el Balcón del Pueblo y asumió una de las más firmes y optimistas decisiones de Bolívar: "Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca".

Desde los alrededores del Palacio de Miraflores, una multitud enardecida, entre lágrimas, consignas y cantos, le devolvía a Chávez todo el amor que él ha sembrado en su pueblo: "Volvió, volvió, volvió"... "¡Palante, Comandante!", "Gracias Fidel, por cuidar de él"... , "Uh, Ah, Chávez no se va"... , coreaban venezolanos de todas las edades, venidos de todas partes, tan pronto descubrieron en Venezolana de Televisión que el Comandante había llegado en horas de la madrugada.

Él, vestido de impecable paracaidista, abrazado a sus hijas, anunció que este era el inicio del retorno, para remontar la cuesta y ganar la batalla: "Aquí estoy en el epicentro de mi amor más grande. Amor con amor se paga". Y cuando desde la multitud le exclaman: "Hay Chávez para rato", el Presidente responde: "Hemos comenzado a vencer el mal que se incubó en mi cuerpo, y esta nueva batalla también la ganaremos, y la ganaremos juntos, por la vida, por la Patria y por la Revolución".

Sus palabras tenían el tono confidencial del amigo, del hermano, del Chávez familiar que le habla claro a su pueblo. Una breve pero esclarecedora explicación de su condición médica y un profundo agradecimiento: "Doy gracias a José Gregorio Hernández, a la magia del pueblo, a las oraciones del pueblo, a los médicos, a la ciencia médica, a la vida, a Fidel Castro, que ha sido prácticamente el jefe médico de la legión de médicos venezolanos y cubanos que desde el primer día se dedicaron con esmero a esta batalla".

Cuando Chávez explica que debe seguir un estricto control médico para su plena recuperación, casi como un cadete, y mientras su hija Rosa Virginia le advierte que ya lleva media hora de discurso, el Pueblo todo, a una voz, lo invitan a descansar. Pero el Comandante emocionado les pide permiso, con humildad, para otros dos o tres minutos: "Yo sé que ustedes lo comprenden porque son los primeros en acompañarme para la victoria definitiva. Viviremos y venceremos todas estas dificultades".

Sabía que no podía retirarse del Balcón del Pueblo, sin referirse a la pasión que lo aferró a la vida en todos estos días: "Mañana es 5 de julio: ¡viva la República Bolivariana, la hija de Bolívar! Mañana es día de júbilo, desde ya está encendida la pasión patria, todo el fuego sagrado de esta Caracas y de esta Venezuela heroica... Esta es la hora de la vida y de la independencia definitiva de la Patria venezolana, es la hora del pueblo venezolano, y yo, hijo de este pueblo, no podía faltar a la fiesta bicentenaria de la vida de la Patria en cuerpo, alma y espíritu".

Abrazado a todos sus símbolos, el Himno, la Bandera y aquel crucifijo que lo acompañó en las horas difíciles del golpe fascista del 2002, Chávez comenzó a despedirse del pueblo: "Este Cristo es el mismo que mostré el 14 de abril, de aquel retorno. Lo levanto de nuevo. ¡Cristo con nosotros! ¿Quién contra nosotros? ¡El pueblo con nosotros! ¿Quién contra nosotros?"... Y le costó desprenderse de la gente. Y entró y salió repartiendo saludos, lanzando besos, contagiando amor.

Las puertas del Balcón del Pueblo se cerraron. Chávez, disciplinado, debía merendar y descansar. Pero afuera todos siguieron celebrando el regreso, asegurando que hasta Dios es chavista, contando que un 80 % de los venezolanos está pendiente de la salud y de la recuperación del Comandante, mientras el otro 20 % se ha quedado con la boca abierta. Son los mezquinos que califican de show mediático la enfermedad de Chávez, emulando a aquella oligarquía fascista argentina que celebró la muerte de Evita Perón con unas vallas infames, que daban vivas al cáncer.

Pero en esa actitud recibirán del Pueblo la más histórica de todas sus derrotas. Ya les advertía el vicepresidente Elías Jaua: "En honor a la nobleza del pueblo venezolano, que nada tiene que ver con esa cultura morbosa que se ha adueñado de la mente de pequeños sectores, respeten el amor de este pueblo desbordado en las calles de Caracas, respeten la salud de un ser humano que es Hugo Chávez".

Lo demás ya lo dijo el Pueblo de todas las formas posibles. Y lo resumió el cartel con que un joven esperó todo el día bajo el Balcón del Pueblo: "Vamos a defender la alegría como una trinchera/ defenderla del escándalo y de la rutina/ de las miserias y los miserables".

 

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