Nueva Esperanza del hacer campesino

Miguel Febles Hernández

No hay que adentrarse mucho en el campo para encontrar excelentes ejemplos de buenas prácticas productivas sobre bases agroecológicas: la Finca La Nueva Esperanza, perteneciente a la Cooperativa de Crédito y Servicios Renato Guitart Rosell, constituye todo un paradigma en tales menesteres.

Foto: Jorge Luis Téllez Camilo muestra orgulloso las excelentes mazorcas de su maizal.

Ubicadas en la circunvalación sur de la ciudad de Camagüey, las tierras del campesino Camilo Mendoza Caballero han visto multiplicar y diversificar los frutos, sin mermar un ápice su fertilidad, desde que hace poco más de dos años se incorporaron al programa de la agricultura suburbana.

"Esto que usted ve son apenas cuatro hectáreas que me entregaron a finales del 2008 por el Decreto-Ley 259, tres de las cuales están dedicadas a los cultivos y la otra es un potrero para los animales", aclara Camilo, mientras muestra al visitante los resultados de un titánico esfuerzo.

Intercaladas entre el mango, la guayaba, el aguacate y los cítricos, se logran, unas tras otras, buenas cosechas de maíz, boniato, frijol, garbanzo, cebolla y flores, para lo cual cuenta con el concurso de José Márquez Rocha, Lino Mola Hinojosa y Aurelio Fonseca Díaz, un trío que sabe aprovechar cada minuto disponible.

Como si el día tuviera más de 24 horas, a sus obligaciones cotidianas suman también la atención de un vivero con posturas de árboles frutales muy demandadas por las unidades productivas vecinas, además de incursionar, de manera experimental, en la siembra en pequeña escala de fresa, melocotón, uva y manzana.

"Aquí, asegura Camilo, no hay área vacía. Lo que hacemos es una buena rotación de los cultivos. Apenas se cosecha, inmediatamente preparamos la tierra para una nueva siembra, siempre fertilizada con humus de lombriz y compost, materias orgánicas que no dejan que se agote el suelo".

La mejor experiencia de La Nueva Esperanza radica, sin embargo, en el manejo agroecológico de plagas, una acción de carácter preventivo que reporta no pocos dividendos:

"Tenemos montado un sistema de trampas de colores, de agua de miel y de luces, entre otras, para evitar que lleguen las plagas a los cultivos. Nunca más he tirado un producto químico aquí. Uno coge una guayaba o un mango del campo y se los puede comer totalmente sanos".

Ello convierte a Camilo en un activo promotor de dichos métodos para los sistemas suburbanos de producción, labor que ha sido reconocida por la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF) y por especialistas y campesinos de cerca de una decena de países que visitaron el lugar.

Ese positivo aval dentro del movimiento agroecológico "De campesino a campesino", más el estricto cumplimiento de sus compromisos de entrega al Estado, hicieron posible que se le asignaran otras ocho hectáreas adicionales, terreno en el que ya labora para convertirlo en una finca integral de frutales.

"Aunque no estamos exentos de dificultades, hoy trabajo en mejores condiciones: tengo dos sistemas de riego, una yunta de bueyes con toda la familia de implementos, recibo un poco más de insumos que antes y los precios de nuestros productos son favorables".

A lo dicho por Camilo cabe agregar que el centro de recepción de las producciones contratadas, cuyo pago se materializa dentro del propio mes, no rebasa el kilómetro de distancia, mientras los excedentes van a parar al punto de venta de la cooperativa, ubicado en la Carretera Central, en la vía hacia el oriente.

"Es cierto que hay que trabajar duro, pero se ven los frutos de tanta dedicación. Esto no cae del cielo, ni nace de manera espontánea", confiesa Camilo, quien resultó el año pasado el mejor productor de viandas del municipio de Camagüey y mereció la condición de Vanguardia Nacional de la ANAP.

 

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