El cinéfilo puede quedarse a ras de tierra (películas puramente
comerciales) o crecer y convertirse en un especialista que de
ninguna manera se tragará la subversión de lo que vale menos contra
lo que vale más.
Al igual que alguien que haya leído mucho, el cinéfilo integral y
con un número respetable de títulos pasados por la retina, es
respetado a la hora de emitir un juicio entre conocedores.
Da lustre poder comentar la técnica narrativa de Rashomon,
o referirse a la dramaturgia en Casablanca.
Recuerdo que allá en los años sesenta del pasado siglo, para los
estudiantes de cualquier carrera de Humanidades era un sacrilegio no
haber visto el más reciente Bergman, ni estar al tanto de las
últimas simbologías (que no eran tales) de Federico Fellini.
Las discusiones se armaban lo mismo antes de entrar, que al salir
de clases. Por supuesto que dominaban los teóricos de fondo, pero
había toda una escala de diletantes que en los debates alternaban
razones con pasión. Y resaltaba uno, mal estudiante y "barco", que
sin haber visto, opinaba.
Le inventamos un nuevo director recién llegado a nuestras
pantallas, Kuishi-Yama (buscar en la geografía de Japón), y delante
de él comenzamos a comentar las excelencias artísticas del
inexistente. Al principio se mantuvo a la escucha. Al tercer día no
pudo resistir meter la cuchareta: "Sí, está bien, pero Kurosawa es
más completo".
Más de cuarenta años después recuerdo la anécdota al leer una
encuesta realizada por el portal británico LoveFilm, interesado en
saber cuáles eran las películas que, sin haber visto, muchos daban
por conocidas para quedar como entendidos ante amigos y familiares.
Un 30 % de más de 1 500 participantes hicieron que la primera
entrega de El padrino (Coppola, 1972), ocupara el primer
lugar: No la vieron, pero dijeron que sí para no perder puntos en la
estima de otros cinéfilos.
Llama la atención que la diez películas que encabezan la lista
son títulos de calidad, norteamericanos, como en la mayoría de las
encuestas, pero casi todos básicos para quien se precie de
conocedor. Así tenemos que en segundo lugar, con un 13 % de
engañadores, aparece la mítica Casablanca (Michael Curtiz,
1942) y en el tercero, Taxi Driver (Scorsese, 1976) con un 11
% de los encuestados reconociendo haber mentido.
También están Reservoir Dogs, la ópera prima de Tarantino,
Apocalypse Now, de nuevo Coppola, y Blade Runner, de
Ridley Scott.
Lo que no dice la encuesta es cuántos, de los que se reconocieron
mentirosos, trataron después de verlas, y cuántos seguirán de por
vida imaginando la expresión y el tono de voz de Bogart al decir
ante la Bergman, "here's looking at you, kid".