Mintiendo al cine

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Considerada una de las industrias más rentables del mundo (especialmente la norteamericana), el cine crea legiones de cinéfilos que están a la caza de lo último.

Cartel de El padrino (I), de Francis Ford Coppola.

El cinéfilo puede quedarse a ras de tierra (películas puramente comerciales) o crecer y convertirse en un especialista que de ninguna manera se tragará la subversión de lo que vale menos contra lo que vale más.

Al igual que alguien que haya leído mucho, el cinéfilo integral y con un número respetable de títulos pasados por la retina, es respetado a la hora de emitir un juicio entre conocedores.

Da lustre poder comentar la técnica narrativa de Rashomon, o referirse a la dramaturgia en Casablanca.

Recuerdo que allá en los años sesenta del pasado siglo, para los estudiantes de cualquier carrera de Humanidades era un sacrilegio no haber visto el más reciente Bergman, ni estar al tanto de las últimas simbologías (que no eran tales) de Federico Fellini.

Las discusiones se armaban lo mismo antes de entrar, que al salir de clases. Por supuesto que dominaban los teóricos de fondo, pero había toda una escala de diletantes que en los debates alternaban razones con pasión. Y resaltaba uno, mal estudiante y "barco", que sin haber visto, opinaba.

Le inventamos un nuevo director recién llegado a nuestras pantallas, Kuishi-Yama (buscar en la geografía de Japón), y delante de él comenzamos a comentar las excelencias artísticas del inexistente. Al principio se mantuvo a la escucha. Al tercer día no pudo resistir meter la cuchareta: "Sí, está bien, pero Kurosawa es más completo".

Más de cuarenta años después recuerdo la anécdota al leer una encuesta realizada por el portal británico LoveFilm, interesado en saber cuáles eran las películas que, sin haber visto, muchos daban por conocidas para quedar como entendidos ante amigos y familiares.

Un 30 % de más de 1 500 participantes hicieron que la primera entrega de El padrino (Coppola, 1972), ocupara el primer lugar: No la vieron, pero dijeron que sí para no perder puntos en la estima de otros cinéfilos.

Llama la atención que la diez películas que encabezan la lista son títulos de calidad, norteamericanos, como en la mayoría de las encuestas, pero casi todos básicos para quien se precie de conocedor. Así tenemos que en segundo lugar, con un 13 % de engañadores, aparece la mítica Casablanca (Michael Curtiz, 1942) y en el tercero, Taxi Driver (Scorsese, 1976) con un 11 % de los encuestados reconociendo haber mentido.

También están Reservoir Dogs, la ópera prima de Tarantino, Apocalypse Now, de nuevo Coppola, y Blade Runner, de Ridley Scott.

Lo que no dice la encuesta es cuántos, de los que se reconocieron mentirosos, trataron después de verlas, y cuántos seguirán de por vida imaginando la expresión y el tono de voz de Bogart al decir ante la Bergman, "here's looking at you, kid".

 

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