Control de la masa ganadera

A vaquería revuelta…

Miguel Febles Hernández

En asuntos de ganadería, pueden encontrarse dos polos diametralmente opuestos: allí donde imperan el orden y la disciplina, no hay que indagar mucho para comprobar que las cosas marchan bien y los resultados están a la mano; otro, sin embargo, es el panorama en aquellas unidades donde prevalecen el descontrol y la falta de exigencia administrativa.

Foto: Jorge Luis TéllezEl conteo sistemático de los animales favorece el adecuado control de la masa vacuna.

A río revuelto¼ Es harto conocido el viejo refrán, que ilustra en formidable síntesis cuántos dividendos sacan a su favor quienes se aprovechan de la desorganización y la negligencia para actuar de manera impune en detrimento de la propia entidad, desangrada en lo económico y en lo productivo sin que medie una respuesta acertada del colectivo en cuestión.

La mortalidad vacuna, a modo de ejemplo, constituye hoy el talón de Aquiles de la ganadería camagüeyana, con varias empresas por encima de los índices medianamente permisibles, situación nada favorable para la gestión económica del sector en la provincia, que perdió el año pasado, solo por ese concepto, más de 16 millones de pesos.

En ello inciden, por supuesto, circunstancias sumamente perjudiciales para el buen hacer vaquero, como la prolongada sequía, que inhabilita micropresas y seca estanques y pozos, lo cual ha obligado a suministrar agua con pipas a más de 75 000 cabezas de ganado, alrededor del 13 % de la masa que se fomenta en esas llanuras.

A tales razones objetivas se suman otras, que mucho dependen del adecuado comportamiento de los hombres, entre las que vale mencionar la insuficiente garantía de alimentos, deslices injustificados en el manejo del rebaño, exceso de manigua en las unidades, e incoherencias en la actividad reproductiva y el mejoramiento genético de los animales.

De todas formas, según se ha revelado en verificaciones y auditorías, no siempre las cosas fluyen con la transparencia precisa: detrás del indicador de mortalidad algunos empresarios y administradores de unidades han pretendido esconder (y de hecho lo han consumado) muchos fenómenos que son frutos de artimañas, embustes, robos y desvíos con fines de lucro.

A la categoría de "faltantes" van a parar, en no pocas ocasiones, los resultados del descontrol y la desidia, por el no conteo sistemático de la masa vacuna, desde los propios dueños de las reses hasta las instancias responsabilizadas con ese proceder, que de cumplirse como está establecido detecta a tiempo cualquier anomalía y evita males mayores.

El juego, dicho en argot beisbolero, se decide en la base misma de la cadena productiva: en la vaquería, la cooperativa, la granja, la finca, allí donde deben estar bien claras las cuentas, no solo para aquellos que ocupan cargos de dirección sino para los propios trabajadores y campesinos, responsables de esos valiosos y nada abundantes recursos.

El escenario en que transcurre la actividad ganadera es muy distinto a etapas anteriores: el 56,7 % de la masa vacuna de la provincia está hoy en manos del sector cooperativo-campesino, incluidos cerca de 30 000 animales vendidos a los nuevos usufructuarios de tierra, quienes a través del Decreto-Ley 259 accedieron a este tipo de forma productiva.

Ello obliga también a extremar en cada lugar las medidas de protección y control del rebaño ante la acción depredadora de ladrones, que atentan en los campos contra el patrimonio colectivo e individual y no siempre encuentran una respuesta contundente y aleccionadora por parte de los afectados.

Las estadísticas no mienten: en Camagüey se observa en los últimos años un ligero y sostenido crecimiento de la masa ganadera. Sin embargo, existe plena coincidencia en que pudiera ser mucho mayor de generalizarse una verdadera cultura del orden, la exigencia y la disciplina hacia el interior de las vaquerías y también entre quienes dirigen ese estratégico sector.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir