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Kilómetros de molestias
La validación de títulos y notas, ahora va a
cargo del centro emisor y no de notarios
Pastor
Batista Valdés
Genera molestias entre infinidad de cubanos un trámite
imprescindible y cada vez más recurrente para quienes, por diversas
razones, necesitan validar el título de estudios concluidos o una
certificación de las notas con que egresaron.
Muchas
personas tienen que recorrer ahora grandes distancias para un
trámite que antes se resolvía en la misma provincia.
Las inquietudes parecen tener raíz en la Comunicación No. 2/2010,
emitida el 13 de mayo del pasado año por la Dirección de Notarías y
Registros Civiles del Ministerio de Justicia.
En ella se les orienta a todos los notarios, por intermedio de
las direcciones de justicia en provincias y en la Isla de la
Juventud, que a partir de ese momento se abstengan de realizar el
cotejo de los documentos antes mencionados (diplomas de culminación
de estudios, certificación de notas y planes de estudio),
procedimiento que solo podrá ser realizado por la entidad emisora.
Eso implica que ya el interesado (necesitado) no puede concurrir
ante el notario, como sucedió durante años, para que este examine,
compare y acredite la validez de fotocopias y originales.
Ahora, según lo dispuesto, hay que dirigirse al centro, entidad o
institución que originalmente emitió el título o documento. Y es
justamente ahí donde empieza a complicarse la situación, sobre todo
para quienes tienen que viajar hasta lejanas provincias, en función
del referido trámite.
El caso de Sara de la Rosa, trabajadora del Banco de Sangre, en
Las Tunas, demuestra lo anterior:
"Como me gradué en la Universidad de Oriente, tuve que ir a
Santiago de Cuba. Llevé mi título de Licenciatura en Biología y tres
fotocopias. Pero el trámite es más engorroso de lo que imaginé. La
compañera que me atendió miró el diploma, me lo devolvió y dijo que
volviera a los siete días. Para entonces debía llevar otra solicitud
de certificación de notas, pues la que envió Colaboración de la
Salud no decía nada, según ellos, aunque dejaba clara la necesidad
de conformar mi expediente con vista a cumplir misión
internacionalista.
"Y allá tuve que volver una semana después. Entonces me dieron
plazo de 45 días para el asunto de las notas¼
Será mi tercer viaje".
Para otros, como la odontóloga Adela Pérez Osorio, el panorama es
peor: egresó en Santiago e hizo especialidad en Camagüey. Tendrá que
ir, como mínimo, dos veces a ambas provincias.
El "cotejo" de este asunto pone a flote otras realidades:
Molestias y gastos personales aparte, ¿cuánto se afecta la
economía por concepto de ausencias laborales, cada vez que una
persona (y son miles en toda Cuba) deja de trabajar durante varios
días —incluso "justificadamente"— para correr esos trámites?
Téngase en cuenta, además, la tendencia real al ascenso no solo
en la colaboración cubana hacia el exterior en diversas ramas, sino
también el aumento del nivel profesional y de las consiguientes
exigencias para quienes asumen nuevas responsabilidades y funciones
dentro del país, todo lo cual demanda la citada validación de
documentos.
MÁS CLARIDAD
Hasta el cierre del primer trimestre del año, compañeras
encargadas de ofrecer ahora ese servicio en la Universidad Vladímir
Ilich Lenin de Las Tunas, no habían recibido ningún documento
oficial al respecto. Igual preocupación signaba a homólogos de otras
provincias, con quienes habían contactado. Al parecer la
comunicación fluyó solo por vía oral o telefónica. Tampoco medió
preparación previa de ese personal que, como norma, mantiene otras
funciones.
Muchos comparten la preocupación de la también tunera Universidad
de Ciencias Médicas Doctor Zoilo Marinello, por los inconvenientes
con el papel, impresora y otros insumos para ese proceso, que al no
ser asignados hacen más lento aun el servicio.
A ello se suma que no todos los centros emisores tienen
digitalizado el archivo, lo que torna más difícil la búsqueda y
validación, sobre todo cuando el egreso se remonta muchos años
atrás.
Algunos se preguntan por qué quien vive en la zona oriental y
debe ir a La Habana, no puede —al menos— coordinar la solicitud
inicial por vía telefónica o por correo electrónico y viajar una
sola vez, con su diploma y copias, para recibir la certificación¼
Sensata es también la opinión de Abel Guzmán, quien agradecería
la presencia, en cada provincia, de una oficina facultada para esos
trámites —al estilo de la Consultoría Jurídica Internacional— y que
cobre ese servicio.
Lo que nadie, o muy pocas personas saben, es por qué la
validación de los mencionados documentos quedó fuera de la gama de
funciones que durante años asumió el notario.
Hay quienes suponen que tal decisión pretende impedir
falsificaciones, bien por parte de ciudadanos sin escrúpulos o de
funcionarios torcidos. Pudiera ser, pero ¿es más conveniente
complicarle las acciones de trámite a la población, que combatir
determinados hechos de mala praxis? Al menos, parece que ha
resultado más sencillo.
Sea cual sea el motivo, lo cotidianamente cierto es que esta
decisión está generando enormes molestias, gastos familiares,
atrasos e irregularidades en salidas hacia el exterior y un cúmulo
de ausencias laborales que nada tienen en común con el grado de
disciplina, productividad y eficiencia que está pidiendo el país. |