El país que viene

FÉLIX LÓPEZ

Se va el 2010 y los cubanos lo despiden con una revolución dentro de la Revolución... Ese, sin la menor duda, ya es el gran tema de las reuniones y celebraciones familiares de este diciembre inédito, que han encontrado en la más reciente reunión de la Asamblea Nacional del Poder Popular la gasolina necesaria para el debate. Silvio Rodríguez, por ejemplo, afirma que "este Parlamento ha dicho lo que yo hubiera querido decir"; y el mecánico Guillermo dice contento que "por fin haremos lo que Fidel nos dijo en eso de cambiar todo lo que debe ser cambiado".

Ahora mismo, no estamos hablando de "el año que viene", sino de "el país que viene". Ese que Silvio, el autor de Ojalá, augura "esperanzador". Entre muchas cosas, porque vamos con "los pies en la tierra". Ese país en el que el joven Alejandro quiere trabajar, construir una familia y ser feliz. Ese país convocado a ser mejor, con el orgullo de no renunciar ni a un milímetro de la gloria que ha vivido. Ese país que tiene el difícil reto de continuar construyendo un futuro de la talla XL de su Historia.

Pero ese sueño no se alcanza solo con deseos: también es imprescindible que el futuro nos encuentre trabajando. Lo advierte Néstor, quien descubre en la actual estrategia económica la brújula que nos marca el sendero hacia el futuro. De eso se trata el Proyecto de Lineamientos debatido por el Parlamento y que el pueblo continúa analizando: un plan estratégico de acciones; acompañado —como apreciamos en el discurso de Raúl— de los movimientos tácticos necesarios para alcanzar los objetivos y convertir en realidad los planes e ideas. El General de Ejército nos ha ilustrado claramente que la relación de estos dos conceptos es fundamental y no podemos aplicarlos de forma independiente: sin táctica no se concreta la estrategia. Sin lineamientos, la táctica no tendría objetivos claros y su aplicación sería errónea.

Si algo tiene descolocados a los "cubanológos" —esos oráculos que todos los diciembres auguran el fin de la Revolución—, es que vamos a transitar un 2011 con unos grandes desafíos, pero con una inmensa claridad en las estrategias y tácticas que nos permitirá emerger como una nación que asegura su economía, para blindar su independencia; una Patria en la que nuestros hijos y nietos no se avergüencen de crecer y vivir; un país unido y diverso, en el que desatemos de una vez esos llamados nudos que inmovilizan las fuerzas productivas y los nudos mentales que para cada solución nos inventan un problema. Lo cierto es que el país que viene, aunque urgido de ser más socialista (para no dejar jamás de ser más justo), va a ser diferente. Un país mejor.

En el 2011 no vamos a resolver los problemas por arte de magia. Pero como lo definió Raúl en su discurso del 18 de diciembre, "es el primero de los cinco incluidos en la proyección a mediano plazo de nuestra economía, periodo en el que, de manera gradual y progresiva, se irán introduciendo cambios estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano". No va a resultar para nada un año fácil, pero con la reducción de los gastos superfluos y apretando las clavijas del ahorro, además de todas las estrategias que comenzarán a aplicarse en pos de la productividad, el país va a latir con más fuerzas, mostrando renovadas energías.

Quizás una de las mejores cosas que nos van a pasar el próximo año, será la de nuestro indispensable proceso de aprendizaje de los temas económicos. Y no para convertirnos en teóricos del tema, pero sí para entender las categorías básicas que conforman la Economía de la nación y cómo lograr su reflejo en el bolsillo individual y en las cuentas domésticas, para que el PIB, esa sigla que hoy podemos nombrar indiferentes, no nos parezca distante; y comprendamos mejor porque "el plan y el presupuesto de la nación son sagrados y se elaboran para ser cumplidos".

El país que viene, como se ha estudiado meticulosamente, tiene que ser el que preserve y eleve la calidad de la salud, la educación, la cultura y el deporte, conquistas sociales de las que siempre nos enorgullecimos y que hoy pueden ser potencialmente mejores. Cuba, por los altos niveles de instrucción alcanzados, tiene que ser necesariamente una nación de elevados estándares en los servicios, en la educación cívica de sus ciudadanos y en la aplicación de los tres principios éticos-morales de la civilización inca, que Raúl incluyó en su discurso ante el Parlamento: no mentir, no robar, no ser holgazán.

El año próximo no nos traerá todas las soluciones, ni nos devolverá resultados con la rapidez que deseamos; pero si va a convertirse en definitorio para transformar métodos, mentalidades y enrumbar al país por el camino que anhelamos. Cuando Raúl nos dice que "no hay que temerle a las discrepancias de criterios", y nos advierte de la nociva "falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo", nos está hablando de cambiar un estado mental, de que las ideas desplacen las consignas, de que el secretismo deje de ser la cobija de los ineficientes y de los enemigos de la rectificación. Sin ese prisma sería imposible otear el horizonte que hoy es letra y concepto en el Proyecto de Lineamientos Económicos.

El país que viene —en el 2011 y más allá—, va a ser, inevitablemente, el del socialismo sin igualitarismo; el del trabajo y el salario como fuente de vida; el de múltiples modalidades de empleo y el que busca (con el incremento de la producción de bienes) una sola moneda; el fin de las plantillas infladas y de las empresas con pérdidas; el de ponerle mano dura al derroche de recursos y a la improvisación en los procesos inversionistas; el de producir en nuestros campos lo que hoy importamos inexplicablemente; el del despegue del trabajo por cuenta propia y el del cumplimiento por los contribuyentes de sus obligaciones tributarias; y también el de la abolición de las prohibiciones irracionales, para que el absurdo no alimente más violaciones, corrupción e impunidad.

En ese país al que le ajustamos hoy las velas, entre todos los cubanos patriotas, los periodistas tendremos que ser más periodistas: informar y no desalentar jamás; investigar y no desmayar ante los errores y el secretismo. Cumpliríamos así con un prelineamiento que el propio Raúl nos trazó el 9 de julio pasado, cuando escribió en nuestro diario La Coletilla: "... considero que este es el espíritu que debe caracterizar a la prensa del Partido en sus exámenes, ser transparentes, críticos y autocríticos, porque es la manera en que podremos extraer la única utilidad que tiene el análisis sincero de los errores: sacar las experiencias; de lo contrario, seguiremos ocultándolos y repitiéndolos una y otra vez, como ha estado sucediendo".

 

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