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El accidente aéreo
En Sancti Spíritus no se paralizó la solidaridad
Pobladores del sur espirituano sortearon
kilómetros de marabuzales en medio de la noche y arriesgaron sus
propias vidas en el empeño por guiar a las autoridades hasta el
lugar del siniestro
Juan Antonio Borrego
El avión estaba plano, parecía que iba a caer aquí mismo,
entonces empezó a dar tumbos, a bajar rápidamente y se fue pegando
al suelo hasta que explotó como una bomba. Salí y me encaramé en un
tanque y vi que todo se encendió, relata José Martín, del batey La
Vanguardia, al sur de Sancti Spíritus, localidad muy próxima a donde
cayó en la tarde noche del pasado jueves el avión de la línea cubana
Aerocaribbean, con 68 personas a bordo.
Con
la guía de los vecinos, el buldócer conducido por Mariano Carrera
abrió en apenas horas el camino de casi dos kilómetros hasta el
avión.
LA ODISEA DE LLEGAR
En un recodo de la vereda el guía se agacha de súbito y dibuja
sus dudas sobre el fango del camino. El dedo índice se clava en la
tierra húmeda y conforma en poco rato el mapa de la zona ante los
socorristas desorientados que buscan desesperadamente llegar lo más
rápido posible hasta donde flamean las llamas. El hombre no necesita
nada más que su improvisado plano para validar una verdad que
anuncia sin miramientos:
Vámonos rápido para Vanguardia —dice— que por aquí no llegaremos
nunca a donde está el avión.
El ATR-72-212 que cubría la ruta entre Santiago de Cuba y La
Habana había ido a caer en el fondo de los marabuzales impenetrables
que cubren esa parte del territorio espirituano, una zona ganadera
situada en las inmediaciones de las comunidades de Vanguardia y
Mayábuna, a un costado de la presa Zaza.
Hasta ese sitio, afortunadamente deshabitado, pero de muy difícil
acceso, intentaban llegar de inmediato decenas de pobladores de
lugares cercanos, rescatistas venidos desde Sancti Spíritus, fuerzas
del MININT, las FAR, y las principales autoridades de la provincia.
TODO SE PONÍA BLANCO
"Fuimos a tratar de ayudar, pero aquello estaba explotando, era
una bola de ‘candela’ que se veía a varios kilómetros y no se podía
hacer nada", cuenta el lugareño Jorge Luis Rosendo.
"Nunca había visto una ‘candelá’ tan grande —recuerda Lisvany
Pérez, otro de los vecinos que llegó hasta el avión siniestrado
enfrentando el marabú con el pecho de su caballo—, las llamas eran
de un amarillo fuerte y después todo se ponía blanco como si fuera
de día".
Hensy David Portal no se avergüenza de reconocer sus miedos: "Yo
salí asustado, vi el avión pasando por arriba de la casa, un poco
más adelante empezó a dar vueltas y después se cayó. Fuimos para
allá a caballo, pero cuando llegamos todo estaba envuelto en llamas
con un olor insoportable, al ratico ya estaban allí también las
autoridades, los bomberos".
SE ESTÁ CAYENDO UN AVIÓN
Eneida Sánchez Borroto, que atiende el teléfono público en la
localidad de Vanguardia, está convencida de que desde su casa jamás
se ha transmitido una noticia más dramática que la del pasado
jueves: "Marqué el 105 y dije como loca: 'Se está cayendo un avión',
pero en ese momento sentí que explotó aquello y les grité: 'oigan,
no es que se está cayendo, es que ya se cayó', ellos entonces me
viraron la llamada y fue que pude explicar un poco mejor.
No fue el único aviso, también lo hizo la maestra del batey, un
joven que traía un celular en ese momento y varias personas más que
desde sus comunidades avistaron la nave al momento de caer.
Luego vendría el corre corre de bomberos, de socorristas, de
ambulancias, de carros, de gente a caballo, a pie, algunos hasta
descalzos, tratando de abrirse paso en una selva espinosa que dejó
marcas a casi todos. Merelda Borroto, una de las mujeres que llegó
hasta el fuego, muestra las suyas como testigos de una noche muy
difícil de olvidar.
Encomiable la labor de Mariano Carrera, el buldozero de la
brigada 30 del Grupo Empresarial de la Construcción en Sancti
Spíritus, que en cuestión de horas abrió el camino de casi dos
kilómetros, un sendero imprescindible para que los medios de
transporte pudieran llegar a media noche hasta el punto exacto del
siniestro.
Arrastrados por la fuerza de la humanidad, nadie se paralizó de
pánico la tarde noche en que Vanguardia, Mayábuna y todo el sur de
Sancti Spíritus se trastocaron en un infierno. |