Si
hubiera que definir una personalidad revolucionaria en el panorama
sonoro del Brasil contemporáneo, esa sería la de Egberto Gismonti,
quien merece esa distinción por la sabiduría y la pasión con que ha
logrado articular los jugos heredados de la cultura popular con la
más actualizada información de los procedimientos y técnicas
composicionales e interpretativas de occidente, a partir de una
visión adelantada y una actitud desprejuiciada.
A
estas horas, el maestro debe estar ya en La Habana al lado de su
anfitrión Leo Brouwer, como invitado especial al II Festival de
Música de Cámara que lleva el nombre del célebre autor, guitarrista
y director orquestal cubano.
Justamente el cierre del festival, mañana viernes a las 6:00
p.m., en la Basílica Menor de San Francisco estará dedicado a
Gismonti, con una velada en la que Brouwer —artísticamente su alma
gemela— presentará al final una versión reducida del concierto para
cuatro guitarras y orquesta Gismontiana.
Nacido en 1947 en Carmó —al crear su sello discográfico lo
bautizó con ese nombre—, pronto dominó el piano y la guitarra. Muy
joven compartió historias con sambistas y coristas empíricos y bebió
directamente de las fuentes de la música popular urbana. Fue a París
y encontró a la maestra de los maestros, la mítica Nadia Boulanger.
A esta última la ha comparado con Mario de Andrade en cuanto a
influencia formativa: "El musicólogo y pensador Mario de Andrade es
la raíz, el padre, de la cultura folclórica musical brasileña,
incluso para Heitor Villa-Lobos. Claro, todos nosotros fuimos
influenciados por Villa-Lobos, por Tom Jobim, pero principalmente
por Andrade. La otra gran influencia fue la compositora y profesora
Nadia Boulanger, que fue extremadamente importante en mi vida. Mi
respeto y admiración hacia ella es inmenso porque me dio la
dimensión del acto creativo. Me enseñó el respeto por la
contradicción".
Gismonti regresó a Brasil y se internó en los predios amazónicos.
"En el Xingú —dijo al rememorar esa experiencia— tuve la
confirmación de que yo soy parte de una sociedad de extremos
absolutos, con una tecnología extrema, una riqueza inmensa, una
pobreza inmensa, tener una jungla que tiene una biodiversidad
increíble con todos los indígenas brasileños que son guardianes de
la Amazonía".
Sobrevino a partir de los setenta el perfil de un artista único,
grávido de propuestas sugerentes y una fabulosa capacidad
imaginativa. Es el Gismonti que comparte el pulso con sus
compatriotas Hemeto Pascoal y Naná Vasconcelos y deviene ícono de la
vanguardia jazzística internacional a la par de Jan Garbarek y
Charlie Haden.
Al mismo tiempo comenzó a desarrollar una carrera discográfica
rutilante, en la que se destacan los álbumes Sanfona (1980),
Danca dos esclavos (1989), Música de sobrevivencia
(1993) y Meeting Point (1997).
Para la Camerata Romeu, el encuentro con Gismonti el sábado
próximo encierra una gran significación, pues celebrarán el Premio
Internacional Cubadisco obtenido este año por el disco Saudacoes,
en el cual la agrupación femenina dirigida por la maestra Zenaida
Romeu grabó la partitura Sertoes veredas, especialmente
compuesta por el brasileño para las muchachas.