Temporada cubana de Egberto Gismonti

Leo Brouwer dedicará mañana un concierto al músico brasileño. La Camerata Romeu interpretará su música el sábado en la Basílica

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

Si hubiera que definir una personalidad revolucionaria en el panorama sonoro del Brasil contemporáneo, esa sería la de Egberto Gismonti, quien merece esa distinción por la sabiduría y la pasión con que ha logrado articular los jugos heredados de la cultura popular con la más actualizada información de los procedimientos y técnicas composicionales e interpretativas de occidente, a partir de una visión adelantada y una actitud desprejuiciada.

A estas horas, el maestro debe estar ya en La Habana al lado de su anfitrión Leo Brouwer, como invitado especial al II Festival de Música de Cámara que lleva el nombre del célebre autor, guitarrista y director orquestal cubano.

Justamente el cierre del festival, mañana viernes a las 6:00 p.m., en la Basílica Menor de San Francisco estará dedicado a Gismonti, con una velada en la que Brouwer —artísticamente su alma gemela— presentará al final una versión reducida del concierto para cuatro guitarras y orquesta Gismontiana.

Nacido en 1947 en Carmó —al crear su sello discográfico lo bautizó con ese nombre—, pronto dominó el piano y la guitarra. Muy joven compartió historias con sambistas y coristas empíricos y bebió directamente de las fuentes de la música popular urbana. Fue a París y encontró a la maestra de los maestros, la mítica Nadia Boulanger.

A esta última la ha comparado con Mario de Andrade en cuanto a influencia formativa: "El musicólogo y pensador Mario de Andrade es la raíz, el padre, de la cultura folclórica musical brasileña, incluso para Heitor Villa-Lobos. Claro, todos nosotros fuimos influenciados por Villa-Lobos, por Tom Jobim, pero principalmente por Andrade. La otra gran influencia fue la compositora y profesora Nadia Boulanger, que fue extremadamente importante en mi vida. Mi respeto y admiración hacia ella es inmenso porque me dio la dimensión del acto creativo. Me enseñó el respeto por la contradicción".

Gismonti regresó a Brasil y se internó en los predios amazónicos.

"En el Xingú —dijo al rememorar esa experiencia— tuve la confirmación de que yo soy parte de una sociedad de extremos absolutos, con una tecnología extrema, una riqueza inmensa, una pobreza inmensa, tener una jungla que tiene una biodiversidad increíble con todos los indígenas brasileños que son guardianes de la Amazonía".

Sobrevino a partir de los setenta el perfil de un artista único, grávido de propuestas sugerentes y una fabulosa capacidad imaginativa. Es el Gismonti que comparte el pulso con sus compatriotas Hemeto Pascoal y Naná Vasconcelos y deviene ícono de la vanguardia jazzística internacional a la par de Jan Garbarek y Charlie Haden.

Al mismo tiempo comenzó a desarrollar una carrera discográfica rutilante, en la que se destacan los álbumes Sanfona (1980), Danca dos esclavos (1989), Música de sobrevivencia (1993) y Meeting Point (1997).

Para la Camerata Romeu, el encuentro con Gismonti el sábado próximo encierra una gran significación, pues celebrarán el Premio Internacional Cubadisco obtenido este año por el disco Saudacoes, en el cual la agrupación femenina dirigida por la maestra Zenaida Romeu grabó la partitura Sertoes veredas, especialmente compuesta por el brasileño para las muchachas.

 

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