Presentan experiencia cubana en estudios sobre corrosión

Orfilio Peláez
pelaez@granma.cip.cu

Debido a su condición de archipiélago y clima tropical, en Cuba las concentraciones en la atmósfera de iones cloruro (salitre común) y de otros agentes altamente corrosivos, suelen estar por encima de los valores permisibles en las normas internacionales.

El Máster en Ciencias Abel Castañeda Valdés, jefe del Grupo de Protección de Materiales, de la Dirección de Química del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CENIC), explicó que los mencionados compuestos tienden a elevarse más en los meses de noviembre a marzo, sobre todo en el litoral de la costa norte.

La humedad relativa y las fluctuaciones en los registros de la temperatura son factores que propician la agudización de este problema ambiental, capaz de provocar el deterioro acelerado de las estructuras metálicas y de hormigón armado, en instalaciones deportivas, culturales, industriales, recreativas, turísticas y de servicio, aseveró el experto durante la sesión final del 15 Congreso Científico Internacional CNIC 2010.

Destacó la importancia de conocer con la mayor exactitud posible el nivel de corrosión antes de decidir el lugar donde se edificará una nueva obra, así como a la hora de seleccionar los materiales a emplear, para garantizar mayor durabilidad y tiempo de vida útil de las inversiones ejecutadas.

En la actualidad, precisó Castañeda, nuestros especialistas hacen los estudios dirigidos a determinar la agresividad corrosiva en la zona de desarrollo eólico de Gibara, en Holguín, y la influencia de ese indicador sobre las estructuras de hormigón armado en la ciudad de La Habana. Asimismo, se dan los pasos iniciales a fin de cuantificarla en el área del Puerto del Mariel.

Al pronunciar las palabras finales del congreso, el doctor José Miyar Barrueco, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, calificó de muy alto el nivel de los debates, y recordó que el CNIC fue el buque insignia del cual surgieron después numerosas instituciones, laboratorios, y plantas de producción, que posibilitaron el pujante desarrollo alcanzado hoy por las ciencias biomédicas y biológicas en Cuba.

 

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