Resistencia electrónica

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Uno de los hechos que no se debe pasar por alto en el pulso musical de esta temporada estival fue el inicio del ciclo de conciertos del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica (LNME), que se extenderá hasta finales de año.

Foto: Yander ZamoraAconteció hace algunos días en el Teatro Nacional con el Dj Iván Lejardi como protagonista. El músico emprendió su nuevo viaje sonoro con un espectáculo ganado para la causa de la imaginación y la innovación conceptual que rindió honor a la línea creativa que lo ha identificado durante los últimos tiempos. Ahora, trabó contacto con las obras de la exposición Resistencia, del pintor cubano Alejandro Darío, y se propuso traducir al "lenguaje de las máquinas" su mensaje ideoestético, que discursa desde diferentes ángulos sobre el pasado y el futuro del ser humano y su variable condición cuando se queda solo frente al mundo.

Lejardi lleva transpirando la camiseta en la pujante escena de la electrónica desde los primeros tramos del siglo XXI. En este lapso ha desarrollado una versátil carrera artística en la que ha establecido vínculos con diferentes exponentes de la música contemporánea cubana, como X Alfonso, Kelvis Ochoa, David Blanco, Carlos Varela e Interactivo. Además, le ha puesto música a diferentes manifestaciones del arte como la pintura y el audiovisual, vertiente creativa que ha sido, precisamente, una de las piedras basales de su evolución como Dj.

Por eso no sorprendió que se atrincherara detrás de los platos para crear una nueva ola musical escoltada por una alineación de artistas que contribuyó a cristalizar la idea original del espectáculo, cuyo título lo tomó prestado de la muestra de Alejandro Darío. En la confluencia de la banda de gaitas Eduardo Lorenzo, del saxofonista Javier Amado Esteban, el flautista Marcel Nazabal, los guitarristas Héctor Gilbert Ferrán y Emilio Peña, y la vocalista Olivia Santana, el embajador de la escena electrónica insular encontró su principal soporte para llevar adelante la trama del concierto, en el que desplegó una original combinación de texturas que navega en las aguas de los sonidos cálidos y atmosféricos de Jean Michel Jarre, las diferentes variantes del deep house y las enseñanzas de la escuela del sonido Bristol.

En tiempos en que muchos desconocen o parecen haber olvidado las propuestas de la electrónica que plantan cara al pensamiento desmovilizador y la identifican solamente con hedonistas celebraciones del ritmo, Lejardi siguió, en esta ocasión, el camino más próximo a las obras y perfomances de "músicos electrónicos" que estimulan el poder del ser humano para tomar partido frente al mundo y transformarlo. Y lo hacen a partir de la elaboración de mensajes estéticos que lanzan sus dardos contra los centros de poder hegemónico, como han sido los casos de bandas como Massive Attack o Underground Resistance.

El eficaz desenlace de la estructura narrativa del espectáculo le permitió a Lejardi alcanzar uno de sus propósitos cardinales: engarzar orgánicamente los elementos de la electrónica con la absoluta contemporaneidad de la exposición de Darío, aunque realmente su trama se hubiera enriquecido en mayor grado con un trabajo más profundo en el diseño visual, que, por momentos, llegó a ser demasiado repetitivo. Pero esas fisuras no impidieron que saliera airoso de su nuevo reto que, sin duda, le sirvió para continuar acumulando puntos en la floreciente escena de la música electrónica cubana.

 

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