Faltaron control y exigencia en la zafra

Juan Varela Pérez
juan.pvp@granma.cip.cu

La actual zafra puede calificarse de pésima en producción y eficiencia. Desde 1905 el país no registraba una campaña azucarera tan pobre.

Sin caña no hay azúcar.

Lo peor es que al incumplimiento de lo que era un modesto plan, se une una mala política organizativa que utilizó cepas diseñadas para la zafra del 2011, lo que de por sí ya compromete su desarrollo.

Sin bien la culpa mayor recae sobre una muy mala política al realizarse los estimados —situación que se reitera— y un elevado grado de imprecisiones y voluntarismo, el hecho es que de haberse molido con efectividad la caña existente, pese al bajo rendimiento, podía alcanzarse el plan.

Al cierre de mayo solamente diez de los 44 centrales que activaron su maquinaria eran cumplidores y dos las provincias, mientras que el atraso de azúcar rebasaba las 230 000 toneladas.

A diferencia de lo que algunos piensan, la industria azucarera cubana dispone de suficiente capacidad en 61 centrales para lograr en una campaña-promedio de 110 días, más de tres millones de toneladas. Ese volumen de crudo puede incrementarse según crezca la oferta de caña.

Los análisis evidencian que tanto al Ministerio del Azúcar como a los Grupos Empresariales les faltaron control y exigencia para hacer cumplir, a partir de los errores de la campaña anterior, las variantes organizativas que permitieran solucionar las dificultades, algunas reiteradas.

De poco valieron cientos de horas invertidas en un programa de capacitación para cargos técnicos y de dirección más importante de cada ingenio y provincia, jefes de turnos integrales y de mantenimiento, fabricación, generación de vapor y de otras áreas industriales.

Incluso se instruyó generalizar la experiencia de Cienfuegos que consiste en trazarse metas para medir el avance de las reparaciones, asegurar los suministros, y la realización de ejercicios demostrativos 30 días antes de la arrancada. La feliz idea, no extendida como se esperaba, consiste en probar con molida el 70% de los equipos y garantizar el ensayo general del sistema una semana antes del comienzo.

Sin ejecutar lo que se previó

Este movimiento creó un ambiente optimista, sin embargo aconteció lo inesperado: a poco de iniciarse la zafra se comprobó que en centrales críticos, supervisados por personal del ministerio, violaron las orientaciones y nada de lo previsto fue cumplido.

Debemos reconocer que pese a las limitaciones financieras todos los insumos, excepto los fertilizantes (de estos se importó el 50%), tuvieron una situación mejor.

Alentados por la recuperación de los últimos años en la mecanización y el transporte y la necesidad de elevar la eficiencia, la dirección del MINAZ padeció de falta de objetividad al planificar una norma potencial del 80%.

La vida demostró que las condiciones no estaban creadas para salto tan espectacular en un medidor que hace muchos años ni siquiera se aproxima a ese valor.

Al fallar de nuevo la estabilidad moledora y perderse el 41,39% del tiempo total, la zafra se quedó sin sus mecanismos de defensa. De esas horas inactivas casi el 17% corresponde a la industria (roturas e interrupciones operativas) y el 7,61 a la cosecha (baja productividad de las fuerzas, roturas en las combinadas y medios de tiro...) en lo cual influyó la brusca caída de los estimados. La lluvia ocasionó el 13,40% en especial a partir del 22 de febrero, por lo que no es posible enmascarar con ella todos los problemas agrícolas e industriales.

Hay ingenios que demostraron lo que se puede alcanzar cuando se trabaja con integralidad, como son el Antonio Sánchez y 14 de Julio, de Cienfuegos; Melanio Hernández y Uruguay, de Sancti Spíritus, y Siboney, de Camagüey.

Las moliendas inferiores al 60% obligan a prolongar las operaciones hasta mayo y al no obtenerse un rendimiento superior a 11% dejan de fabricarse, con la caña procesada, unas 100 000 toneladas de azúcar más.

Ineficiencia en los estimados

Conjugar en la zafra el cumplimiento de los estimados cañeros, la cosecha y la molida, se torna hace años algo sumamente difícil, realidad manifestada en el comportamiento del plan de azúcar.

Los estimados del 2010, al 91%, no constituyen la excepción. El ingeniero Pedro Pablo Acosta, experimentado asesor de caña del MINAZ, asegura que en los del pasado septiembre las plantaciones reflejaban el llamado "estrés hídrico". Explicó que de mayo a octubre del 2009, la etapa de mayor crecimiento, las lluvias oscilaron entre el 40% y el 79%. Además en ese ciclo el 55% del área no recibió fertilizante.

El error obedeció a la falta de objetividad al no tenerse en cuenta las condiciones reales de la caña y proyectar la lluvia con valores aceptables cuando los pronósticos eran adversos. La mala decisión quedó ratificada en los meses siguientes, incluido enero, al registrar precipitaciones por debajo del 67% del promedio histórico.

Ante tal disyuntiva se adelantó para febrero la revisión de los campos y la reprogramación de la zafra. Pero de nuevo el conteo de los estimados estuvo mal en la mitad de las empresas y la mayoría de las provincias y, lo peor, que se autoengañaron y embarcaron al país. Tal equivocación se torna más severa en una época en que el riego beneficia solo el 3% del área (en la década del 1981-90 llegó hasta el 30%).

Con cierre del 25 de marzo, el estimado final de cada entidad y provincia arrojó un déficit superior a 850 000 toneladas de caña. Algunas empresas y territorios, entre ellos Granma y Ciego de Ávila, incumplieron de nuevo este último compromiso.

Los rendimientos cañeros después del alentador repunte del periodo 2005-2008, donde se pudo crecer de 24 toneladas por hectárea a 41,6, volvieron a deprimirse y muestran un costoso descenso.

Revertir la crisis de hoy demanda un examen integral que comience por los productores más ineficientes, esos que en los últimos cinco años han ido de mal en peor, analizar los fenómenos de la estimulación al cañero, cuya producción es hoy la menos pagada en la agricultura.

Especialistas del Ministerio del Azúcar coinciden en que junto a las medidas disciplinarias que correspondan, deberá perfeccionarse el sistema de administración.

Por lo que sigue significando para la economía nacional por su multiplicidad, que ofrece azúcar y derivados, por su historia, su tradición y sus orígenes, la caña forma parte del patrimonio cubano. No es casual que la zafra se siga atentamente, se comente y duelan sus resultados desfavorables. Reubicarla en el lugar que le corresponde es imprescindible.

 

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