Una trompetilla para la mentira

JOSÉ DOS SANTOS

Cuando el trompetista Alexander Abreu mostraba sus cualidades en el cierre del Concierto por la Paz sin Fronteras, en la Plaza de la Revolución de La Habana, a muchos nos pareció la mejor confirmación de que en Cuba hay intérpretes tan o más superlativos que algunos que no cesan de mentir para ganar protagonismo extramusical.

¿Quién es el reprimido?

La Televisión Cubana mostró en un reportaje las reacciones retrógradas de algunos personajillos en torno al Concierto y entre ellos a uno de esos que prefirieron cobijarse bajo el ala del ave de rapiña imperial y renegar de un lugar privilegiado en su tierra, cambiando los oropeles que le concedió la mafia miamense —siempre que tocara su partitura ideológica reaccionaria— por la simpatía que tenía entre su pueblo.

La admiración musical que se sentía en Cuba por Arturo Sandoval se trocó en decepción por el camino escogido de la deserción, hace ya algunos lustros, y repudio por sus mentiras y servilismo.

Ese que se quejaba ante las cámaras miamenses de la "represión" que sufrió en Cuba por su amor al jazz, hace piruetas en el tiempo. Nunca se ha ocultado, y ha sido parte del proceso rectificador revolucionario, que en un pequeño lapso de medidas erróneas, se aplicaron estrechas concepciones en algunos ámbitos culturales, pero de eso a ser detenido y encarcelado por una inclinación musical es más que una exageración extemporánea, una flagrante mentira.

Este músico suprime en sus plañideras quejas contra el concierto internacional que en Cuba fue figura destacada en Irakere, que formó su propio grupo y tuvo peña propia en el Teatro Karl Marx; que viajó por el mundo constantemente y fue eje organizador de varios Festivales Jazz Plaza; que en su cómoda casa capitalina se reunía gente relevante de diversos ámbitos, no solo de la cultura; que era de los que en tiempos donde la divisa no estaba autorizada a circular libremente en Cuba, él compraba en dólares en el gran mercado de Quinta y 42 sin que nadie lo molestara...

Lamento tanto la memoria tergiversadora y oportunista de este personaje, al que estuve ligado en un periodo de mi vida periodística por mi afición al jazz, que me gustaría que se conociera que ese "reprimido" fue militante del Partido Comunista de Cuba (como lo era su esposa), al que no se llega sin entrega voluntaria y compromiso con la sociedad.

A este sujeto no solo se le agotó el combustible de la simulación cuando decidió desertar durante una gira por Italia, formando parte de la Orquesta de las Naciones Unidas comandada por Dizzy Gillespie, víctima también de sus engaños y manipulación.

También se prestó a una campaña mediática montada en su entorno, cuando elementos no bien identificados —¿FBI? ¿CIA?— le hicieron llegar a Miami al mismo tiempo que trasladaban a su esposa e hijo desde Londres —donde le esperaban para sus presentaciones en el Ronnie Scott¢ s Club— y allí armar un penoso espectáculo anticubano.

Este mismo fue el trompetista que tocó los himnos de EE.UU. y Cuba frente a la casa donde la parentela tenía secuestrado a Elián en Miami.

Habría muchas cosas más que decir, pero él no vale la pena ni con sus cuatro Grammy. Entre joyas gráficas que poseo hay históricas que el propio "reprimido" me facilitó ya que presenció y participó en un encuentro sostenido en La Habana entre Dizzy Gillespie y Fidel Castro. ¿Habrá mencionado alguna vez ese episodio a los benefactores de sus mentiras?

 

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