¡Quítame esta “sal” de encima!

FÉLIX LÓPEZ

El cliente ha cerrado la puerta del taxi y sin escuchar las buenas tardes se da de bruces con la increíble invitación del conductor: "¿Apago el taxímetro y arreglamos la carrera?"¼ En una oficina estatal un funcionario explica a un compatriota que el trámite burocrático que está realizando dura una semana, pero le ofrece un trillo breve: "Si das un dinerito te llevas hoy mismo ese certificado"¼ Quince días han pasado desde que Enrique reportó la rotura de su refrigerador, pero el técnico no llega y el calor en su familia crece¼

Foto: Yaimí RaveloEl amor por el trabajo y el respeto sagrado a los recursos del Estado no pueden convertirse en un difícil ascenso de montaña.

Parecen tres ejemplos hipotéticos, pero no lo son. Ahora mismo están a la vista o puede ser usted la víctima de aquel que intenta convertir un medio estatal en "propiedad privada", del que se corrompe para autoincrementarse el salario y de los ineficientes que en lugar de prestar un servicio (por el que cobran), actúan como si nos estuvieran haciendo un favor. Como escribí en un comentario anterior, todos estos males se fueron colando, poco a poco, bajo esa gran sombrilla de "la lucha", en la que nos cobijamos desde los días más duros del periodo especial.

No faltarán aludidos que asuman este comentario como "la catarsis de un periodista regañón". Defender los derechos y la felicidad de millones de cubanos honestos está por encima de cualquier otra consideración. Lo esencial es que acompañemos el apretón del cinturón económico con el reconocimiento —llámese crítica o autocrítica— de muchas cosas que andan mal a nuestro alrededor por obra y gracia de la impunidad, la permisividad y la tolerancia. Es cierto que la estrechez económica complica el escenario social, pero eso no justifica que se ensanche la ilegalidad y mucho menos convivir con ella.

Como muchos otros compatriotas, también me niego a pensar que la recuperación de valores, el amor por el trabajo, el respeto sagrado a los recursos del Estado (que en nuestro caso son los recursos del Pueblo mismo) y la calidad en la prestación de los servicios se nos convierta en un difícil ascenso de montaña. A nuestro favor está que somos nosotros mismos parte importante de las soluciones: un país organizado, un pueblo instruido y unas instituciones que han sido llamadas a jugar el papel que les corresponde. Porque cuando nos referimos a la impunidad en determinado hecho o actitud individual no se está hablando de un concepto abstracto, sino de una responsabilidad personal o colectiva.

La impunidad no es huérfana. Como tampoco lo son los tres ejemplos iniciales. ¿No tiene un supervisor, un jefe o un inspector ese taxista que lleva a su bolsillo el importe de una, dos, tres¼ carreras? ¿No tiene un administrador ese funcionario corrupto que no hace bien su trabajo o que no presta adecuadamente un servicio? ¿Y en todos esos sitios donde ahora mismo las cosas no andan bien, además de un jefe, no existen unas instancias laborales o políticas? Lo que está mal y daña al país nos afecta a todos y por lo tanto nadie debe dejarlo pasar por debajo de la mesa. Hacerlo implica una complicidad y eso tiene un costo legal, ético y político.

Vivimos en un país pobre, cuyo recurso más preciado es el construido por la Revolución misma: un capital humano reconocido y admirado desde muchas partes del mundo. Tenemos la posibilidad de ofrecer uno de los mejores servicios turísticos del planeta; nos sobran profesionales para incrementar la calidad y las soluciones de los servicios internos; y aprendimos, hace ya medio siglo, que la utilidad y la bajeza no pueden existir en una misma persona o cosa. ¿Por qué permitir entonces que crezcan los depredadores de la economía del país (el daño macro), con su consiguiente afectación al bienestar del cubano (el daño individual)?

Es cierto que las interrogantes contenidas en este texto, pasan también por respuestas estructurales y medidas que doten al trabajo y al salario de un justo valor social. La gente tiene la necesidad de saber y entender que realiza una labor de utilidad y que, en cambio, se le remunera por la calidad y la cantidad de lo que hace. Esa es una primera condición (humana) para que cualquier trabajador cuide su puesto y su espacio. Y existe otro factor no menos importante: saber que se vive, se trabaja y se crece en un escenario sin impunidad y sin esa suerte de "vivos" y pillos caribeños que eligen los caminos más fáciles, aunque sean los más deshonestos.

Este tema no es invención del periodista. Es solo una reproducción del debate social, de las opiniones del vecino, de la indignación de cualquier cubano decente y de quien no pasa indiferente ante el ladrón, el indolente o el burócrata y lo sentencia con una de nuestras mejores ocurrencias: "¡Padrino, quítame esta sal de encima!"

 

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