El paparazzi y su parte de culpa

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

Durante varios días, buena parte de la prensa internacional ocupada de la farándula y sus temas ruidosos estuvo haciendo zafra con la noticia de que la millonaria Paris Hilton iría a Europa a "conocer" al astro del fútbol Cristiano Ronaldo, hoy por hoy de lo mejor en la cancha.

Farrah Fawcett.

¿Surgiría un idilio entre ambos? ¿Podría el lusitano escapar de la seducción de esta coleccionista de romances¼ ?, fueron algunas de las expectativas tejidas en torno al joven astro, recién adquirido por el Real Madrid a un precio impronunciable, y la llamada rubia de oro; ella con más méritos acumulados por provenir de una rica familia y los escándalos que no cesa de dar, que por sus desempeños como actriz, modelo y cantante.

Todo hace indicar que el muchacho la vio unos minutos, le sonrió cortésmente y siguió camino al entrenamiento, mientras la espigada reina de los medios, desairada, declaró que lo había notado "algo femenil".

Poco después, Cristiano Ronaldo volvía a sonar, no como la estrella deportiva que es, sino por la patada propinada al carro de un paparazzi que lo seguía por las calles de Lisboa. El futbolista explicó en un comunicado que hasta ese momento, a puro autocontrol, había soportado un acoso de semanas, pero el cazador de imágenes no había sido capaz de tener en cuenta que su victima viajaba acompañado de la madre¼ ¡y con la madre no se juega!, así pues, ante una situación similar, era muy probable que respondiera de la misma forma.

Las muertes casi coincidentes de Michael Jackson y de la actriz Farrah Fawcett han puesto nuevamente sobre el tapete el tema de los paparazzi y se recuerda de paso el fatal accidente de la princesa Diana de Gales, mientras huía de la persecución de un grupo de ellos en París.

Jackson fue un eterno acosado en su intimidad y la Fawcett, fallecida de cáncer, se ocupó de dejar un amargo testimonio días antes de su deceso pues acusó a la prensa y a los paparazzi de ser determinantes en el deterioro de su salud, al tomarle fotografías en silla de ruedas que la mostraban frágil y demacrada: "Les pedí de favor que me dejaran luchar tranquila con mi enfermedad, pero nunca me oyeron, me perseguían, querían estar al tanto de cada paso hasta el fin¼ y ya se sabe que el estrés es el alimento del cáncer".

Cristiano Ronaldo.

Los adelantos técnicos ––cámaras digitales e Internet para una rápida transmisión–– hacen que los paparazzi hayan proliferado y que la competencia sea feroz. Los hay contratados e independientes y a veces son ellos mismos los que les pagan a los llamados "corredores de estrellas", encargados de detectar qué hacen y dónde se encuentran determinadas figuras públicas. Entonces el paparazzi prende una mecha y se traslada en motocicleta, auto o avión adonde sea. Sus objetivos están bien delimitados bajo un concepto único e inalterable: ¡todo lo que resulte una situación embarazosa rinde fruto!: infidelidades, ya sean evidentes o encaminadas a levantar sospechas, accidentes, descuidos físicos (pobre Britney Spears y otras más), desnudos en alta mar o en terrenos vedados y, lo máximo, escenas sexuales.

En situaciones límites en que el entremetimiento es tal que supera cualquier comprensión humana, casi todos los reproches suelen ir contra los paparazzi y se olvida que ellos ––aunque con culpa–– son parte de un engranaje que comienza más arriba, allí donde la planificación del morbo proviene de los dueños del gran negocio, por lo general medios impresos en competencia que para vender le dan vuelo a cuanta "cosa extraña" se relacione con las estrellas de turno.

Estrellas que muchas veces ellos mismo ayudan a fabricar para luego irles arriba y destruirlas a plazo fijo en interés de un lector ––igualmente fabricado–– que, sin darse cuenta de la manipulación de que está siendo objeto, paga por ver detrás de las cortinas de los famosos.

Y de ahí cobra su parte (de culpa), el paparazzi.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas | Especiales |

SubirSubir