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Paguemos lo que nunca debimos consumir
Un profesor de geografía devenido agricultor ha
multiplicado plantas ornamentales, árboles de marañón, guanábana,
cerezos y otros frutales hasta lograr 24 595 ejemplares en solo 2,14
hectáreas. Por eso, y por su trabajo de educación ambiental, fue
nominado al Premio Nacional de Medio Ambiente que confiere el CITMA
Joel Mayor Lorán
Joel@granma.cip.cu
Un pulmón de oxígeno recibe a quienes llegan a Artemisa por la
entrada noreste del municipio habanero. Tal vez pase inadvertido a
la vista, a causa del cercado de arecas; sin embargo, en el aire se
nota la diferencia. Villa Hortensia exhala aire puro desde sus casi
25 000 plantas. A esta finca repleta de marañones, guanábanas,
cerezas y mameyes, van a parar las aves en busca de refugio natural.
En
los pasillos de la casa y otras áreas abundan orquídeas de una
decena de variedades, además de los ficus, crotos y dracenas rojas.
Sin más combustible, energía eléctrica o regadío que el
imprescindible, ni más fertilizante que el humus de lombriz y abonos
orgánicos, un ex profesor de geografía llamado Idalio Jesús Mederos
ha multiplicado variedades casi extintas de la campiña cubana y
promovido la educación ambiental de niños y jóvenes en las escuelas
del territorio.
El joven agricultor artemiseño ha implementado 17 proyectos
agroecológicos, por lo cual se convirtió en candidato para el Premio
Nacional de Medio Ambiente que entrega el CITMA.
ARMONÍA EN VILLA HORTENSIA
Idalio asegura que su formación como profesor de Geografía
influyó notablemente en cuanto hace ahora. Cuando murió su padre no
le quedó más remedio que atender la finca; luego no le bastó. "Era
vital el compromiso con el medio ambiente, no solo de palabra sino
de acción. Los maestros que he tenido y la realidad actual del
planeta me llevaron a mantener una conducta lo más ecológica
posible".
El
riego subterráneo por goteo garantiza que cada planta reciba el agua
directa a la raíz, y solo la cantidad precisa.
A ese empeño se dedica con tenacidad desde hace casi una década.
Auxiliado por otros tres trabajadores, logró una población forestal
mixta de 24 595 ejemplares en apenas 2,14 hectáreas. En Villa
Hortensia coexisten armónicamente frutales y plantas ornamentales en
una densidad rayana en lo inverosímil, aunque bien palpable.
Con los nutrientes necesarios ninguna resulta hostil a la otra:
134 árboles de marañón, seis de canistel, dos de mamey de Santo
Domingo, 13 de anón, 10 de guanábana y 33 cerezos; también, 266 de
aguacate, 245 de guayaba, 111 de cítricos y 26 de mango, 13 de
melocotón, 16 de mamey colorado, uno de chirimoya y cinco de pera,
entre otros.
Variedades
casi extintas de la campiña cubana como el marañón, las cerezas y
guanábanas se multiplican en la finca artemiseña. En la foto,
Freddy, trabajador de Villa Hortensia.
Por si no bastara, en los pasillos de la casa y otras áreas
cuelgan más de 2 000 orquídeas de una decena de variedades. Abundan
igualmente el laurel nevado, los ficus y crotos, la dracena roja...
Rodeados de tanto verde colocaron 14 nidales enmascarados de
manera natural en áreas escogidas. Con el propósito de proteger la
avifauna silvestre, dispusieron cuatro comederos que permiten atraer
y multiplicar sinsontes, gorriones, tomeguines.
CON RECURSOS DE NATURA
Lo descrito anteriormente merece reconocimiento per se. No
obstante, el mérito crece al comprobar que todo ha sido posible sin
derroche alguno de recursos.
Uno de los grandes aciertos que exhibe la finca consiste en
recurrir al riego subterráneo por goteo: este sistema asegura que
cada planta reciba el agua directo a la raíz, y solo la cantidad
precisa.
Asimismo, emplear el humus de lombriz en lugar de productos
químicos no solo evita importar estos últimos y elude sus elementos
tóxicos, sino que también mejora los suelos y propicia frutos de
mayor calidad.
Entretanto, los vertederos orgánicos constituyen una solución a
esa basura, la cual degradan y reutilizan como compost o la aplican
directamente al suelo, de acuerdo con el grado de descomposición.
Disponen, además, de dos "burros" de abonos orgánicos con capacidad
para 125 metros cúbicos.
Ni siquiera hacen falta muchos brazos si cuentan con la ayuda de
ciertos insectos. Cultivar las abejas meliponas facilita la
polinización de plantas, además de contribuir al rescate de las
llamadas abejas de la tierra. Un sistema de guaridas confeccionadas
con piedras y tejas criollas protege las 45 colmenas en explotación.
PLANTAR IDEAS
Desde luego, impregnar este tesón a muchos más amplía los
resultados. Por eso, Idalio organizó un movimiento agroecológico en
la cooperativa Julito Díaz y la comunidad El Porvenir, con tal de
enseñar sobre manejo agroecológico en las fincas de la comunidad.
Con la vehemencia de una obra considerable sobre la tierra, el
profesor de antaño insiste en una conciencia ecológica de acción.
"No pongamos cuotas. Nuestra desmedida forma de relacionarnos con el
entorno no entiende de números. Pongamos corazón y voluntad.
"Más allá de producir alimentos, se trata de mantener vivo al
hombre del tercer milenio. Es hora de subir las mangas de la camisa
y apretar la hebilla del cinto, de esparcir árboles y plantas.
Seamos mejores para que nuestros sucesores tengan menos que
reclamarnos."
Idalio concibió, además, establecer la misión ambiental Club Los
Verdes en la escuela primaria rural Adolfo Delgado, con el objetivo
de transmitir esas ideas a las nuevas generaciones. "La propuesta ha
despertado tal interés en los estudiantes que constituye tarea de
primer orden en su quehacer diario, sin ser orientada por profesor
alguno.
"Realizan excursiones a la finca, que los familiarizan
directamente con las actividades agrícolas y los educan en una
cultura agraria. Pueden ver las aves volando, la abeja en su colmena
o en la flor, aquello que quizás suena frío en un libro, pero aquí
tiene sabor a vida.
"Han comenzado a plantar en sus patios. Ya meriendan guayabas que
sembraron y abonaron. La cereza y el marañón crecen en la escuela y
en la comunidad, junto con plantas de guanábana y de mamey. Ahora
los niños emprenden acciones concretas en su pedacito de planeta."
Y la misión se extiende al resto de las escuelas del municipio
mediante sociedades científicas y círculos de interés, entre otras
iniciativas.
Los proyectos se suceden uno tras otro. "Es respuesta y deuda con
la naturaleza cubana, con sus bosques, aguas cristalinas, su aire
puro y descontaminado. Paguemos lo que nunca debimos consumir". |