Actualizado 12:05 p.m. hora local

Cuba rescatará Parque Nacional La Güira, joya patrimonial

ADALYS PILAR RODRÍGUEZ MIRELES

Perfumada con esencias asiáticas y europeas, la antigua hacienda La Güira recobrará parte de su esplendor tras la restauración de reliquias que la distinguen como una de las joyas de la arquitectura cubana.

Fundido con las serranías de la occidental provincia de Pinar del Río, el emblemático escenario será rescatado parcialmente con la cooperación de instituciones territoriales, aseguró el Director de Patrimonio, Omar Medina, en declaraciones a Prensa Latina.

El proyecto prevé en una primera etapa la rehabilitación de la portada principal, de estilo medieval, los jardines y el paseo central de la finca, edificada en 1920 por el abogado y diplomático Manuel Cortina, ya fallecido.

Los interiores de la propiedad conforman un conjunto de parques y vergeles diseñados con una mezcla de estilos, en los que predomina la influencia de la cultura japonesa y la nostalgia de muchos de sus artífices, oriundos de la nación del este de Asia.

Realzan los espacios abiertos, elementos decorativos y escultóricos, entre los que sobresalen las figuras esculpidas en mármol de Carrara, bronce y otros materiales, la mayoría de ellos adquiridos en el extranjero.

La presencia del río San Diego en ese paraje fue aprovechada con el propósito de crear un lago artificial utilizado para la pesca, los paseos en bote y otras actividades recreativas.

En su orilla aparecen glorietas, embarcaderos y áreas de estar, integradas armónicamente a la vegetación y al paisaje del entorno montañoso.

Otros de los atractivos de la Güira eran las casas china y japonesa, que atesoraban valiosos objetos oriundos de esos países, la mayor parte de ellos protegidos hoy en museos de Pinar del Río.

Los tapices que representaban el oropel manchú, los pebeteros oxidados entre los cojines de seda y el guerrero mongol de la época de Gengis Kan, de tamaño natural, fueron algunos de los exponentes más significativos, confirman historiadores locales.

Muy seductora resultaba la otrora vivienda del Buda, donde Cortina y sus amigos "solían regirse por costumbres orientales como el uso de pantuflas, la quema de inciensos y la búsqueda de reposo para el cuerpo y el alma".

Tras sufrir los embates de la naturaleza y el paso del tiempo, ese insigne paraje, declarado Parque Nacional, recuperará muchos de sus encantos, moldeados por los lugareños y la añoranza de emigrantes asiáticos. (PL)

 

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