Crisis sin salida del capitalismo

RAÚL VALDÉS VIVÓ

En todas partes el tema principal, dictado por el sentido del momento histórico, es la crisis global.

Por doquier ha comenzado el debate entre dos grandes participantes: los partidarios del capitalismo, que atribuyen la crisis a la mala gestión de banqueros y gobiernos, lo cual piensan superar, y los opuestos al capitalismo, que la vinculan a su existencia misma. Entre los segundos hay quienes piensan que es la última de las crisis cíclicas del moderno sistema de explotación, que acabará venciéndola y que incluso lo fortalecerá, no obstante su extrema gravedad, como en 1929, y los que apreciamos que es la crisis integral y final de ese sistema y que el único modo de salir de ella es establecer el modo de producción comunista, cuyo primer momento es el socialismo, al cabo de una vía no capitalista de desarrollo.

Con Fidel, comprendemos que el nombre es lo de menos, y cada pueblo le dará a la sociedad que sustituya históricamente al capitalismo, el que crea conveniente.

La crisis cíclica existe pero está incrustada en el afán demencial de hegemonía de Estados Unidos, vislumbrado por Bolívar y combatido por Martí, a imponer con una moneda que acabará siendo repudiada en todas partes, y con bayonetas y tanques que pueden matar pero no vencer.

La crisis del capitalismo es integral por abarcar la crisis financiera, la crisis real cíclica, la crisis energética, la crisis del sector alimentario, la crisis ecológica, la crisis de la agresiva política exterior imperialista, la crisis ideológica, la crisis moral, la crisis de gobernabilidad, la crisis del consumismo desenfrenado, la crisis de su Economía Política que mezcla neoliberalismo y recetas de Keynes, antes desechadas. Desde que estas crisis se hicieron una sola, querer examinarlas por separado es el más grave error.

El proceso histórico presenta muchas crisis, que son resueltas.

Pero, lo que ocurrió en la historia, ya no tiene que ocurrir, justamente por las muchas veces que sucedió.

Objetivamente el régimen burgués está agotado. Por supuesto, en cualquier proceso histórico en el fondo está la economía, pero ese proceso no es exclusivamente económico sino social. Más que ningún otro acontecimiento las crisis abren conciencias y voluntades. De las grandes crisis salen las grandes soluciones, enseña Fidel, y así ha sido y será.

Es indiscutible que todo cambio en Estados Unidos exigirá grandes luchas, como la de los mártires de Chicago o la rebeldía por los Derechos Civiles de los negros o la lucha de estudiantes, artistas, negros, todo el pueblo de Estados Unidos, que aceleró la victoria de Vietnam heroico, dispuesto a perecer antes que rendirse.

El desempleo masivo, la quiebra de un negocio tras otro, la lucha por sobrevivir, el fin de la ilusión de que cada generación vivirá mejor que la anterior, el miedo a todo, no dejarán de empujar los acontecimientos. Y es seguro que los multimillonarios, con el pretexto del terrorismo, llegarán a sembrar el terror dentro de Estados Unidos. Por eso defienden la tortura, el espionaje telefónico, esa fascista Acta Patriótica.

Hay que reconocer que EE.UU. y otras potencias pueden lograr cierta estabilidad con audaces medidas, pero ellas no son las propuestas por George W. Bush y Barack Obama.

Se trataría de tomar medidas contra las fortunas de los ricos, echando abajo ese Robin Hood al revés, que roba a los pobres para enriquecer más a los ricos, si acaso repartiendo algunas migajas a los primeros.

Pero dicha estabilidad sería transitoria, salvo que se produzcan cambios realmente grandes y permanentes, ajenos a los programas de los dos partidos de la clase dominante de Estados Unidos, que siempre se hacen uno solo en la estrategia imperialista. Así sea honesto y sincero —lo dijo Raúl— es poco lo que pueda hacer Obama. Bueno que quiera salir del infierno de Iraq, malo que busque enviar tres brigadas de combate a Afganistán.

El capital aprecia a los trabajadores como compradores, a los que dicta sus gustos con la industria de los anuncios, pero los esquilma en tanto que vendedores de su fuerza de trabajo, única fuente del valor. Lo que les roba en cada jornada sin darles nada a cambio, se va acumulando y provoca las crisis cíclicas. Hasta llegar la actual dentro de otras y ninguna tiene salida.

El capital no es tanto la ganancia, como el ansia insaciable de acrecentarla. Por ello surgió y no podrá desaparecer, como soñó Keynes, la especulación financiera, que deja de lado los medios de producción para apostar al precio de sus títulos de propiedad y también especula con otros elementos de liquidez, siendo el más líquido de todos, el propio dinero. Es el preferido en liquidar ganancias, salarios, impuestos, deudas, y mide los otros elementos de liquidez. Más que Rey, el dinero es el Dios del capitalismo.

La especulación creó las compras a futuro, los derivados, los paquetes financieros de liquidez, que entremezclan monedas, bonos y otros instrumentos de créditos, y las famosas hipotecas subprime, con lo cual traslada la crisis hipotecaria al exterior. Los bancos prestaban a cualquiera, sabiendo que no podrían pagar, para tener esos documentos como títulos de valor. Millones han perdido sus casas al subir la tasa de interés y también se desvalorizan las ya pagadas, porque sobran las casas.

Los sabios burgueses que tanto negaban la posibilidad de la crisis ahora dicen que en cinco años será superada, pero se refieren solo a una economía real hipotética, desligada de la crisis de las hipotecas, del déficit fiscal y el comercial, de la drogadicción que abarca al 10% de la población, de la violencia que lleva a que Estados Unidos tenga más presos comunes que el resto del planeta, de la crisis migratoria con 12 millones de ilegales, de la crisis ética y estafas como la de Madoff, quien presidió el índice Nasdaq, y del gobernador que pone a subasta el cargo de senador que ocupaba Obama.

También es serio error olvidar que la doctrina de Keynes, cuyo rasgo fue aspirar a que el capitalismo se colocara en la posición de la demanda y dejara la tradicional posición de la oferta, algo imposible, no evitó la crisis del capitalismo, o se habría mantenido por las clases dominantes capitalistas. Es inexacto decir que Keynes utiliza el Estado para regular la economía y el neoliberalismo lo rechaza de modo absoluto.

En todas las Economías Políticas burguesas, incluso la neoliberal, el Estado es el fabricante de la mercancía que mide el valor del trabajo encerrado en las demás y permite su intercambio. En realidad no es el intercambio de productos sino de trabajos. El interés es el precio de esa mercancía. Si lo determinante en cualquier sistema social es el empleo, porque solo del trabajo salen los bienes y servicios de la economía real, en el capitalismo eso se deja de lado y lo más importante, en verdad lo único que importa, es el dinero.

Los medios masivos del imperio quieren hacer creer que Estados Unidos puede imprimir más dinero para pagar sus deudas, originadas en vivir bien a costa de los demás y en guerras, tipo Vietnam, que crean el desbalance fiscal, y seguir viviendo por encima de su trabajo nacional, recibiendo un 6% más que su PIB, lo que significa que el resto del mundo entrega ese monto.

Y cuidado, podrán llegar a la hiperinflación, por valer cada vez menos su moneda. Pasa igual que con las fusiones entre monopolios. Son remedios, no soluciones.

Los anuncios de Obama de inversiones para rescatar la industria del automóvil y otros sectores, aunque reanimen los mercados bursátiles, no significan salidas reales. El proteccionismo de una potencia imperialista lleva a lo mismo a sus rivales. El caos económico, condición de las crisis del capitalismo, no hará sino acrecentarse. Mientras exista la plusvalía, o sea, el capitalismo, la producción aplastará al mercado, a la larga o a la corta.

Creer que pueda salir de crisis tan descomunal, es creer eterno el régimen burgués, yendo de crisis en crisis siempre con solución.

El pleno empleo debía ser el ideal del capitalismo, pero crea desempleo mediante el desarrollo tecnológico, el cual monopolio alguno puede abolir porque lo usaría su rival.

En diciembre último la tasa de desempleo llegó en Estados Unidos al 7.2%, el mayor en 16 años. Y en el mundo se perderán al menos 25 millones de empleos en poco tiempo.

En el examen entre las dos apreciaciones que tenemos los revolucionarios: crisis cíclica o crisis sin salida, deciden, no las citas de los teóricos, sino la práctica, y ella aprecia cómo ninguna de las crisis del sistema pueden resolverse.

Combatiente alguno contra el capitalismo cae en la utopía de pensar en su caída automática, sino mediante la lucha más llena de contradicciones, avances y derrotas y más difícil jamás librada por el género humano, que de no vencer en plazo históricamente breve, acabará desapareciendo.

Con la reducción mundial de la demanda de dólares de Estados Unidos, imprimir más "papelitos", como enseña Fidel, es una locura, sencillamente un callejón sin salida.

Y vienen golpes nuevos a quien se tambalea en las cuerdas:

1. Kuwait estudia desligarse del dólar, iniciando la estampida en el seno de la OPEC, la poderosa agrupación productora de petróleo, y Rusia organiza otra para el gas, en medio de su choque con Ucrania, a la que acusa de robar el que envía a Europa.

2. Otras bolsas de valores habrán de apoderarse de activos norteamericanos, que se abaratan, y sus países tendrán necesidad de comprar menos dólares.

3. Más y más países comercian de hecho con el trueque o "barter": Argentina y Brasil, China y Rusia, y los dólares ya nada pintan.

4. Los países de Nuestra América acabarán teniendo su propia moneda.

A la pregunta de cómo hacer la transformación socialista en Estados Unidos, nadie puede responder. Pero la verdadera pregunta es cómo van a mantener allí el capitalismo.

 

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