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Nicolás Guillén y los cincuenta de La paloma de
vuelo popular NANCY
MOREJÓN
Hace
medio siglo Nicolás Guillén echó a volar uno de los poemarios
esenciales a su voz y a la historia de la poesía en lengua
castellana: La paloma de vuelo popular (1958), que sobre todo
incluía poemas escritos entre 1953 y 1959 durante su fértil y a la
vez desgarrador exilio europeo. Nacido un 10 de julio de 1902, nunca
estuvo Guillén más cerca de sus temas entrañables que en aquella
distancia donde se imponían, como señal de identidad, su amor a Cuba
y su inquebrantable faena en favor de nuestra independencia y de las
causas más nobles de una época. Para Ángel Augier, decano de los
escritores cubanos vivos, este libro refleja su "angustia vitalicia
por el destino de su tierra y el combate constante contra el
imperialismo". Esa fue tal vez la razón por la cual existieron
varias ediciones de La paloma... a las que se sumaron las
célebres elegías de Guillén. Esta página no existe para valorar el
esplendor de esta paloma sino para traer a este momento, su alto y
hermoso vuelo de latitud en latitud mostrando inmortales claves a
favor de la paz. La paz de esa paloma era el emblema incuestionable
de un firme movimiento intelectual contra la guerra, contra el
fascismo, contra la opresión, como una sublevación creciente contra
el asesinato del poeta granadino Federico García Lorca, a mediados
de los años treinta. La paloma de Guillén se posó sobre infinitos
valores morales cada día más vigentes en el mundo actual. Con sumo
gusto, degusté la famosa Epístola escrita en París para las
hermanas Ángela y Flora Díaz Parrado, en el suculento valor
nostálgico de su expresión cuya resonancia llamaba al ser espiritual
de los cubanos. Como bien reclamaba su autor vislumbrando desde
entonces la esencia misma de la nación cubana, que es en sí misma
esa paloma de vuelo popular posada en su verde ramo y "en el aire
sin dueño". A cincuenta años, aplaudimos su vuelo. |
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